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7 de marzo

06/03/2010 19:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estas lágrimas van dedicadas a quienes no pudieron llegar a ser niños, ni a ser adolescentes, ni a tener pareja, ni a casarse, ni a ser padres, ni a sentir la alegría de sus nietos. Esos niños no nacieron. ¿Por qué se permite el aborto?

Transitas despacio. El mundo se muestra ovalado a tu alrededor. Tus ojos distorsionan la luz que gira y se enreda entre tus brazos y tus piernas. Tu voz se desvanece. No tiembles, mi niño, no tiembles. Estoy aquí. Te veo desde lejos. Observo tus ojos clavados en las estrellas. Interrumpo tus lágrimas con un suspiro. Por Dios. ¿Sigues ahí? Siete de marzo. Y pasan las horas arqueadas en puentes de arena que cruzan el tiempo. Te llamo, viajo sobrecogido al siete de marzo. El balcón no está tan lejos. Te has sentado en una cama de paja. Juegas a pegar cada espiga con el almidón y tiemblas, tiemblas, como yo al observarte desde tan lejos ya.

Eras un niño más en el jardín. Han mutado tus zapatillas en zapatos brillantes. Ha brotado el asfalto en tu campo de amapolas. Ahora no son, pequeño, las ortigas, las que provocan tu urticaria. Las espinas clavadas han crecido contigo. Y no me derrito, aunque día a día mi vida se disuelva y mi voz se repita y mis sueños crepiten contigo en este viaje eterno al pasado. ¿Has crecido? Siete de marzo.

Tu abuelo te miraba con sus ojos azules. Su bigote sonreía, sus dunas en la piel eran recorridas por tus dedos infantiles. Abuelo, decías paciente mientras retirabas con un trapo húmedo el reseco rezumar de su agonía. Abuelo. Él respondía, Paquito. ¿Y si retornas allí? Ahora sales a la calle y rascas tu piel, los años no te dejan dormir, porque el mundo sigue igual; grita, ríe y atropella tu silencio de la misma forma que en aquellos días en los que tratabas de consolar a quien sabía llegada su hora. No lo deseas así. Eras un niño que empezaba a vivir. Abuelo. ¿Me escuchas todavía? Aún recuerdo tu amor. Lo guardo en mi cómoda y rezo por ti en la penumbra. Sigo siendo aquel niño que caminaba solo mientras el resto adelantaba fugaz. Soy aquel muchacho que lloraba abrazado a tu mano y te rogaba, sonríe, no cuelgues tu traje, quítate la bata, sal, mírame, yo sí puedo salvarte. ¿Por qué habrías de dejarme tan pronto, abuelo?

Siete de marzo. Mi sombra sigue tras de mí. Mis queridos padres habitan tan lejos ahora. A pesar de todo, hoy amo tanto como tú, abuelo. El viento frota mi frente y repican las campanas del deshielo. Voy a ser padre. Una niña ha de nacer. Esa niña tendrá en mis padres el regalo que tú me brindaste. No temo sufrir los golpes de la incomprensión. Ya la padecí antes. No temo llorar en la ventana, en la calle, en el trabajo, en la oscuridad, llorar por ti, por mis padres, por mi mujer, por mi hija, porque la vida se abre camino... abuelo. Este siete de marzo late mi corazón como aquél que te arrancó la vida. Moriste con dignidad. Rodeado de los tuyos, tras una vida plena. Pudiste crear una familia, plantar un árbol, montar a caballo, escribir un libro y hacer reír a tus niñas preciosas. Así ha de ser. Dios lo sabe. Que un hombre jamás debería arrebatarle la vida a otro hombre. Que la humanidad se defiende protegiendo los más débiles.

Mi querido abuelo Evelio. Este siete de marzo mi mujer y yo saldremos a la calle para reivindicar el derecho a la vida. ¿No te resulta paradójico?

Mi querido abuelo Evelio. Este siete de marzo mi mujer y yo saldremos a la calle para reivindicar el derecho a la vida. ¿No te resulta paradójico? Mis lágrimas albergarán la misma rabia que aquella noche en la que nos abandonaste. Porque todos los seres humanos habrían de poder recibir el homenaje de sus nietos, porque nadie habría de poder negar nuestra existencia. Estas lágrimas van dedicadas a quienes no pudieron llegar a ser niños, ni a ser adolescentes, ni a tener pareja, ni a casarse, ni a ser padres, ni a sentir la alegría de sus nietos. Esos niños no nacieron. ¿Por qué se permite el aborto? Porque están secando nuestro amor más rápido de lo que lo haría nuestra vejez.

No podía tratarse de otro día, ni otro momento, abuelo. Suenan notas de sal, parpadean los cometas, renace la esperanza. Las fechas mutan. Un siete de marzo puede recordar un día el dolor ante la muerte para, inesperadamente, transformarse en un homenaje a la vida. Mil novecientos noventa y seis. Dos mil diez. Saldremos a la calle para seguir el ejemplo de nuestros padres, de nuestras familias, de las que tú fuiste parte original. Otro homenaje. Soy yo, abuelo. No temas por nosotros. Somos fuertes. Grita desde allí arriba, porque España sigue viva.

Paco Bono

Más en mi blog http://www.pacobono.com

Dedicado a mis padres, a mi mujer, a mis hermanos, a mis primos, tíos y amigos a los que tanto quiero. Homenaje prenatal de mi hija a todos los niños que han de nacer. Desde ella, en mí, por vosotros.


Sobre esta noticia

Autor:
Paco Bono (52 noticias)
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2018
Tipo:
Opinión
Licencia:
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