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El ‘ acto juramentado’

13/02/2011 20:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"¡Qué grandes hombres de estercolero todos los grandes hombres de la época! ¿Es que los hombres, como las hortalizas, necesitan el fiemo para crecer y desarrollarse? – pensaba. ¿Es que las sociedades honestas y virtuosas no producirían más que hombres mediocres?". Pío Baroja. El amor, el dandismo y la intriga.

Tenemos que volvernos a la Revolución Francesa y a su introducción del nuevo "hombre religioso" para entender lo que está pasando en España: no olvidemos que España vivió la invasión de los "misioneros franceses de Napoleón" en 1808 y que con el tiempo han, prácticamente, triunfado a todos los niveles en todas las estructuras. Son los propios "revolucionarios" franceses los que exigen un "acto juramentado" a sus propios conciudadanos para ocupar un puesto en el "nuevo orden": la nueva Constitución se va "imponiendo" y a los que no la juran se les llama "no-juramentados"; estos "no-juramentados" van a sufrir los "rigores" de los "juramentados" los cuales, en nombre de la libertad, imponen, prohíben y persiguen sus consignas con unos métodos que empiezan en "La Vendée" y acaban en Rusia y España; y aunque después vengan "Borodino" y "Bailén" la semilla del "juramento" estaba plantada.

Los misioneros anunciaban un "hombre nuevo" que encontraría su acomodo en unas nuevas estructuras, que poco a poco irían anulando las "viejas estructuras"; los "profetas" de ese hombre nuevo pronto aparecieron, pero también aparecieron "profetas" de nuevas estructuras a las que se llamó "Estado": así, al hombre nuevo se le buscó acomodo en el Estado, y si no estaba en el Estado es que no era hombre nuevo; este hombre nuevo y este Estado estaban cargados de moral y eran ellos los que impartirían la justicia y el bienestar a todos los hombres, y de ellos habrían de salir los nuevos "misioneros" que anunciaran "la buena nueva" del hombre nuevo y de las estructuras nuevas.

Pero no sólo lo anunciaban, sino que lo exigían: las nuevas estructuras tenían que estar dirigidas por "nuevos hombres", que aunque habían nacido en las viejas estructuras, debían de "jurar" su pleitesía al "nuevo Estado", anunciador de todas las bondades. Aún faltaba tiempo para aquello de "todo dentro del Estado y nada fuera del Estado", pero poco a poco se iba imponiendo la nueva forma de ver y de hacer las cosas.

Prácticamente en España se ha impuesto, durante todo el siglo XX este nuevo Estado que funciona como una "religión", quizás porque en España, desde Teodosio, no tenemos otra forma de ver las cosas sino es desde la sacralización de las estructuras. Así, aun hoy día se sigue "exigiendo" un acto juramentado para "entrar" en el Estado al cual, para más sarcasmo, se le llama público: es decir, que lo público en España viene definido por un "acto juramentado"; o sea, a algo "privado" se le llama "público", y lo peor es que nos quedamos tan "frescos", pues todos lo aceptamos como si fuese lo más normal del mundo.

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Cuando uno estudia una carrera universitaria, o hace un curso en un colegio, donde se es examinado por catedráticos o por personal competente, no se considera válido, sino que ha de pasar por el "acto juramentado" para "entrar" en lo público, aunque quien te examine no esté preparado para ello o no sea competente: el problema es que ya lo consideramos como "normal"; o sea, que lo importante en este país no es el "esfuerzo" realizado en una universidad, en un colegio, en una academia, en un instituto, en una escuela profesional, sino que lo importante es el "acto juramentado" que se realiza ante un "tribunal especial" cuya única preparación es la de ser fiel al "Estado": una vez pasado ese "examen", a dicha persona se le concede un "estatus" que le permite estar por encima del resto de los españoles.

Estas personas no sólo se consideran "servidores" del Estado, sino que, también, se consideran con capacidad para "juzgar" a otros españoles, siendo así que la "inquisición", como tribunal, desapareció en 1834. Previamente se ha considerado que lo público está radicado en ese "ente" abstracto que no responde a nada sino a proyecciones psicológicas en las cuales se vierte la idea de justicia, de paz, de igualdad, etc. Y de él se pretende hacer emanar el nuevo hombre, que ha de ser forjado y formado por quien ha "aprobado" dicho examen, dándolo el título de "ciudadano", cuyo origen es totalmente religioso: tanto en la Roma clásica como en la Europa medieval.

Estamos viendo a la España actual "atascada", porque todos estos "actos juramentados" han permitido que accedan al "poder" los mediocres; y todos los que se han esforzado están "anatematizados" del sistema que hemos heredado en España y que seguimos manteniendo. O hacemos desaparecer este "acto juramentado" o todos aquellos que se esfuercen y trabajen con rigor sólo les quedará la salida de buscar su futuro en sociedades donde no exista dicho "acto juramentado", como de hecho está ocurriendo en los países de nuestro entorno democrático.

La opción de la Señora Merkel de ofrecer trabajo a los jóvenes que se hayan esforzado hará que en España se queden los "jóvenes llenos de ínfulas ideológicas" del signo que fuere, con lo que España quedará, en una generación, "descerebrada" y la calle será la dueña de la realidad social: con las voces de la calle ni se crean estructuras ni se solucionan los problemas: sólo nos quedamos sordos de tanto gritar, mientras que los que en silencio trabajen tendrán que irse a otras sociedades en busca de mejor fortuna.

Antonio Fidalgo

Secretario de cultura del CDS


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