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El aborto convertido en derecho

02/01/2010 14:37 3 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: José Luis Valladares

La testarudez y el capricho malvado de un Gobierno y un partido, carentes de ideas de mayor alcance, sacan a flote el proyecto de Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, que pasa ahora al Senado. Proyecto defendido con todo ardor por unas mujeres que nunca fueron madres y que desconocen lo que significa y representa la maternidad.

El pasar de una simple despenalización del aborto en algunos supuestos, a convertirlo ahora en un derecho exclusivo de la mujer, supone un paso demasiado macabro. Nos dice Carmen Montón que esta ley respeta "el derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad" y da cumplimiento a "una histórica reivindicación" de las feministas. Y esta ponente del PSOE quiere hacernos ver que se trata de todo un avance social, de los difíciles de lograr por concernir a los derechos de las mujeres. Y, como de perdidos al rio, agrega entusiasmada: "hoy me siento orgullosa de vivir en este tiempo y en este país, con un Gobierno comprometido con la igualdad".

Más que de un avance social, se trata de una regresión a un pasado muy lejano, donde tales hechos podían ser disculpables. Hoy día es plenamente censurable ese falso progresismo que nos lleva a dejar de ser humanos y a revolcarnos en todo un lodazal que huele a muerte y a descomposición. Hacemos buenos a los espartanos que se deshacían de los bebés que venían a este mundo con alguna tara física. De acuerdo con las leyes implantadas por Licurgo, cuando en Esparta nacía un niño, un consejo de ancianos lo examinaba detenidamente. Si lo encontraban con algún defecto o débil de complexión que lo incapacitara para ser un buen soldado, lo llevaban a lo más alto del monte Taigeto y, desde la cumbre, de unos 2400 metros de altura, los despeñaban sin piedad.

Estas leyes por las que se regían los espartanos eran claramente muy severas y arbitrarias, pero no tanto como la que tratan de imponernos ahora desde el Gobierno socialista. Los espartanos, al menos, esperaban a que nacieran los niños y solamente eliminaban a los que venían al mundo con algún defecto que les impidiera formar parte de la milicia. La que nos impone ahora el Gobierno va mucho más lejos y faculta a las mujeres para que pongan fin a la vida de los bebés en gestación de manera indiscriminada, estén sanos o no. Un asesinato en toda regla de niños inocentes dentro del seno de su madre. Todo un vergonzoso holocausto, que se lleva a cabo con la anuencia obscena del Gobierno y con el incondicional apoyo de los socialistas.

La ministra Bibiana Aido, felicitada efusivamente por las demás ministras de cuota, ha dejado su huella personal en tan macabro proyecto de ley. La ministra de Igualdad, tan menguada de luces, concibe el aborto como un simple anticonceptivo más y, por lo tanto, lo convierte frívolamente en una mera solución rutinaria sin importancia alguna. Llegó a compararlo con una simple operación de estética, algo así como variar el volumen de los pechos.

Según nos recuerda el Deuteronomio, Javhe dice al pueblo judío, una y otra vez, "recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto", para que entre ellos no hubiera esclavos. Parafraseando esta recomendación de Javhe, habrá que recordar a Bibiana Aido y a todas y a todos los partidarios de la nueva ley del aborto, que también ellos fueron fetos durante una etapa de su vida y que nadie cortó su iniciada trayectoria vital. Pero este argumento antropológico, tan positivo entre los judíos llegados a la Tierra Prometida, quizás no surta efecto alguno entre estos nuevos Herodes, que se creen con derecho a disponer de la vida de tanto inocente. Están tan embebidos en la cultura de la muerte, tienen tan embotada su inteligencia y son tan inhumanos que piensan que el aborto, es por sí mismo, la respuesta adecuada y definitiva a las aspiraciones de tanta feminista desaprensiva.

Criticamos hoy con dureza extrema los crímenes del nazismo, las purgas feroces del comunismo y hasta las represiones tan habituales en cualquier país, después de una guerra. Lo mismo harán con nuestra sociedad las generaciones futuras, ya que el aborto es una atrocidad monstruosa, cometida además contra los seres humanos más inocentes y más indefensos. Se trata, por lo tanto, de un crimen, de un asesinato en toda regla, que repugna a la inteligencia y al más elemental sentir humano. El aborto voluntario, diga lo que diga la nueva ley, es un auténtico genocidio que, algún día, tendremos que lamentar.

Es una patraña insidiosa la afirmación de Gaspar Llamazares de que "los que están en contra de la reforma quieren volver a los tiempos del silencio y de la represión donde había más interrupciones y represión de las libertades". Entonces, para ser plenamente libres, habría que legalizar el asesinato para que cada uno pudiera dar muerte a todo aquel que le estorbe o le incomode.

Los promotores de semejante ley saben que la mayoría de los profesionales de la medicina rechazan el aborto voluntario. Lo rechazan, en primer lugar, porque va contra el derecho más elemental de las personas, el derecho a nacer y a vivir. Y lo rechazan, también, por el hecho evidente de que su profesión está al servicio de la salud y de la vida, no de la muerte. El famoso juramento hipocrático, además de exigir rectitud, es muy claro al respecto: "No me avendré a pretensiones que afecten a la administración de venenos, ni persuadiré a persona alguna con sugestiones de esa especie; me abstendré igualmente de suministrar a mujeres embarazadas pesarios o abortivos". Para prevenir cualquier eventualidad derivada de la objeción de conciencia, la ley no les reconoce el derecho a objetar, ni ampara la confidencialidad de los que adopten tan valiente decisión, ni garantiza el resto de sus derechos profesionales.

Como dijo recientemente Benedicto XVI, "Es compromiso de todos acoger la vida humana como don que se debe respetar, tutelar y promover, mucho más cuando es frágil y necesita atención y cuidados, sea antes del nacimiento, sea en su fase terminal". Frase que no puede ser más acertada, ya que ese respeto y tutela que debemos a todas las personas se fundamenta, no en una religión determinada, sino en la propia humanidad. Por lo tanto el aborto no es un problema exclusivo de los cristianos en general, ni de los católicos en particular. Son muchos los que no comparten la fe católica, ni se consideran cristianos y están, abierta y decididamente, contra el aborto.

Si somos católicos, debemos ser aún más exquisitos en la defensa de la vida y de cualquier derecho humano. Es de cobardes confesarse católicos y avalar con su voto tan aberrante ley. Los que hacen esto, como es el caso de José Bono y de José Blanco, demuestran ser católicos de alpargata o de pacotilla, que tanto más da. Les importa bastante más el comedero público que la religión y que la vida de otras personas.

Es alucinante que los diputados del PNV, que presumen de pertenecer a un partido católico y vaticanista, se hayan adherido a tan cínico proyecto de ley y, encima, lo consideren un acto de valentía. Quizás se hayan vuelto amnésicos y no recuerdan ya sus orígenes. "El PNV, en un acto de valentía, decidió implicarse en este aspecto y no cerrar los ojos ante el problema del aborto. Nuestra participación no traiciona nuestro sentido humanista de la política", dijo Joseba Aguirretxea. Y defendió el apoyo de su grupo al aberrante dictamen sobre el aborto, para que dicha ley sea "más humana, más cercana y responsable" que la anterior.

El derecho a la vida, defendido claramente en el artículo 15 de nuestra Constitución, presupone el derecho a nacer. Esta es la redacción de ese artículo: "Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a torturas ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte". En realidad, la Constitución Española copia prácticamente al pie de la letra, lo que dice al respecto la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y es obligación del Estado proteger y garantizar todos esos derechos fundamentales, que ahora quieren conculcar.

La Declaración Universal de los Derechos del Niño no deja lugar a dudas. Hay afirmaciones rotundas a este respecto en el preámbulo: "Considerando que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidados especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento". Y se insiste: "el niño necesita protección jurídica adecuada, tanto antes como después de nacer". Es el titular de una serie de derechos inalienables e irrenunciables, que debemos respetar. Hasta en la Antigua Roma, donde se acuñó el concepto de nasciturus, el no nacido era considerado ya un bien jurídico. Tal es así que, si una mujer embarazada era condenada a muerte, se posponía la ejecución hasta el nacimiento del hijo.

Es de lamentar que las personas que, por sus creencias, debieran oponerse a este suicidio demográfico generalizado entre nosotros, hayan contribuido con su voto positivo a convertir en derecho lo que es un claro delito, esté penalizado o no. Tratan de justificar su actuación y de acallar su conciencia con la falsa suposición de que, con esta nueva ley, va a disminuir la práctica del aborto. Saben de sobra que va a aumentar considerablemente, pero les falta el coraje y el valor necesario para reconocerlo. Ya que no fueron valientes para oponerse a esa reforma criminal, al menos que se callen y que no busquen disculpas absurdas.

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Sarahemodialisis (30/01/2010)

Hojala si tienes hijas a ninguna la violen,y ella quiera interrumpir el embarazo,yo no me considero feminista pero me alegra que la ley me permita decidir si quiero o no quiero tener ese niño,pues igual mi situacion no es la adecuada para traer una criatura a este mundo,por lo que NO ESTOI NADA DE ACUERDO CON USTED.

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Sarahemodialisis (30/01/2010)

Y es más si yo respeto tú opinión porque tú no respetas las decisiones de las mujeres que quieran abortar,estamos en una democracia y cada uno es libre de hacer lo que quiera dentro de la ley al igual que tambien teneis derecho los que no quereis abortar,respetarnos a las que decidamos abortar.

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Gilwellian (03/02/2010)

Pues a Esparta seguro que les iba infinitamente mejor que a nosotros. El único problema de abortar o no son las memeces y dogmas procedentes de las religiones judeo-cristiano-islámico y su sexismo que todavía influyen en el s.XXI pese a su vergonzante anacronismo.