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Abstenerse del sexo es como abstenerse de respirar

27/10/2009 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hasta la más ortodoxa o fundamentalista; liberal o progresista, de las éticas y las morales—laica o religiosa—sería ridiculizada si afirma que la naturaleza o el, la o los dioses crearon a los seres humanos sin órganos sexuales—o como simples “adornos” sin ningún uso o fin útil o necesario

Hasta la más ortodoxa o fundamentalista; liberal o progresista, de las éticas y las morales—laica o religiosa—sería ridiculizada si afirma que la naturaleza o el, la o los dioses crearon a los seres humanos sin órganos sexuales—o como simples “adornos” sin ningún uso o fin útil o necesario. Otra cosa muy distinta es la de promover la ignorancia sobre la biología, la fisiología, las afecciones, la higiene, las consecuencias físicas, mentales—y culturales y sociales—de usar o no usar los órganos sexuales humanos—que además de existir como órganos para la reproducción, traen incorporados sistemas para la excreción de líquidos residuales que no sólo expulsan del cuerpo sustancias que no le son de utilidad, así como sustancias tóxicas y hasta algunas benignas; pero ingeridas; o producidas por el propio cuerpo, en exceso, que de no expulsarse por la uretra podrían causarnos daño o simplemente ocupar un espacio que debería estar disponible para otras cosas que si nos son útiles o vitales.

Adicionalmente, los órganos sexuales existen para manifestar a la pareja de cada quien, uno de los más preciados sentimientos de los que somos capaces de experimentar los seres humanos: amor.

Biológica y fisiológicamente hablando, los órganos sexuales son tan indispensables como los de los sentidos sensoriales (vista, oído, olfato, gusto y tacto), en el sentido de que si deliberadamente decidimos no usarlos, nos provocaremos consecuencias negativas—físicas, mentales, sociales y culturales—y hasta podríamos atrofiar a estos vitales órganos.

Otra cosa muy distinta es la de subestimar las consecuencias de usar—o no usar—nuestros órganos sexuales sin tomar en cuenta los riesgos higiénicos, sanitarios, físicos, mentales, sociales y culturales que ello implica; especialmente una vez que hemos alcanzado la pubertad [convertirnos; biológicamente, en mujeres u hombres adultos—aunque esta realidad no coincida con las definiciones legales, sociales o culturales de adultez].

Adicionalmente; aunque existen tradiciones y costumbres sociales y culturales que bien valen todo esfuerzo por mantenerlas intactas a través de los siglos y los milenios; por ser invaluables patrimonios de nuestra identidad, etnicidad y nacionalidad—esto no hace desaparecer la realidad de que mientras más transcurra el tiempo más arcaicas y primitivas serán; por ejemplo, lo que hoy todas las culturas mejor educadas y culturalmente avanzadas denominan embarazo precoz, fue durante muchos milenios (más de 60) el comportamiento sexual normal y generalmente aceptado por todas las etnias y culturas humanas del planeta—pero hoy; cuando sabemos que el cerebro humano termina de madurar aproximadamente a los 22 años de edad; y que ya no es suficiente saber leer, escribir y sacar cuentas, para ser culto y capaz de cuidar de la vida y el futuro de un recién nacido—o de una niña embarazada—estamos moral, biológica, y sanitariamente obligados a evitarlo—y atender con prontitud y eficacia los casos que por cualquier razón aún ocurran—y la arcaica y primitiva tradición de la abstinencia sexual, no es ninguna de las más adecuadas y eficientes formas de lograrlo.

Ninguna autoridad cultural—laica o religiosa—comenzando por los padres y madres, e incluyendo a los líderes religiosos y políticos—podrá jamás evitar que la llegada de la pubertad haga que los adolescentes se sientan inmensamente atraídos físicamente por otros adolescentes—mayores o menores de edad—y hasta adultos del género opuesto [esto es si nacieron heterosexuales] o indistintamente por hembras y varones [si nacieron bisexuales], o por personas de su mismo género [si nacieron homosexuales o transgénero]—porque tanto la anatomía de los órganos sexuales, como el comportamiento sexual [llamado por políticos y periodistas “orientación sexual”] es determinado por los genes del ADN de cada persona durante el desarrollo del embrión en las trompas de Falopio y el útero maternos.

El comportamiento sexual humano no está restringido a las cuatro categorías mencionadas arriba, sino que es tan individual como las huellas digitales; lo que quiere decir que abarca desde la mojigatería y el celibato, hasta la más extrema de las promiscuidades y perversidades—sin que leyes, creencias ni enseñanzas puedan alterar esta realidad biológica y natural.

La respuesta correcta actual ante la diversidad del comportamiento sexual humano y sus consecuencias, es, primero, la de educar debidamente desde a los niños hasta los expertos en sexología, ginecología, obstetricia y otras profesiones de la salud (mental y física); aprobar leyes que faciliten la creación y eficiente funcionamiento a lo largo del tiempo de instituciones que atiendan debidamente las consecuencias; tanto negativas como positivas, de la sexualidad humana—tanto en niños como en adolescentes y adultos—y especialmente dejar de buscar respuestas “simples, fáciles y sencillas” al muy complejo fenómeno natural de la sexualidad humana, en tradiciones y costumbres arcaicas y primitivas provengan éstas de creencias o textos sagrados, o de tradiciones o leyes laicas.

Por: Carlos Eduardo Ruiz


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Autor:
Loki (13 noticias)
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Reportaje
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