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África vertedero tóxico y nuclear de Europa y Estados Unidos a precios muy asequibles

28/05/2015 12:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aunque Somalia en guerra civil fue la primera en sufrir esa plaga por culpa de Occidente, y desde 1980 todos los países costeros de África, son un vertedero. Es un escándalo que permite a multinacionales hacer beneficios mientras los africanos sufren enfermedades por esas basuras

Productos tóxicos descargados en Abidjan, barriles radioactivos en Somalia: África es un destino privilegiado, barato y discreto, de productos tóxicos procedentes del mundo entero, gracias a un cocktail explosivo que mezcla la pobreza, la corrupción y la democracia desfalleciente o inexistente.

“Nos hablan de mundialización, de aldea global, pero la realidad es que África se ha convertido en la fosa séptica de esa aldea” ha declarado a los medios el célebre militante ecologista senegalés Haidar El Ali, responsable de un centro de buceo en Dakar.

El asunto de los residuos tóxicos descargados en la capital económica marfileña por un barco griego no es más que la última descarga de una serie que ha transformado progresivamente al continente más pobre, en cubo de basura.

La cosa empezó mucho antes del 2.000, de hecho desde los 80, pero se hizo, pública mundialmente, en diciembre de 2004, cuando un tsunami que vino de Indonesia y barrió el Océano Índico hasta las costas somalíes, afectó a contenedores de productos muy tóxicos depositados en la costa norte de Somalia, sumergida desde hace 15 años en la anarquía de una guerra civil.

Consecuencia de las fugas de substancias químicas y radioactivas, aparecieron enfermedades en las poblaciones locales, según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUE).

A finales de los años 80, ciertas empresas europeas se desprendían, a bajo precio, de residuos que contenían uranio, plomo, mercurio y otros residuos industriales. El caos interno en el que se sumergió el país durante 15 años, no ha hecho más que aumentar el problema. Ahora existen los piratas somalíes pero estos imponen un impuesto revolucionario a los barcos occidentales y los demócratas que perdieron la guerra están encantados con los ex enemigos sean piratas o no.

En 1996, el Parlamento europeo había pedido oficialmente a los gobiernos del Reino Unido, Italia y España que repatriara los residuos tóxicos exportados a África del Sur por la multinacional Thor Chemicals Ltd.

El Parlamento recordó que “los centenares de toneladas de residuos de mercurio tóxico habían perjudicado gravemente la salud de la población local y provocado importantes daños al medio ambiente”.

En Camerún, abandonaron unos 5.600 litros de cloro en 2005 en un pueblo de los alrededores de Duala, la capital económica. Las autoridades habían intentado disolver el cloro en el mar, pero la operación se convirtió en drama: murió un soldado y hubo otros diez heridos por una explosión accidental.

El abandonar pura y simplemente los residuos en África es más fácil y cómodo que tratarlos como residuos en los países industrializados, donde además es particularmente caro.

Según la organización francesa de defensa del medio ambiente "Robin des Bois", el tratamiento de residuos se eleva de 300 a 500 euros el metro cúbico en Europa. En África, esa operación cuesta de 6 a 20 veces menos, pues, lo más frecuente, es que no se necesite ni tenga ningún tratamiento especial  ni almacenamiento. La Convención de Basilea, que regula desde 1989 el transporte de residuos, ha intentado sanear el sector, pero el tráfico continúa, siendo el asunto de Abidjan solo la punta del iceberg.

Para poner fin a esas prácticas, “la sociedad civil tiene que ser fuerte. Necesita guardianes, gente preocupada por la protección del medio ambiente”, subrayó El Ali. “Se necesitan centinelas para vigilar grandes zonas. Hay que denunciar lo que pasa, en tiempo real, a nivel de medios de comunicación, gobierno y pueblo. Con frecuencia los que se dedican a eso son ministros corrompidos o facciones que quieren dinero para comprar armas”, prosiguió. “Es un problema de pobreza, falta de democracia y de transparencia. Eso hace que sea posible en numerosos países de África, por desgracia”, se lamentó el militante ecologista.

Desde  que febrero de 2006, la revista “Gorleben Rundschau” publicó una gran denuncia, nada ha cambiado a mejor. Al contrario, la situación en los respectivos países, sobre todo en Somalia, ha empeorado. Los somalíes informan que se sospecha que un 40% de la población padece cáncer. Por eso la red Tlaxcala se  decidió a publicar un texto diciendo toda la verdad. La actual crisis financiera,   que mantiene en vilo al mundo, y la situación de África tienen raíces comunes.

Ambas son expresión de una inhumanidad que nuestro planeta no puede soportar más. Antaño el conocido teólogo y “Abogado de los pobres” Leonardo Boff, que visitó Suiza una vez, dijo en una entrevista: “Una gran parte de la humanidad sabe que no puede seguir por el mismo camino... Vivimos en la crisis profunda de nuestros paradigmas. La forma tradicional de entender nuestro mundo hace tiempo que perdió su sentido. Pero, al mismo tiempo, el otro mundo aún no ha nacido. Para que este proceso pueda  avanzar tenemos que volver a nuestras raíces terrenales.” Y cita a un colega con las palabras siguientes: “Sólo si nos damos la mano como hermanos y hermanas podremos vivir mejor.”   Sigue luego la indicación del pensamiento solidario, una nueva imagen del ser humano, , , “que debe ser siempre libre para los otros, , , que debe mostrarse siempre solidario con los que sufren  junto con otros de buena voluntad que quieren ayudar, se puede edificar una sociedad más justa y fraterna.”

- Redacción de Zeit-Fragen (Tiempo de preguntas).

África todavía no ha logrado dar ningún paso al frente en lo económico. Las crisis políticas internas, atizadas a menudo desde fuera, y las cuantiosas deudas son los dos grilletes que la tienen atada a su pobreza. Por eso África está completamente entregada a los nuevos señores del mundo, dependiente, podría decirse por ellos colonizada. Ahora bien, en comparación con los antiguos colonialistas, que en sus antiguas colonias construyeron al menos unas exiguas infraestructuras, los nuevos señores del mundo no muestran el menor interés por sus colonos..o esclavos. Tan sólo están ocupados en la explotación de las materias primas que consiguen en el conteniente negro y en los mayores beneficios que puedan obtener de sus negocios en el menor tiempo posible.

Uno de estos negocios es la exportación de basura atómica. De este negocios y sus repercusiones en el desarrollo de África nos vamos a ocupar. Ha sido como un trueno en un cielo sereno. Debemos repasar el Protocolo de Kioto sobre la reducción del efecto invernadero y las conclusiones del Día de la protección Civil, publicó el UNEP  (United Nations Environment Programme ), el Programa de la ONU para la protección del medioambiente. Su informe sobre las consecuencias del tsunami del 26 de diciembre de 2004, fue acertado.  Los aproximadamente cien Ministros de Medioambiente  que en 2005 participaron en Nairobi en el Foro Mundial para el Medioambiente del UNEP oyeron atónitos en febrero de 2005 una información inquietante y nueva de la boca de su presidente, Klaus Töpfer:  El tsunami  no sólo había dejado en las costas de Somalia desechos normales sino también nucleares. Muchas personas de las zonas afectadas por el tsunami padecen problemas preocupantes  de salud. Según el informa de UNEP, se trata de infecciones agudas de las vías respiratorias, hemorragias intestinales, reacciones “químicas” atípicas de la piel y muertes repentinas.

Residuos nucleares almacenados a lo largo de la costa

Para muchos participantes, los datos del informe de UNEP  eran inauditos. Pero no para el UNEP. En la página 134 del informe, cuyo título en alemán reza «Nach dem Tsunami – Erste Umwelteinschätzungen» (Después del tsunami – Primeras estimaciones para el medioambiente), se dice que Somalia es uno de los numerosos países subdesarrollados  que desde los años ochenta recibe innumerables cargamentos de residuos nucleares y otros desechos tóxicos y los “almacenan” (los tiran) a lo largo de la cosa. Entre otros, se hallan  uranio, cadmio, plomo y mercurio.  Naturalmente, no faltan las reprimendas para los culpables, sin nombrarlos expresamente. Se trata de una violación de los convenios internacionales sobre la exportación de semejantes desechos a Somalia, y era éticamente cuestionable que pudieran establecerse semejantes convenios con un país sacudido por la guerra civil. La indignación del UNEP  parece justificada. Pero la interrogante se mantiene abierta de que: si desde los años ochenta se dan esos casos, ¿por qué no ha tomado antes el UNEP medidas más enérgicas? Tratándose de un periodo de 25 años, ¿es posible que el UNEP no supiese nada?

“Es imposible hablar con el personal del UNEP tiene en Nairobi. Sus comentarios son: No sabíamos nada, pero desde luego nos ocuparemos de ello”, afirmaron las autoridades del distrito somalí de El Dehere. Según el periodista italiano Massimo Alberizzi,   se hicieron llegar numerosas quejas tanto a la ONU como a la UE, sobre las consecuencias para los seres humanos y el medioambiente del almacenamiento descontrolado de residuos nucleares y tóxicos en Somalia. Hasta ahora nadie se ha movido. Si no se movieron por las quejas de un Estado africano pobre y deshecho, ¿cómo es que se cerraron los ojos  ante el hecho de que en la década de  los ochenta numerosos Estados industriales poderosos  ofrecieran a los gobiernos de los países pobres africanos sumas ingentes por el  almacenamiento de su basura nuclear? Entre los Estados africanos elegidos entonces para este fin  fueron, además de Somalia, también Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Nigeria y Namibia. Las Naciones Unidas no se manifestaron hasta después del escándalo del barco sirio “Zenobia”, que en 1988 transportaba unas 20.000 toneladas de residuos nucleares y durante meses estuvo buscando un puerto para poder descargarlas. En 1989 la ONU convocó la Convención de Basilea para el control de las rutas de los residuos nucleares. Los ecologistas protestaron.

Según ellos, el control de las rutas de la basura atómica no significaba impedir su embarque para el Tercer Mundo. Así ocurrió por primera vez en 1995, cuando a la Convención de Basilea se le añadió un apéndice por el que a los Estados miembros de la Organización para la Cooperación  y el Desarrollo Económico, más conocida por sus siglas inglesas OECD,   se les prohibía exportar residuos tóxicos a cualquier país aunque no perteneciera a la OECD. Pero esta oposición chocó con la oposición de los EE.UU. Washington se negó a firmar el artículo adicional de la Convención de Basilea. Por lo que respecta a otros estados productores de residuos, buscaron rodeos para deshacerse de su basura nuclear. La empresa ODM  de Lugano incluso señalaba en Internet los mejores sitios para el “almacenamiento” de desechos nucleares. Se prefirió la Somalia sacudida por la guerra civil. Parece que  Giorgio Comerio, director de la empresa ODM, ofreció a un tal Ali Mali un millón de dólares para depositar estos residuos en el nordeste de Somalia.

Naturalmente Obiang puso a disposición de todas las grandes multinacionales la isla de Annobón

Dos periodistas italianos, Ilaria Alpi y Miran Hrovatin, intentaron averiguar algo más sobre tales negocios. El 18 de marzo de 1994 llegaron a la ciudad somalí de Bosasso, entrevistaron a un funcionario local y se fueron. El 20 de marzo de ese mismo año, pocas horas antes de que pudieran enviar telefónicamente a la RAI (Gobierno italiano) un informe detallado, fueron asesinados en plena calle en Mogadiscio por un comando desconocido.

Occidente gana miles de millones

Para Massimo Alberizzi, su compañero del «Corriere della Sera», no existe la menor duda: El comercio con los residuos nucleares y otros tóxicos que llegan a Somalia se encuentra en manos del crimen organizado. Pero parecen estar implicados intereses mucho más altos. Massimo Scalia, el presidente de una comisión de investigación del Parlamento italiano, dijo a la agencia Inter Press Service que Italia gana solamente en el comercio de los residuos atómicos siete mil millones de dólares americanos. Tan sólo en el año 2001 se embarcaron para África 600.000 toneladas de desechos nucleares. Somalia no era el único destino. También estaban previstos Zaire, Malawi, Eritrea, Argelia, Mozambique y Guinea Ecuatorial. Dada la envergadura del embarque ilegal de basura atómica desde Europa, el UNEP intentó actuar. Moustapha Tolba, a la sazón director ejecutivo del UNEP, protestó ya en septiembre de 1992 ante los gobiernos italiano y suizo y exigió poner fin a la exportación de residuos a África. El entonces Ministro de Medioambiente italiano, Carlo Ripa de Meana, afirmó que ninguna empresa italiana participaba en semejantes negocios. Y en eso se quedó el asunto.

Los negocios con la basura nuclear continuaron, mientras tanto, a gran escala. Desde Somalia llegaron indicios de que el depósito de residuos nucleares de Obbia estaba custodiado por “soldados extranjeros” y no por la  milicia somalí. Según una fuente  fiable, los franceses y los americanos habían dado luz verde ya en los años ochenta a la construcción de un almacén de residuos nucleares en esta región. También el señor de la guerra somalí, general Morgan, que opera en el sur de Somalia, afirma que varios representantes extranjeros lo habían visitado en Nairobi para comprar su autorización para el depósito de residuos nucleares, lo cual rechazó, según ha dicho repetidas veces.

El silencio del UNEP, organismo medioambiental de las Naciones Unidas

Pero los representantes del lobby nuclear siguieron presionando. Hay afirmaciones, de que ellos fueron los que impidieron el fin de las conversaciones de paz  entre los partidos de la guerra civil somalí. Bajo esta presión se hallaba también el UNEP- Johannes y Germana von Dohnany  afirman en su libro «Schmutzige Geschäfte und Heiliger Krieg.Al-Qaida in Europa» (Los negocios sucios y la guerra santa de Al Qaeda en Europa), publicado en 2002, que el UNEP depende de los medios financieros que proporcionan cada dos años los Estados miembros. Por eso, según ellos, sería demasiado arriesgado enfrentarse abiertamente  a los países industriales que son sus principales financiadores. Es difícil cuestionar esta afirmación.

Cierto, el UNEP ha modificado su actitud sobre el almacenamiento ilegal de residuos nucleares tras el tsunami del 26 de diciembre de 2006, en el sentido de que su informe ha señalado con más claridad que antes la amenaza del equilibrio ecológico y el peligro para los seres humanos mediante el almacenamiento descontrolado de la basura atómica. En efecto, el informe del UNEP se ocupa detalladamente de diversos aspectos de los efectos, especialmente de los residuos lavados en tierra, en los manglares de la costa, los arrecifes de corales, la pesca y el agua subterránea. En cambio, los daños sufridos ya por los seres humanos, algunos ya muertos, apenas se mencionan.

Por lo demás, los autores se quejan  de que no les fue posible investigar la situación in situ.  Esta puede ser también una justificación para las inocuas conclusiones del Informe UNEP, que, prácticamente, sólo se ocupan de los daños al medioambiente y la repercusión  del calentamiento del clima sobre la diversidad biológica de Somalia. La UNEP no ha podido ver nada. ¿Pero qué va a pasar con las víctimas humanas de una actividad comercial sin escrúpulos, movidas exclusivamente por dinero?. De eso nada dice el in forme UNEP. Nada se dice en absoluto de  una condena de los grandes instigadores que, sin el menor escrúpulo, sacrifican seres humanos y se dedican a convertir un país tras otro  y mañana todo un continente, en un depósito de residuos radioactivos. ¿Pero qué se va a hacer si el precio por almacenar los residuos tóxicos cuesta 250 dólares la tonelada en Europa, mientras que en África sólo hay que pagar 2, 5 dólares por la misma cantidad? Por lo demás, esto es lo que se deduce del Informe del UNEP.

Obiang en el negocio de los desechos tóxicos tiene a la isla de Annobón, un paraíso para el vertido

Los países occidentales "siembran" también sus residuos peligrosos en las tierras de la isla de Annobón, uno de los feudos de Teodoro Obiang, gran amigo de España

Los habitantes de Annobón, una isla volcánica de la República de Guinea Ecuatorial, excolonia española tienen siempre puesta su mirada en el horizonte. La aparición de una ballena o de un barco supone el gran acontecimiento que ha marcado hasta hoy la mísera existencia de los 4.000 habitantes de este paraíso de 22 kilómetros cuadrados de superficie perdido en el océano Atlántico. La llegada hace un año a la isla de un destacamento de 12 presos comunes, que se han adueñado de Annobón y subyugado a sus habitantes, ha cambiado el rumbo de su miserable pero tranquila existencia.

En Malabo, a 600 kilómetros de este trozo de tierra de lo que fue la ex colonia española en el África negra, los emigrantes annoboneses relacionan este nuevo azote con un acuerdo por diez años que el presidente Teodoro Obiang ha firmado con diversas empresas para hacerse cargo de 7 millones de toneladas de residuos, se sospecha que se incluyen nucleares, procedentes de la todopoderosa industria occidental. Al parecer, Obiang ya ha percibido 1, 6 millones de dólares por el primer envío de desechos de “todas clases“. Está previsto que cada año los envíos alcancen un total de 720.000 toneladas.

Estas informaciones, que aparecieron en la prensa británica y norteamericana pero no en la española a partir del pasado mayo, eran ya conocidas en medios del Parlamento Europeo. Poco después fueron confirmadas por fuentes oficiosas, aunque el Gobierno de Obiang las consideró calumniosas. Ahora se ha convertido en un caballo de batalla de la oposición guineana.

Los annoboneses aún no lo saben, pero está estipulado que los barcos de la muerte -como se ha bautizado a esos navíos-basureros que deambulan por los mares del mundo con cargas altamente peligrosas- pongan proa hacia Annobón. Por eso, hay quienes piensan que el envío de los presos forma parte de oscuras maniobras para hacer recibir en la isla a los barriles tóxicos. Los annoboneses marginados primero por el dictador Francisco Macías y ahora por el presidente Obiang, expresan abiertamente sus deseos de que Annobón vuelva un día a formar parte del Reino de España y están contra Obiang, aunque coinciden en ese deseo. Por el momento han logrado enviar una petición de auxilio a la oposición exiliada por medio de una carta abierta en la que describen los abusos -robos de sus cosechas y del petróleo, negocio internacional de desechos tóxicos en Annobon, malos tratos -por parte de los presos en esa ahora misteriosa isla. Mientras, las gestiones para el vertido de residuos tóxicos en Annobón siguen adelante, al parecer en muchos frentes. Así, por ejemplo, una pequeña empresa británica que opera en Buckinghamshire, Emvi Tracks, reconoció recientemente que está estudiando las "posibilidades" del proyecto para representar además a muchos países europeos.

Con ello, Guinea Ecuatorial ha entrado a formar parte de un grupo de países africanos - Somalia, Benin, Congo, Guinea Bissau, Gabón, Senegal, Nigeria, Zimbaue, Guinea Conakry y República Sudafricana -que se han convertido en receptores de basuras tóxicas y peligrosas procedentes de los países desarrollados, en muchos casos a pesar suyo. La Organización para la Unidad Africana (OUA) ha denunciado recientemente que al menos diez países africanos ha recibido desechos tóxicos y nucleares procedentes de países industriales de Occidente. El escándalo surgió al descubrirse que un consorcio italo-nigeriano pretendía almacenar de forma ilegal 2.000 toneladas de desechos altamente tóxicos (PCBs) en el puerto nigeriano de Koko. Este caso puso en estado de alerta a distintos organismos internacionales sobre las imprevisibles consecuencias de un tráfico pirata y masivo de desechos tóxicos hacia el Tercer Mundo. Un reciente informe elaborado por la organización internacional ecologista Greenpeace señala que una de las empresas exportadoras de residuos más conocida es Intercontract S.A., de Fribourgo (Suiza). Esta empresa mantiene contactos con industrias norteamericanas y europeas para llevar más de 3, 5 millones de toneladas de residuos hacia Guinea Bissau, que serían enterradas cerca de la frontera con Senegal. Según la organización ecologista, esta empresa ha fletado al menos cinco barcos repletos de desechos tóxicos, procedentes de Italia y con destino final en Koko, en los que estará probablemente el premier Berlusconi.

Al amparo de los atascos creados por el vertiginoso crecimiento de la producción industrial han florecido empresas especializadas en la ardua tarea de deshacer a la industria de sus venenosas basuras. Así, por ejemplo, en la costa oriental de EE.UU. han tomado la iniciativa dos empresas, la Waste Export Management Incorporated, de New Jersey, que ha gestionado la exportación de un millón de toneladas de residuos químicos a Congo, a 31 dólares por tonelada, procedentes de EE.UU., Holanda, Bélgica, España, Luxemburgo y la RFA; y Lindaco, con base en New Jersey y Detroit. El camino utilizado preferentemente por industrias de este tipo consiste en colocar los tóxicos en países del Tercer Mundo, sin importarles lo más mínimo la falta de plantas de seguridad para almacenarlos, de medios para verificar los contenidos de los barriles, o el desconocimiento de los receptores de la incidencia de estos residuos en las personas y en el medio ambiente. Estos comerciantes de tóxicos tan sólo buscan el abaratamiento de los costes; mientras un sistema de incineración o de tratamiento físico-químico de residuos cuesta entre 160 y 1.000 dólares por tonelada -y alcanza incluso los 3.000 dólares la tonelada cuando se trata de residuos altamente venenosos-, con la fórmula expeditiva de enterrarlos o abandonarlos en una isla perdida el coste baja a una media de entre 2, 5 dólares y 40 dólares la tonelada. Las fáciles ganancias obtenidas por los receptores suelen ir a engrosar las cuentas en el extranjero de algunos miembros de Gobiernos corruptos.

Cuando las empresas piratas se suman a un negocio rentable

Greenpeace recoge en su informe la constancia de al menos 62 transportes por barco de residuos tóxicos durante los tres últimos años. La mayor parte de estos fletes tuvieron como destino países de África, Latinoamérica y el Caribe. Un caso reseñable fue el propiciado por las empresas Bauwerk A.G., de Lichtenstein, Ven Santen B.V., de Holanda, y Waste Export Management de EEUU, que pretendían llevar a Congo un millón de toneladas de tóxicos, pero el país africano revocó el permiso. Otra empresa que realizó un contrato fabuloso con Benin para endosarle 5 millones de toneladas de residuos al año fue Sesco Limited, con sede en Gibraltar, a 2, 5 dólares por tonelada.

Estas y otras empresas, como Jelly Wax, de Milán, que utilizan barcos basureros para transportar estos residuos alrededor del mundo, operan en los límites de la legalidad amparadas en un vacío legislativo internacional.

En los últimos meses el Presidente Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial ha firmado varios contratos con la compañía  UK of Buckingshamshire para depositar, para empezar, dos millones de barriles de basura tóxica en la isla de Annobon, y dentro de un tiempo ampliar la cantidad a diez millones de barriles. La isla cubre sólo 23 kms cuadrados con una población de unos 4.000 habitantes.

En vista de los eventuales riesgos para la salud de los isleños y de los países vecinos la (Society of Physicians of Equatorial Guinea) en el exilio (emigrados en general a Alemania), ha querido poner en conocimiento de la Comunidad Internacional, la existencia de ese contrato especialmente del gobierno británico para que prohíba a la compañía UK Buckinghamshire transportar en sus barcos basura tóxica y nuclear a Annobon o cualquier otro punto de Guinea. Una intervención de ese tipo por parte de exiliados guineanos significa para el señor Obiang una intrusión incalificable en los asuntos de Guinea Ecuatorial. Pero es cuestión de defender a personas inocentes contra la arbitrariedad de un dictador.

Firmado: Doctores Luis Ada, Elias Edu, Placido Mba, Samuel Mombe, Manuel Edu y Jose Bochita. Berlin.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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