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Ahora ya, ni talante ni sonrisas

18/10/2010 15:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Está visto que José Luis Rodríguez Zapatero, nuestro presidente del Gobierno, carece del más elemental sentido del ridículo. Si abre la boca, o es para desdecirse de algo que había dicho con anterioridad, o para soltar alguna astracanada absurda que no viene ni a cuento, pero que nos avergüenza a todos los españoles. A veces se siente poeta y entonces, en vez de parecer poético, se vuelve tremendamente patético. Recordemos, por ejemplo, aquel 17 de diciembre, cuando salió en Copenhague con aquello de "La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento".

Todavía resuenan en Nueva York las tremendas carcajadas que, en septiembre de 2008, soltaron los asistentes a la rueda de prensa de Zapatero, cuando anunció que habíamos dejado atrás a la Italia de Berlusconi y que el amigo Sarkozy estaba muy nervioso porque le estábamos dando alcance. A primeros de septiembre pasado, volvió a repetir hazaña en Oslo, donde esbozó su nueva teoría sobre el empleo y el desempleo al afirmar que ‘ Una persona cuando está formándose está trabajando para un país, esto es lo que hemos descubierto de la crisis, que la formación y la innovación es fundamental’ . Y continuó con su soflama: "el paro disminuirá a finales de 2010". Y agregó: tal cómo hemos vivido la crisis, España es el país ideal para ensayar políticas de empleo.

Cada vez que veo en la televisión a Rodríguez Zapatero, afirmando con rotundidez cosas que ni él mismo cree, me recuerda a uno de los personajes más interesantes de la novela titulada "Cándido o el optimismo", escrita por Voltaire. Ese personaje era Pangloss y ejercía de tutor de Cándido, protagonista de la novela. Según Pangloss, vivimos en el mejor de los mundos posibles. Es cierto que, al final de la novela, y después de haber sufrido muchos infortunios, confiesa que ha sufrido muchas desgracias, pero como había mantenido una vez que todo sucedía para bien, sigue manteniéndolo ahora, aunque ya no cree en sus propios argumentos. Y Zapatero hace igual. Comenzó cantando las excelencias de nuestra economía y ahora, a pesar de los resultados adversos que se producen una y otra vez, seguirá confesando que todo va sobre ruedas, que somos los que estamos mejor preparados para afrontar la crisis y otras muchas cosas por el estilo.

No se cansa Zapatero, ni tampoco sus acólitos, de confesar públicamente que ya hemos salido de la crisis económica, que estamos creciendo aunque moderadamente y que este crecimiento será cada vez más importante y, por consiguiente, en muy breve espacio de tiempo comenzaremos a crear empleo. La realidad es muy tozuda y no hace más que desmentir y echar por tierra el aparente optimismo oficial. El repunte abultado del consumo en los pasados meses de mayo y junio, que llevó al Gobierno a batir palmas, ahora vemos que no fue más que un espejismo, ocasionado por la anticipación de compras para evadir la subida del IVA y aprovecharse de las subvenciones para la compra de coches. El mes de julio, y sobre todo agosto y septiembre, nos han devuelto a la cruda realidad.

La economía española está tremendamente ligada al consumo y depende de él de manera muy considerable. Ahí está el dato del segundo trimestre de este año, en el que esa dependencia llegó al 79%, un porcentaje demasiado elevado. Una contracción del consumo reportará con seguridad una contracción de la propia economía. Y ya sabemos cómo va el volumen de ventas, sobre todo el minorista, que está bajo mínimos y no hay visos de que levante cabeza. Y en esto evidentemente tiene parte de culpa la cabezonería del propio Gobierno con la inoportuna subida del IVA y de otros impuestos. Fallamos además en indicadores tan importantes como la productividad y la competitividad industrial. Prácticamente, ya no competimos con casi nadie en Europa.

Nuestro Gobierno, que no ha hecho más que derrochar dinero, se ve ahora obligado a efectuar duros recortes en el gasto público por imposición directa de Bruselas y de Estados Unidos. Hay que reducir, como sea, el abultado déficit público al 6% a finales de 2011, lo que, dadas las circunstancias, no va resultar nada fácil. Para intentarlo, las cuentas del Estado sufrirán un recorte del 7, 9% en el gasto no financiero. Los créditos disponibles para los diversos ministerios también se verán reducidos en un 15, 6%, pasando de 78, 4 millones de euros a solamente 66, 2 millones. Las mismas inversiones reales caerán un 38, 3%, pues de los 9.390 millones de euros bajarán a 5.793 millones. La misma inversión en infraestructuras disminuirá un 29, 6% al pasar de 24, 2 millones a 17 millones. El volumen elevado de dinero destinado a ayudas y subvenciones, previsiblemente, no va a ser tocado.

El Gobierno espera que sea el consumo y las inversiones privadas quienes suplan esos recortes del sector público. Y para paliar el hundimiento notable del esfuerzo inversor en infraestructuras lo fía todo a un complicado programa de inversiones público-privadas, muy difícil de realizar. Piensan en el Gobierno, al menos así lo indicó la ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, que el ahorro realizado durante estos años de crisis por las familias, "se va a reconducir al consumo privado". Afirmación excesivamente optimista, ya que las familias disponen cada vez de menos dinero para cubrir sus necesidades y serán muy celosas de sus ahorros, dada la enorme desconfianza que genera el Gobierno de Zapatero.

A pesar de las demoledoras previsiones de los distintos organismos nacionales e internacionales, con relación al desarrollo de nuestra economía, Zapatero y toda su corte se empeñarán en hacernos creer que caminamos decididamente hacia la recuperación. Zapatero lo está diciendo desde el día mismo en que no tuvo más remedio que reconocer la crisis. Como ya ha dicho más de una vez que estábamos en el buen camino, siguiendo la táctica de Pangloss y para no dejar de ser el Zapatero que conocemos, ahora no habrá manera de que cambie su discurso, aunque piense lo contrario.

De momento, según su propia estimación, nuestra economía crecerá un 1, 3% en el año 2011. Y la demanda nacional en su conjunto contribuirá con cuatro décimas al crecimiento del PIB. La aportación exterior al PIB nacional será del 0, 9%. Como vemos nada nuevo. Pero esto no se lo cree nadie, ni el Fondo Monetario Internacional, ni el gobernador del Banco de España. Por algo Miguel Ángel Fernández Ordoñez pidió a Zapatero inútilmente que elaborara un Plan B por si sus previsiones presupuestarias no se cumplían. El jefe del Ejecutivo va tan sobrado que ignoró de plano el consejo. Y si se le fuerza un poco, jurará y perjurará que estamos otra vez en la "champions league" de la economía. Pero, para nuestra desgracia, la realidad seguirá siendo respondona, y como ya no le quedan ni restos de talante, terminará por congelársele hasta la sonrisa. ¡Qué le vamos hacer!

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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