Un aire a Erik el Belga en lo del Códice Calixtino
El extraño caso de la desaparición del Códice Calixtino me recuerda alguno de los golpes de hace ya tres décadas de Erik el Belga, uno de los grandes ladrones de arte de las últimas décadas. Se diría que los ladrones han emulado al mítico ladrón.
Se llamaba en realidad René Alphonse van den Berghe. De joven, hizo sus pinitos como pintor, y fue luego anticuario. Pasó a ser ladrón precisamente para abastecer de piezas únicas a sus principales clientes. En la primera parte de su carrera, robaba sobre todo en museos de Francia y Alemania, y en este último país acabó preso. En 1975 huyó de la cárcel y se vino a España, donde se especializó en dos habilidades: comprar a pequeños anticuarios y curas poco escrupulosos piezas que luego revendía fuera de España y expoliar arte antiguo, sobre todo medieval, en ermitas solitarias, monasterios poco vigilados o iglesias de pequeños pueblos de Castilla y León, Aragón, Navarra o Cataluña. Él contó mucho después que no robaba, que recogía piezas que la Iglesia no sabía apreciar y tenía abandonadas y las llevaba a coleccionistas que sí las valoraban y las mantendrían impecables. Sin él, decía, muchas de esas obras de arte se hubieran perdido para siempre.
Al parecer montó y desmontó distintas bandas. La traición de un italiano de una de ellas le costó su primera cárcel aquí. Iban a robar, en la catedral de El Burgo de Osma (Soria), uno de los 25 libros que se conservan en el mundo manuscritos e ilustrados por Beato de Liébana en el siglo VIII. El italiano lo delató antes, y Erik acabó en la cárcel de Soria.
Uno de sus golpes más espectaculares lo dio en la catedral de Roda de Isábena (Huesca), en 1979. Se llevó toda la colección del museo catedralicio. Una de las piezas era la llamada Silla de San Ramón, que fue obispo de Roda, una pieza única del siglo XI que fue partida en trozos. Sólo se han recuperado algunos de ellos. Otro tras el que quizás estuvo fue el robo de unas tablas renacentistas de Pedro Berruguete desaparecidas en la iglesia de Santa Eulalia de Paredes de Nava (Palencia).
Se le atribuyen 600 robos de arte diferentes en toda Europa. Cuentan quienes le conocen bien que, aunque oficialmente Erik el Belga nunca colaboró con la justicia, oficiosamente sí lo hacía. Piezas que habían sido robadas por él se recuperaban por sorpresa, devueltas de modo anónimo. Quizás por eso pasó poco tiempo entre rejas.
Hace pocos años, Erik el Belga vivía en la Costa del Sol. Creo que de vez en cuando recibía la visita de algún agente de la Brigada de Patrimonio Histórico. Yo traté hace años a uno de estos, haciendo una investigación periodística. Llevaba siempre consigo un maletín con cientos de fotos de piezas de arte robadas. A Erik el Belga le visitaban como a un experto, para que, pieza a pieza, les ilustrara con sus conocimientos, les diera quizás alguna pista… Si aún vive, quizás el mítico ladrón haya recibido alguna visita así en las últimas horas para hablar del Códice Calixtino.
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Autor: Blog 20 minutos - Arsenioescolar (204 noticias)
Fuente: blogs.20minutos.es
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