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A 29 años de la partida de don Medardo Mejía

06/07/2011 23:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por José D. López Lazo

Jdiomedes61@yahoo.es

Oí de él en mi bachillerato a inicios del ochenta. En el "Patria" de la Lima, el profesor de Historia de Honduras, Lic. Ramón Castro (QEPD), nos habló de sus libros como referencias de su clase, presentándolo, más o menos, como "un señor de avanzada edad que ya estaba muy enfermo".

Un año después don Medardo Mejía falleció. Yo no me di cuenta sino hasta algunos años después. Es lamentable, pero en ese entonces, muchacho, esas cosas no inquietaban mis pensamientos, ni apresuraban mis pasos. Hubiera querido, pero no aprendí a leer a los tres años, ni me tenía leídos a losclásicos grecolatinos a los nueve, ni escribí mi primer ensayo a los once... tampoco tenía idea de los españoles del Siglo de Oro a los quince... Tan sólo (tan mucho) el bananal inmenso, verde mar encantado, robándome los ojos...

Empecé a conocer su obra –proceso que aún no termino- algunos años después en la Universidad (UNAH) a través de compañeros y amigos que lo fueron de él. Casi todos lo recordaban con cariño y admiración. Algunos le hacían reparos a su obra ensayística: falta de rigor científico y su fervorosa adhesión a la lucha de clases y al materialismo histórico como método de interpretación de algunos temas que abordó. Viéndolo desde la comodidad y la ventaja de otro tiempo quizás tenían razón. Pero no tanto... creo que las verdaderas páginas, del verdadero ensayista, les fueron ajenas osuperficiales a mis buenos amigos de aquellos años.

En nuestro medio el análisis del ensayo es escaso. Hemos tenido hombres de pensamiento e ideas, pero no estudiosos del ensayo como género literario, complejo e híbrido. Un mundo donde tienen cabida esas cosas que la filosofía y la ciencia soslayan y ven como sospechosas: el universo de los valores. En el caso de Medardo Mejía, podemos hablar de la incorporación de los valores de la tierra hondureña, que no habían ocupado un espacio ni en el frío positivismo, parcelador del conocimiento, ni en la fina joyería verbal del modernismo, que eran la más inmediata tradición intelectual que tenía.

El había nacido en San Juan Jimasque, aldea del municipio de Manto, Olancho, en 1907. Se hizo abogado, catedrático universitario, periodista, dramaturgo, poeta, historiador; en fin, un intelectual, en Tegucigalpa y el mundo; pero él siempre se consideró un milpero que, en su caso, es genérico: un símbolo: venía del campo, era un producto de la tierra, fuera lo que fuera después; lo humano más auténtico, la más pura cepa de la hondureñidad para Medardo Mejía, venía de allí.

Aprehendió vastamente y con inteligencia la tradición intelectual de Occidente. Era uno de los hombres más cultos de su época; pero no sólo se quedó con esto. En algún momento cobró conciencia, se sintió halado, por algo más entrañable que los clásicos del pensamiento, el arte y la literatura occidentales; si bien esta tradición le pertenecía por imposición, la del milpero lo conformaba por nacimiento. Una le sirvió como medio para expresar más felizmente a la otra: La fuerza de su prosa está en la inteligente síntesis de lo popular-rural con lo urbano-culto; en la afortunada visiónde nuestra realidad como un fenómeno híbrido, como un fenómeno de mestizaje. Su prosa es una simbiosis puntual de realidades que hasta entonces no se tocaban, que ni Rafael Heliodoro Valle ni Alfonso Guillén Zelaya juntaron en sus bellas páginas ensayísticas.

Su trabajo autobiográfico se titula: "refiere, Anisias, el paso de aquel milpero" ; superpone así dos saberes, dos culturas: la de allá, en la antigua y luminosa Grecia, y la de acá, con su poderosa raíz soterrada, pero presta a elevarse más renovada. En el ensayo biográfico sobre Juan Lindo dice: "Proteo en el traslado humano representa a cuantos tienen la capacidad de cambiar de ideas, de opiniones, y de empresas, según los vientos que soplan. Henos frente al proteo hondureño por excelencia".

El ensayo como tal no es algo definitivo, sino una lectura exploratoria, provisional.Él lo sabía y, además, como todo milpero auténtico, era honesto: "discúlpese, lo que se va a decir por ser improvisación y no estudio pacientemente conducido", y acerca de los "Capítulos provisionales sobre Paulino Valladares" –título que es claro ejemplo de lo dicho- confiesa lo siguiente: "Lo importante del trabajo consiste en que fue escrito de memoria, sin ningún papel de ayuda. También es su demérito porque la improvisación no alcanza el nivel de un estudio documentado" .

El ensayo reinterpreta símbolos de una cultura; les confiere nuevas lecturas a la luz de otro tiempo. Esto es precisamente lo que se hace con dos personajes –símbolos de nuestra historia como Juan Lindo y Paulino Valladares quienes son objeto de una nueva revisión. Las conclusiones a que llega son inéditas y perturbadoras; aleccionadoras y revitalizantes; del primero dice: "monarquista español, conspirador contra la corona en Centro América, anexionista en los días del imperio mexicano, auspiciador de la República; partidario y adversario de la Constitución Federal, conservador con Arce, liberal con Morazán (...) patriota enfrentado a las pretensiones colonialistas de Inglaterra(...) fundador de escuelas, colegios y universidades (...) inagotable en recursos y en sorpresas, cortés y cortesano y siempre obsesionado por el poder, siempre instalado en el gobierno, siempre dueño de una parte o de todo el estado".

Similar conducta descubre en el segundo: "pero el director de "El Cronista" era vivo. La viveza es una singularidad hondureña, que denota descaro en el cambio de opinión y en el traslado a una nueva militancia política. Así es que cuando vio que Alemania sería derrotada inevitablemente, con mucha frescura se pasó a los aliados.De modo que al llegar la victoria de 1918, Paulino ya escribía sobre la gloria de los grandes conductores de la guerra."

En su tesis doctoral sobre José del Valle, Louis Bumgartner, llega a parecidas conclusiones sobre el Sabio hondureño, otro proteo de nuestra historia.

Mogigaterías aparte, yo no les pierdo el respeto a estos personajes. Los comprendo y siempre los admiro, pero desde una perspectiva más humana y menos mitificante.

Al pensar en estos enfoques de Don Medardo, recuerdo más a Montaigne que a Marx: "no se puede aprehender un objeto sino es en su forma cambiante; el fenómeno en sus diversas facetas". Creo que la presencia del francés es más fuerte que la del alemán en su mejor prosa; pero, obviamente, esto sería nada sin su poderosa imaginación y su gran perspicacia psicológica. Mejía descifra claves, descubre señales; su método, en sus mejores páginas, es más poético que científico; más libre y personal que metódico u "objetivo". Sin un método prefijado nos libra de lo evidente. Es el ensayo como lo concibió Montaigne, no hay caminosconocidos ni verdades intocables o absolutas.

Libertad para el enfoque y conciencia crítica sin concesiones. Medardo Mejía empezaba por no concedérselas a él mismo. Una gran lección de integridad que le debemos: si se ejercía la crítica, había que serlo consigo mismo; por ello, yo le creo aún en sus errores. Una actitud saludable que vale la pena retomar por parte de muchosde nuestros intelectuales tan pagados de sí mismos cuando se trata de ver la paja en el ojo ajeno, pero tan miserables cuando les toca ver las vigas en el ojo propio. Medardo Mejía practicó una difícil honradez, la de desprenderse de su ego y verse sin engañosas mediatizaciones. El, como los demás, como todos, tenemos extravíos –como decían los viejos preceptistas-; pero él, a diferencia de los demás y de casi todos, tenía el valor –seguro que olanchano- de "comprender su desdicha":

"No, poeta. En los premiados no hay originalidad hondureña. Hay ecos de otros que fueron originales en sus países. Ninguno se internó en la selva con el deseo de encontrar a Comizahual para pedirle algo de sus secretos y sus tesoros. Y no hay excepción, pues el premiado que le esta escribiendoes el primero en comprender su desdicha."

(Carta al poeta Oscar Acosta de Septiembre de 1973. aquí se refiere a los escritores hondureños que han obtenido el Premio Nacional de Literatura, premio que Don Medardo obtuvo en 1971.)

San Antonio de Cortés, abril del 2010

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arlequinhn.blogspot.com
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