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Aparece la casta política

06/10/2012 13:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ya desde muy antiguo, y a lo largo de la historia de la humanidad, ha sido una constante la clasificación de las personas basándose en las desigualdades étnicas de las mismas. Cualquier hecho diferencial, como el color de la piel, la pureza de la sangre, la religión que se profese, la ocupación profesional y hasta el mismo tipo de matrimonio realizado han servido siempre para clasificar a los individuos por el conocido sistema de castas.

Este sistema de castas fue popularizado hace miles de años en la India y en aquellos otros países donde se impuso el hinduismo como religión tradicional. El hinduismo nos enseña que no todos los seres humanos proceden de la misma parte del cuerpo de ese ser supremo, conocido en esa religión con el nombre de Brahma. Según esta doctrina, unos provienen de la boca de Brahma, los hay que provienen de sus hombros, otros de sus caderas y algunos más de sus pies. Por lo tanto, según los hinduistas, estamos ante cuatro varnas o castas básicas: los brahmanes, los chatrías, los vaishías y los shudrás. También tenemos a los "descastados", los intocables que están fuera del sistema de castas.

Los brahmanes, al ser creados de la boca de Brahma, forman la casta más elevada dentro de la sociedad hindú. Teniendo en cuenta que los brahmanes fueron considerados como dioses, no es de extrañar que, al formar parte de un orden sagrado, se les asigne un rol en consonancia con su elevada categoría. De ahí que ejercieran de sacerdotes y de asesores del rey, lo que les daba un inmenso poder.

A los brahmanes les siguen en importancia los chatrías o guerreros, creados a partir de los hombros del ser supremo. Los pertenecientes a esta casta serían los Señores, los Jefes de guerra, en definitiva, los encargados del gobierno del pueblo. Detrás vienen los vaishías o comerciantes y artesanos, procedentes de las caderas de la deidad hindú. Dentro de este orden, según la tradición védica, tendríamos a los prestamistas, los comerciantes y ganaderos que encajarían en el grupo que hoy denominamos "clases medias". Finalmente tenemos la casta más baja, la casta de los shudrás o esclavos, nacidos de los pies de Brahma. Serían exactamente los jornaleros, los trabajadores de la ciudad y del campo o, usando la terminología marxista, los proletarios de entonces.

Los intocables, los que no tienen casta, son los auténticos parias de la India. Pertenecen a este grupo marginal la gente de piel negra que habita en la península y que se ocupa de los trabajos serviles o profesiones impuras, prohibidas a los miembros de las distintas castas, incluidos los sudras que es la casta más baja. En realidad, se trata de esclavos comunales, que se les tolera simplemente porque desempeñaban aquellos trabajos considerados denigrantes pero que son absolutamente indispensables.

Para el hinduismo, el sistema de castas forma parte de un orden sagrado y es determinante del estatus social de los integrantes de cada casta. Dicho sistema especifica claramente el tipo de trabajo que puede realizar cada uno de ellos y hasta con quién se puede casar. A los integrantes de cualquiera de las cuatro castas, les resulta totalmente imposible cambiar de casta mientras viva. Les queda el consuelo de que, después de muertos, cuando se reencarnen nuevamente, pueda caberles la suerte de nacer en el seno de una casta superior.

Ese intento de clasificar a los mortales teniendo en cuenta su origen étnico o la "limpieza de la sangre" proliferó intencionadamente por toda Europa y por España también. Estas divisiones raciales eran utilizadas sin miramiento alguno para justificar los privilegios y las ventajas que tenían los grupos dominantes sobre otros menos afortunados. Hubo quien decretó sin más la superioridad de los nórdicos sobre el resto de europeos. Y van más allá y afirman, sin ningún género de dudas, que las razas negra y amarilla son inferiores a la blanca. Y entre los blancos, son indiscutiblemente superiores los arios.

Es tremendamente llamativa la interpretación que se hizo en Europa de la Biblia, según la cual habría tres razas humanas, provenientes de los hijos de Noé: los judíos y los árabes descenderían de Sem; la raza negra de Cam y los blancos de Jafet. Según esta interpretación, la maldición de Noé a Canaán fue más bien una maldición de Dios a la "raza negra" condenándola a servir a los descendientes de Sem y de Jafet: "Bendito sea Yahvé, el Dios de Sem, y que Canaán sea esclavo suyo. Que Dios permita a Jafet extenderse, que habite en los campamentos de Sem, y que Canaán sea esclavo suyo".

El imperio español impuso en América un sistema de castas totalmente injusto, al ratificar la superioridad de los miembros de la aristocracia peninsular y criolla sobre el resto de los españoles. Aún entre los mismos españoles había diferencias notables, dependiendo de la pureza de su sangre. Las personas de sangre "pura" estaban evidentemente por encima de las que tenían la sangre "manchada" o "mezclada" con la sangre de los conversos, fueran estos moros o judíos. Tanto la aristocracia occidental, como la colonial, aplicaban rigurosamente este sistema de castas en beneficio propio.

En España, gracias a la tenaz labor de los que gestionan la cosa pública, hemos superado sobradamente a todos los sistemas de castas conocidos en el mundo entero y hemos alumbrado una nueva casta, la casta política. Según el artículo 14 de nuestra Constitución seríamos todos iguales, con los mismos derechos y obligaciones: "Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social’. Pero no, el celo excesivo de los políticos por sus privilegios nos ha hecho ver que se trata simplemente de un malévolo espejismo. La realidad es que hay unos ciudadanos que son más iguales que otros y que, por lo tanto, disfrutan de ciertas prerrogativas vetadas a los ciudadanos de "a pie".

Según esta nueva teoría española tendríamos estas tres castas: los políticos, los banqueros y los currantes. La casta de los políticos está por encima del mal y del bien. Si hace falta, imitando a Zaratrusta, rompen "las viejas tablas de valores", crean una nueva moral a su medida para estar invariablemente siempre más allá del bien y del mal. Estaríamos ante la reencarnación del superhombre de Nietzsche en la casta política. Los banqueros, y sobre todo los currantes, tienen que estar siempre dispuestos a servir y a complacer a los políticos. No en vano son los que se ocupan de gestionar nuestras cosas y de orientar nuestros destinos.

Gijón, 20 de septiembre de 2012

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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