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Un beso perverso, de Kaitlin O'Riley

29/07/2011 11:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hace tres días terminé el libro y tuiteé enseguida así: " Un beso (poco) perverso terminado. ¡Por fin! Se oyen cantos de aleluya. " Fueron trescientas cuarenta y ocho páginas de melodrama histórico~romántico excesivamente lento, con muy poca sustancia, nada original y con intención grandilocuente mal conseguida.

Londres, finales de siglo XIX. Colette Hamilton, hermosa, inteligentísima, bondadosísima, rebelde y divertida, es también hija y hermana abnegada. Su padre acaba de morir, dejando a la familia inmersa en un mar de deudas, y su madre es la típica señora de la nobleza que finge estar enferma porque la vida le parece súper injusta. En estas circunstancias le toca a Colette, la mayor de cinco hermanas ( muy a lo Mujercitas la cosa ), hacerse cargo de todo, incluida la librería de la familia, en la que se deja la piel. Lo que pasa es que el tiempo apremia y el dinero se escapa por mil agujeros, así que llega lo inevitable: casarse, hacer un buen matrimonio con algún viejo ricachón para sacar adelante a los suyos. Y en éstas está cuando conoce al conde de Waverly, Lucien Sinclair, el sueño caliente de toda mujer. Y como Colette representa lo más prohibido y deseado para Lucien, no tenemos más que sumar dos más dos. Va a haber bailes, malentendidos, horas en la librería, y besos y caricias que descongelarían los polos.

Voy a empezar por lo más físico, la cubierta española, mucho más bonita que la original, que hablando en plata me parece sosa, cutre y porno ( como suele ser habitual en la romántica adulta, por otra parte... ). Si bien de la patria digo: a) los pechos de Colette le roban el protagonismo a la propia chica; b) sigo sin recordar esa estampa del atardecer con la parejita en el campo, me parece que no sale en el libro. Y ahora sí que sí, a arañar pros y contras , ¡cómo me gusta esta parte!

Llevaba meses sin probar la romántica histórica adulta, y después de este beso tan poco perverso he recordado la razón: se encuentra a rebosar de clichés aparentemente insalvables, porque no hay historia de amor que no se haya reproducido ya mil y una veces con nombres diferentes. Tanto da si hablamos de la época de la regencia, de los novelones en los que los machos iban con falditas escocesas o de cualquier otro tiempo de nuestra bendida Historia. Misma estructura, mismos personajes, mismos líos y mismas tramas, incluidos algunos golpes de efecto. De vez en cuando algún pato se convierte en cisne, pero no es ésta la tónica habitual, y desde luego la obrita de O'Riley no lo consigue. Para empezar sobran muchísimas páginas y la autora subestima al lector, explicando todo todo el rato y repitiéndose hasta la saciedad. Y agota, claro. ¿Tal vez su pretensión era escribir con la calma de las autoras del XIX? Luego no se molesta en profundizar, en ir más allá de lo aparente. También es excesivamente detallista, hasta el punto de contarnos cosas que ni nos van ni nos vienen, y que en realidad le hacen un flaco favor al ritmo de la historia, sobre todo cuando se pone a contar monerías que ni siquiera atañen a la protagonista. Por ejemplo, aquí un párrafo entero sobre una hermana de Colette que ni pincha ni corta en el libro:

Yvette se giró, su larga melena rubia retirada de la cara con una cinta ancha de color cereza que conjuntaba a la perfección con su vestido azul oscuro con raya diplomática en rojo.

(Página 325)

Y del tirón, sin respirar, oigan.

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Tampoco se me escapa el asunto de los personajes, no sólo planos y desaboridos, y en ocasiones bipolares, sino poco sorprendentes en general, porque antes de probar el libro de Kaitlin O'Riley ya había conocido a muchos Luciens , muchas Colettes , muchos padres amorosos como los de él o muchas hermanas metomentodo como las de ella. Y, en serio, eso de que con una copita de champán te emborrachas como una cuba y causas un desastre monumental ya está muy visto.

Para ser justos , creo que mi "indignación" se debe a la poca originalidad y frescura de la que hace gala a veces la romántica adulta; esta obrita en realidad no es más que mi desafortunada cabeza de turco. Por suerte siempre nos quedarán señoras como Lavyrle Spencer, por poner un buen ejemplo.

¿Más leña al fuego? La previsibilidad de absolutamente todo, de cabo a rabo. No hace falta ser Einstein para adivinar que Colette y Lucien van a acabar juntos { SPOILER } y que antes de eso tendrán sus peleíllas porque él le "robará" la virginidad a ella y después tardará su tiempo en aceptar que la ama { FIN del SPOILER }, pero lo mínimo que ha de ofrecer una nueva lectura es una nueva sorpresa. Tampoco está bien que un secundario como Jeffrey ( amigo del conde ) tenga más chicha, gracia y potencial que otros personajes en teoría más importantes.

En fin, que después de terminar el libro más por cabezonería que por otra cosa, el sabor es agridulce. O'Riley es sencilla y clara en su estilo, y a veces las situaciones que plantea resultan hasta un poco divertidas; pero como no ha sabido contarme nada nuevo, resulta mortalmente aburrida y su historia se desinfla porque no la viste bien, me atrevo a asegurar que no volveré a leer nada suyo.

Hoy la perversa he sido yo... ¿Qué tendré con la línea~RA de La esfera de los libros? He probado un pequeño puñado de su catálogo y no acaba de cuajar conmigo; aunque todavía tengo fe, ojo. Por cierto, ¿qué es eso de no traducir las parrafadas en francés que suelta la madre de las chicas Hamilton? Se sobrentiende lo que dice, pero una notita a pie de página no hubiera estado de más.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
letrasyescenas.com
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Tipo:
Reportaje
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