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Brevísimo, pero profundísimo, ensayo sobre inclusión, visibilidad de las mujeres, igualdad o paridad en el uso del lenguaje

19/01/2016 20:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Reflexiones que pueden ser consideradas, por algunos, como políticamente incorrectas, pero que, desde el más estricto respeto, constituyen una crítica procedente, en virtud de la libertad de expresión, y que, tal vez, lleguen a ser de alguna utilidad

Vaya por delante mi más absoluto respeto a las aspiraciones de visibilidad de las mujeres e igualdad entre géneros que, sin ninguna sombra de duda, estoy plenamente convencido, de que deben de ser respaldadas por todas las instituciones y la sociedad en su conjunto, con el apoyo incondicional de todos.

La igualdad debe lograrse en todos aquellos aspectos que tienen relevancia en la posición de hombres y mujeres, erradicando criterios, costumbres y prácticas, tanto de naturaleza cultural como normativa, que contribuyen al mantenimiento de las diferencias que, como es conocido, se traducen, mayoritariamente, en situaciones de injusta desventaja para las mujeres.

Hay una actuación que ha sido abordada con gran energía desde diferentes instancias y su práctica se ha extendido y se extiende cada vez más. Se trata de la introducción, a ultranza y de forma radical, de una supuesta paridad o inclusión en el uso del lenguaje, tanto verbal, como escrito.

Esta cuestión se ha abordado con diferentes enfoques, ya desde la propia denominación del objetivo que se persigue. Así, se habla de igualdad, paridad, inclusión y visibilidad de las mujeres en el lenguaje y en los textos escritos. El objetivo final es, en cualquier caso, desterrar la preferencia por el género masculino en la forma de hablar y de escribir en todos los ámbitos de la sociedad, tanto en los documentos oficiales, y los medios de comunicación, como, incluso, en el lenguaje coloquial utilizado en el espacio privado de los ciudadanos.

Así, desde los primeros años del último cuarto del pasado siglo, se han utilizado, fundamentalmente, dos procedimientos para potenciar la igualdad de género en el lenguaje y la expresión escrita: la utilización, en la misma frase, de los términos masculino y femenino de las palabras clave, “niños y niñas”, “nosotros y nosotras”, etc.; y la introducción del carácter @ (“arroba”) como una nueva vocal incluyente de los dos géneros: “niñ@s”, “nosotr@s”, etc. A este respecto, cabe recordar ahora que, en algunos artículos publicados en diferentes medios escritos o, incluso, por algunos humoristas, en sus intervenciones en locales públicos o en las televisiones, se han criticado, en forma de sátiras, más o menos afortunadas, estas formas de actuar, al considerarlas grotescas, por exageradas.

Aun entendiendo que las reflexiones que se van a formular a continuación pueden ser consideradas por algún sector de nuestra sociedad como políticamente incorrectas; en virtud de la libertad de expresión, desde el más estricto respeto, y con la esperanza de que puedan ser de alguna utilidad, no me resisto a exponerlas en el presente ensayo.

Creo procedente la crítica, ya que se puede considerar que se trata de prácticas poco o nada eficaces, si se analizan a la luz de una mínima racionalidad, salvo por su sentido de reivindicación, bastante innecesaria en ese campo, por otra parte. En fin, tal vez, la igualdad en el lenguaje, llevada a sus últimas consecuencias, ¿no sería más que paridad, parida?.

Por otra parte, y salvando las distancias, el presente ensayo solo es uno más de los trabajos que abordan, con espíritu crítico, pero constructivo, esta tendencia a la introducción de la igualdad a ultranza en el lenguaje; por ejemplo, la propia Real Academia Española de la Lengua, como no podía ser de otra manera, se ha ocupado del asunto, en 2012.

Dado que lo que se persigue es la máxima neutralidad de género en el lenguaje, una solución radical aunque, ¿por qué no?, audaz, sería la ampliación del diccionario con la incorporación de una serie de nuevas palabras, neutras, y la actualización de la gramática con la introducción de un género adicional, no sexista. De esta forma, los géneros gramaticales pasarían a ser cuatro: masculino, femenino, neutro y paritarie o igualitarie.

La idea fundamental es la sustitución de las palabras de género masculino y, también, femenino, por otras del nuevo género, que se apoyaría en una vocal neutra, “a medio camino” entre la “a” y la “o”. La vocal propuesta es la “e”, pues, aunque la “i” también está entre las dos vocales anteriores, en castellano, probablemente, suenan mejor, y, tal vez, son más cómodas de pronunciar, las palabras que acaban en “e” que las que lo hacen en “i”. Ahora se entiende mejor, espero, la elección de los dos términos propuestos en el párrafo anterior para el nuevo género: “paritarie” (paritario) o “igualitarie” (igualitario).

Se glosan, a continuación, brevemente, algunas ventajas de la propuesta presentada.

De no utilizarse la propuesta que se plantea en este breve ensayo, si queremos ser exquisitamente paritarios tendríamos que escribir textos, por ejemplo para el título de éste mismo ensayo, del tenor siguiente:

“Brevísimo y brevísima, pero profundísimo y profundísima, ensayo y ensaya sobre inclusión, visibilidad de las mujeres, igualdad o paridad en el y la uso y usa del y de la lenguaje”;

Una solución audaz sería la ampliación del diccionario con palabras neutras y la actualización de la gramática con un nuevo género no sexista

como se ve, esto, sobre ser un galimatías delirante, es, además, en extremo, ineficiente, pues, para expresar la misma información, estamos utilizando en el texto de “estilo paritario” 31 palabras en lugar de 18, un 72% más, y 178 caracteres, en lugar de 123, un 45% más.

Esta redacción, de todas formas, no resulta, a mi modo de ver, suficientemente radical pues se ha hecho la intolerable concesión de mantener, sin la alternativa de género, el masculino “lenguaje” y, ¿por qué no decirlo, en aras de la auténtica igualdad?, también se han dejado sin alternativa de género los femeninos “inclusión”, “visibilidad”, “igualdad” y “paridad”.

Para paliar estas deficiencias, podemos eliminar las concesiones sexistas que se acaban de mencionar, con lo que el texto quedaría, entonces, de la siguiente forma:

“Brevísimo y brevísima, pero profundísimo y profundísima, ensayo y ensaya sobre inclusión e inclusiona, visibilidad y visibilidod de las mujeres, igualdad e igualdod o paridad y paridod en el y la uso y usa del y de la lenguaje y lenguaja”;

más ineficiente, 128% de palabras más y 93% de caracteres más, que el texto “arcaico” y sexista, pero absolutamente igualitario.

Incluso de esta forma, se mantiene un problema serio: el de la prioridad o preferencia de empleo del masculino frente al femenino, o al revés; asunto de importancia, que merece un tratamiento específico.

A este respecto, paso a exponer aquí una situación claramente ilustrativa que se produce en relación con la cuestión de la preferencia del hombre respecto a la mujer en el idioma catalán. En efecto, este idioma presenta un fuerte, y preocupante, vicio de falta de igualitarismo, que se pone de manifiesto, por ejemplo, en la palabra “tothom”, que, como todo el mundo sabe, significa “todos”, en genérico, y, también, “todo el mundo”. Puesto que en el mundo, la mitad, aproximadamente, de las personas son mujeres, se debería de decir tothom i totdona y, aun, cabe la duda de si se debería de decir totdona y tothom, pues ¿por qué otorgar preferencia al hombre frente a la mujer en la expresión paritaria?. Lo mismo hay que aplicar cuando se dice, esta vez en castellano, todos y todas, que es muy frecuente ¿por qué no decir todas y todos?. Lo mejor sería buscar una solución que no genere este problema de primacía en el uso.

Si escribimos la frase utilizando la propuesta formulada en este ensayo, vemos que, acuñando únicamente algunas nuevas palabras, de naturaleza rigurosamente igualitaria, y sin ninguna dificultad en su concepción, obtenemos una frase de mucha mayor elegancia e igual concisión que la original, pero perfectamente paritaria o igualitaria, sin menoscabo para la dignidad de ninguno de los dos sexos:

“Brevísime, pero profundísime, ensaye sobre inclusión, visibilided de las mujeres, igualded o parided en le use del lenguaje”.

Incluso sería aún más paritario todavía, y más eficiente en el uso de caracteres, otra variante, más elaborada, pero no, por ello, menos elegante:

“Brevísim, pero profundísim, ensay sobre inclusin, visibilid de las mujeres, iguald o parid en l us dl lenguaj”,

hemos ahorrado 12 caracteres, ¡casi un 10%!

Frente a estas alternativas innovadoras e imaginativas, se encuentra la fórmula, ya tradicional, que se ha venido empleando por determinados colectivos, y que utiliza el famoso símbolo @ (“arroba”), ya mencionado al principio de este ensayo, que hemos podido incorporar a nuestro alfabeto gracias a los teclados de los ordenadores.

Con este criterio, nuestra ya tan repetida frase, quedaría de la siguiente forma:

“Brevísim@, pero profundísim@, ensay@ sobre inclusión, visibilidad de las mujeres, igualdad o paridad en @l us@ d@l lenguaje”;

o, incluso mejor:

“Brevísim@, pero profundísim@, ensay@ sobre inclusi@n, visibilid@d de las mujeres, iguald@d o parid@d en @l us@ d@l lenguaj@”.

En esta nueva grafía, que, desde luego, debería de ser aplicada de forma rigurosa, el carácter, que no la letra, más usado en las lenguas romances pasaría a ser la nueva @, después naturalmente, del espacio, obsérvese que en nuestra pequeña frase, 11 caracteres son la nueva @, casi el 9%, contando espacios, y más del 10%, sin contarlos. ¡¡Otra aportación sustancial a la cultura occidental!!

El inconveniente de la generalización del uso del símbolo @, además de que por determinadas personas se podría asociar a ciertas concepciones ideológicas, es que no queda muy claro cuál es su pronunciación.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Un Poco De Crítica (3 noticias)
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Tipo:
Opinión
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