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CAAC acoge desde este jueves la exposición 'Públicos y contrapúblicos', comisariada por su director

28/10/2010 15:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) presenta desde este jueves 28 de octubre la exposición 'Públicos y Contrapúblicos', que, comisariada por Juan Antonio Álvarez, incluye cerca de 100 obras de 35 artistas internacionales, en un proyecto que intenta interrogarse acerca de la posición del espectador en la cultura visual contemporánea, utilizando alegóricamente para ello su perspectiva desde una doble vertiente: desde su visión, esto es, desde lo que el espectador ve, ya sea la escena, la pantalla o el dispositivo de exhibición, y por otra lado se utiliza la mirada sobre el mismo espectador, sobre su comportamiento o sobre el lugar que ocupa o se le reserva en los diferentes dispositivos.

Según se ha indicado en nota de prensa, esta doble vertiente podría ser visualizada en dos obras presentes en la exposición. Primero, en la de Ernst Schmidt, que trata sobre la apertura y clausura del espacio de representación mediante la acción de un doble juego de abrir y cerrar los telones que permite la visualización o no de una obra, del mismo modo que marca el inicio y el fin de la misma, y en segundo lugar en la de Sharon Lockhart, donde una filmación de la platea llena de público se convierte en una película sobre los mismos espectadores que se encuentran en la posición que tradicionalmente se le reserva en el teatro a la italiana y en las salas de cine.

Por tanto, la visión desde el espectador y sobre el espectador es de lo que esta exposición se ocupa primordialmente, pero no sólo, ya que al mismo tiempo, el interés de diversos artistas por esta doble vertiente puede ser señalada en otros dos proyectos también aquí reunidos. Por un lado, el de Antoni Muntadas sería, en cualquier caso, una simbiosis de ambas visiones, ya que aúna en una doble proyección de diapositivas la mirada sobre el emisor --en este caso el televisor-- y sobre el receptor --los telespectadores--, mientras, el de Rainer Ganahl se centra en otro dispositivo de transmisión, el de la conferencia como género, deteniéndose en sus fotografías en las dos partes que principalmente intervienen: el de la emisión del discurso --conferenciantes-- y el de su recepción --público--.

Además, para adentrarse en la tarea de cuestionar la posición del espectador en la cultura visual contemporánea, se parte de dos ensayos previos que se consideran fundamentales como puntos de inicio de la discusión. Por un lado estaría el de Jacques Rancière, titulado 'El espectador emancipado', en el que su autor plantea la necesidad de "reconstituir la red de presupuestos que sitúan la cuestión del espectador en el centro del debate sobre las relaciones entre arte y política". En diálogo crítico con la tradición teatral innovadora que ha intentando a lo largo del siglo XX rompe las barreras entre el público y los actores, porque, según Rancière, "ser espectador no es la condición pasiva que tendríamos que transformar en actividad. Es nuestra situación normal".

Por otra parte, estaría el ensayo de Michael Warner titulado 'Públicos y contrapúblicos', que es el que da nombre, además, a esta exposición. En él Warner señala que el público "es un espacio de discurso organizado por el discurso mismo", al tiempo que advierte que como tal, solamente "existe en virtud de ser destinatario" y que "posee algún fundamento en la sociedad". Es decir, que "el público es un espacio social creado por la circulación del discurso que se hace realidad por medio de una postura activa". Más allá de estas cuestiones, la argumentación de Michael Warner interesa especialmente al hablar de "contrapúblicos", es decir, de aquellos segmentos subalternos que se reconocen mejor como "contrapúblicos alternativos", siguiendo a Nancy Fraser, aunque para Warner se definen frente a "un público dominante".

CUATRO EJES CONCEPTUALES

La exposición tiene una serie de ejes a partir de los cuales se articula y organiza, aunque no tanto en el espacio expositivo como conceptualmente. Así, se parte de la apertura y clausura del espacio de representación simbolizado por telones que abren o cierran los escenarios o las pantallas de proyección, de modo que se inicia el recorrido expositivo con trabajos de Perejaume, Heimo Zoberning y Ernst Schmidt, puesto que el telón --su movimiento de apertura y cierre-- supondría alegóricamente ese elemento que temporaliza la condición de espectador. Por el contrario, con las grandes y motorizadas cortinas de Ann Hamilton, se cerraría casi físicamente la muestra, mientras que a continuación, sería el escenario o lugar de la representación el que acapara el protagonismo con las obras de Danica Dakic, Grazia Toderi, Rafael Lozano-Hemmer y Sharon Hayes --los dos primeros por medio de la imagen y, los dos últimos, mediante la voz--.

Por su parte, Isidoro Valcárcel Medina hace alusión, mediante sus planos, a un espacio para el público que tendría su reverso para el contrapúblico y, literalmente, en la escenificación de una pieza suya de larga duración sitúa al espectador ante una experiencia rigurosamente teatral. En esta exposición Valcárcel Medina participa de prácticamente todos sus ejes conceptuales mediante una selección de diferentes proyectos y performances comunicadas postalmente.

El segundo eje organizativo del proyecto se centra ya directamente en los públicos y las audiencias mediante dos apartados. El primero se detiene en algo que se venía apuntando anteriormente, como es el espectador en el espacio de representación y/o exhibición, mediante los trabajos de Emma Wolukau_Wananbwa, Manon de Boer, Antoni Muntadas, Ulla von Branderburg, Dan Graham y Judith Hopf --estos dos últimos íntimamente ligados entre sí--. El segundo apartado tiene ya al receptor como único protagonista en las obras de Sharon Lockhart, Christoph Girardet & Matthias Müller y Ryan Gander. El público, individualizado o colectivo, según las artes a las que se enfrenta y los diferentes dispositivos en los que se ve inmerso, es el objeto del análisis.

El tercer eje hablaría de algo en lo que Rancière hace alusión en su ensayo como característico de la evolución teatral del siglo XX: los cambios de roles entre actores y público. Así, el espectador devendría en actor voluntaria o involuntariamente (Dora García, Ant Hampton, Tom Marioni, Abramovic/Ulay y Tellervo Kalleinen & Oliver Kochta-Kalleinen) y éste (el actor) se confesaría como tal ante el espectador (Katya Sander y Jérôme Bel), es decir, se produciría un movimiento que lleva a una activación del espectador, a romper su rol en apariencia pasivo, mientras también se produce otro movimiento que desvela los mecanismos con los que se construye la representación, trastocando y rompiendo los mecanimos y convenciones ilusorias.

Por último, el cuarto eje argumental tendría como base la escenografía de la comunicación y la recepción del discurso, es decir, la conferencia como género en el paisaje artístico reciente en el que se camufla a menudo como performance. El conjunto parte históricamente de Joseph Beuys y continúa con Andrea Fraser, Rainer Ganahl, Seth Price y Mark Leckey, pudiéndose entender toda esta parte casi como un seminario en sí mismo sobre este determinado caso de estudio que tiene en estos momentos un gran desarrollo en la escena artística internacional.


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