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Cajas mágicas del tiempo

05/04/2011 18:54 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

Visitar a los ancianos, conversar con ellos, interesarse por su salud, rozar su rostro con una caricia o, simplemente, compartir unos momentos con su tiempo, son actos solidarios, de grandeza humana, que les reconforta y les aleja de la rutina añeja

JAVIER DYSART

Por razones familiares, frecuento desde hace años una residencia de mayores. La media de edad de los residentes es bastante avanzada. Si las múltiples experiencias vividas, gozadas, y sufridas por todas y cada una de estas personas pudieran recopilarse en un espacio escrito, tengo plena seguridad de que llegaríamos a crear un extenso documento con doctas normas de conducta que nos ayudarían a superar, de forma inteligente, las debilidades y tormentos de la vida cotidiana. Visitar a los ancianos, conversar con ellos, interesarse por su salud, rozar su rostro con una caricia o, simplemente, compartir unos momentos con su tiempo, son actos solidarios, de grandeza humana, que les reconforta y les aleja de la rutina añeja. No hay cosa que más agradezca un anciano que una visita y unas palabras. Es como un premio.

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Confieso que, a veces, cuando paseas por el entorno y detienes la mirada en esas personas, que hasta ayer hemos conocido llenas de fortaleza y de vida, y las ves caminando con dificultad, fatigados por la edad, en sillas de ruedas, o con sus mentes aisladas por esas bruscas dolencias que anulan la racionalidad de los pensamientos, se pasa mal. Se anuda la garganta, el escalofrío recorre el alma, y el corazón cambia de ritmo. Es la renta de los años.

En su memoria se archivan historias, recuerdos, añoranzas, penas, alegrías. Unos disfrutan recordando. Otros, desde el silencio, meditan. Parecen felices en su nueva infancia

Las residencias de mayores son para mí como cajas mágicas del tiempo. Frecuentar estos centros es algo así como adentrarse en el baúl de los recuerdos. Cada una de esas vidas ancianas están cargadas de sabiduría y de experiencia. Algunas más zarandeadas que otras por las circunstancias de la vida. En su memoria se archivan historias, recuerdos, añoranzas, penas, alegrías. Unos disfrutan recordando. Otros, desde el silencio, meditan. María, Inés, Faustina, mientras atusan y arropan entre los brazos a su pequeña muñeca, observan complacientes. Parecen felices en su nueva infancia. No me cuesta identificarme con estos comportamientos. Soy consciente de que llegaré, si Dios así lo decide, a estas situaciones. Sólo espero y deseo que para entonces, las residencias de mayores ofrezcan las mismas atenciones que se dan en estas que conozco. Que el personal derroche la misma paciencia, humanidad, y cariño que aquí se reparte. Que la calidad de vida sea la principal norma de cumplimiento. Que se respete la madurez, los desvaríos, y los sollozos como aquí se hace. Y lo fundamental, que no cesen las visitas.

Hablar con los mayores, es un lujo al alcance de todos.


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Nobelsen (06/04/2011)

Execelente ,estimado señor.Debería usted escribir con mas continuidad, es necesario.Como se dice en una provincia de sudamerica(Salta-Argentina):"Soy de Salta y hago falta".Alli la gente es tranquila y generosa, es casi un lugar magico.Es usted un antídoto social contra el veneno, no lo olvide estimado escritor.Un saludo muy agradecido

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Juan (08/04/2011)

Está muy bien escrito. Se nota lasensibilidad del autor. Estoy de acuerdo con Nobelsen