Los Campos de Concentración y los Crematorios Nazis
Inmediatamente después del ascenso al poder del Partido Nazi y de su principal líder Adolf Hitler, en 1933, las nuevas fuerzas de seguridad alemanas, como las SS (Schutzstaffeln), dirigidas por Himmler, abrieron campos de concentración que se llenaron con prontitud. Un decreto de ese mismo año legalizó el arresto arbitrario. Las detenciones realizadas por la policía política, Gestapo, se centraron, primariamente, en oponentes políticos: comunistas, socialistas, así como contra los disidentes religiosos testigos de Jehová, protestantes y judíos en masa y grupos antisociales como homosexuales, prostitutas, vagabundos y discapacitados.
Grandes campos de concentración, gestionados por las SS dentro de una férrea disciplina militar, fueron creados en estos años. En total seis: Dachau, Sachsenhausen, Bunchenwald, Flossenburg, Mauthausen y Ravensbrück, exclusivo para las mujeres, que en total contenían a más de 25.000 personas.
En 1939, cuando estalló el conflicto, los alemanes tuvieron que crear numerosos campos nuevos. Se creó uno de los campos de concentración más tristemente famosos, Auschwitz, junto a los de Natzweiler, Neuengamme, Gross Rosen, Stutthof, Lublin-Majdanek, Hinzert, Vught, Dora y Bergen-Belsen que pronto completaron su capacidad al llenarse de millones de judíos y prisioneros de los países europeos ocupados.
Junto a éstos se inauguraron campos en Polonia: Belzec, Sobibor y Treblinka al este y Kulmhof al oeste, y Belgrado: Semlin. Aunque existían centros específicos de exterminio, dada la extrema crueldad con los prisioneros confinados, los índices de mortalidad alcanzaron cifras monstruosas. El funcionamiento básico seguía un proceso establecido. En primer lugar llegaban los prisioneros a los campos transportados en vagones repletos; una vez instalados comenzaba el proceso de selección. Los mejores preparados físicamente se destinaban a los trabajos forzosos; todos aquellos que por constitución o enfermedad tras las grandes penurias sufridas, que no cumplían los mínimos requisitos morían asesinados por multitud de métodos: cámara de gas, fusilamiento o inyecciones letales. Oros eran enviados para someterse a determinados estudios científicos que se centraban en temas genéticos, reacciones alérgicas, o el análisis de los síntomas en las personas sometidas a grandes variaciones de temperatura. Los judíos constituían un caso aparte en el trato recibido: mayoritariamente no regresaron jamás. Familias enteras judías fueron arrestadas sin que los miembros del núcleo fueran enviados a un mismo campo. Humillaciones, vejaciones y barbarie fueron empleados sistemáticamente. En total hubo cuatro millones de muertos en campos de concentración, más dos millones de muertos en los guetos.
La vida cotidiana era espantosa. Algunos campos llegaron a tener hasta 70000 personas. Formaban mundos aislados por completo del exterior, fortalezas que quedaban invisibles para las poblaciones de civiles que más o menos se encontrasen cercanas. En ellos estaban mezcladas distintas personas de diferente etnia, nacionalidad, clase social y religión. Cada una de ellas debía llevar algún símbolo cosido a su ropa que le identificase, como un número (en Auschwitz se tatuó en el brazo) y un triángulo de color rojo para los presos políticos. Los judíos llevaban este mismo triángulo rojo y sobre él otro colocado inversamente de color amarillo, formando la estrella de David. Los presos comunes llevaban uno verde, uno violeta los objetores de conciencia, uno rosa los homosexuales y uno negro los considerados como asociales. Los que no eran de nacionalidad alemana llevaban la inicial de su país en una placa. Los prisioneros se ponían en filas y se les pasaba lista dos veces al día, por la mañana y por la noche, trabajaban de sol a sol y apenas recibían alimento. La insalubridad era una constante.
En Sachsenhausen había sido pintado con letras góticas en blanco el siguiente texto: "Hay un camino hacia la libertad; sus señales kilométricas se llaman: obediencia, asiduidad, honradez, orden, limpieza, sobriedad, franqueza, sentido del sacrificio y amor por la patria". Lemas como éstos se dejaban entrever en todos los rincones. Muy comunes eran los que rezaban: "El trabajo es tu libertad" o "Un piojo significa tu muerte". Todo estaba perfectamente reglamentado y estudiado ya que respondía a un esquema organizativo en relación directa con las concepciones políticas y morales de superioridad de raza y de dominio por la fuerza. A pesar del control y de las condiciones de esclavitud en las que se vivía, se generó cierta solidaridad entre los reclusos que dio lugar a la creación de grupos clandestinos de resistencia.
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Sobre esta noticia
Autor: Jfl (474 noticias)
Fuente: lahistoriaconmapas.com
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Tipo: Reportaje
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