Cantabria: el AVE picotea y la catenaria con estrés
JAVIER DYSART
Desde hace más de una década, el AVE no cesa de picotear, sin ningún efecto, las meninges de los cántabros. Se necesitaría un gran espacio para archivar las cosas que se han dicho sobre la ejecución o no del proyecto ferroviario. Numerosas han sido las gestiones, las promesas, y los diseños que su momento se han realizado. Tanto es así que, varios del los Ayuntamientos que se iban a ver afectados por el trazado de la veloz infraestructura, celebraron sesiones plenarias para recomendar modificaciones y ajustes a los trazados diseñados. Incluso hubo momentos de especial satisfacción política por la generosa e ilusionante oferta que se llegó a plantear por el mismo precio: en Cantabria se construirían, no una, si no dos líneas del AVE, una vía Madrid y otra vía Bilbao. Todo un lujo. Todo un derroche de imaginación y demagogia.

Y quizás sea esto lo sensato. Es muy posible que Cantabria no necesite disponer de alta velocidad vía ferrocarril. La infraestructura que se necesita es muy complicada y cara, como también lo son los servicios y el mantenimiento de la línea. Posiblemente Cantabria, al ser su capital Santander cabecera y final de trayecto, no tiene un flujo adecuado de viajeros que justifique la rentabilidad y la viabilidad del servicio. El negar este extremo es carecer de objetividad. A pesar de esta realidad, la demagogia entorno al AVE se sigue utilizando para destacar, para llamar la atención, por eso el ex presidente de Cantabria, señor Revilla, ya ha anunciado que todos los lunes, en los plenos de la Asamblea regional, utilizará los picotazos del AVE como principal reivindicación.
Cantabria necesita, con pasaporte de urgencia, una actuación decidida y seria dirigida a fortalecer y mejorar la infraestructura ferroviaria. Sobre todo para hacerla adaptable al nuevo siglo XXI. Los que utilizamos habitualmente este medio para desplazarnos, somos conocedores de las carencias y necesidades que tienen los servicios de Renfe en Cantabria. Mucho más necesario que ganar cuarenta minutos en cubrir la distancia a Madrid, es el recortar algunas decenas de minutos en los desplazamientos dentro de la región y limítrofes.
Antes de llorar por el entierro de la alta velocidad, los cántabros debemos de centrar las exigencias a Renfe en la mejora de toda la infraestructura ferroviaria
Teniendo en cuenta la sinuosidad que el trazado tiene en distintos puntos del recorrido y la situación obsoleta de las instalaciones, es comprensible que la velocidad punta de los trenes no alcance, ni con alardes de riesgo, la media que consigue en otros trazados regionales. Lo que no es lógico, ni comprensible, ni tiene justificación, es que en el año de gracia de 2011 que nos toca vivir, se tarde más de hora y media, concretamente una hora y cuarenta minutos, en cubrir los 75 kilómetros que separan a las localidades entre Santander y Reinosa. Y ese tiempo de cien minutos se cumple en el mejor de los casos. De forma paralela a la velocidad tortuga, se deben de añadir las frecuentes incidencias, con trasbordos incluidos, que sufren los viajeros de esta línea, generalmente provocadas por roturas en la catenaria eléctrica, fatigada y con estrés, debido a su estado obsoleto.
Esta situación demuestra que, antes de llorar por el entierro de la alta velocidad, los cántabros debemos de centrar las exigencias a Renfe en la mejora de toda la infraestructura ferroviaria, renovando el tendido eléctrico, mejorando el trazado de vías, y acortando el tiempo de los recorridos. Estas actuaciones junto a la incorporación de trenes confortables, es lo que Cantabria necesita con urgencia de las actuaciones de Adif.
El conseguir estos objetivos es mucho más rentable, eficaz y barato para Cantabria que el AVE. Para desplazarnos a Palencia, Valladolid o Madrid, ya tenemos el servicio del Alvia, de velocidad alta. Por cierto, cuando se acometan las mejoras que aquí planteamos, el tiempo de este tren rápido a Madrid se acortará en casi media hora.














