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El carné de conducir, la responsabilidad y el accidente

19/08/2009 11:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El accidente se atribuye al exceso, en lugar de hacerlo a la falta de responsabilidad, lo que lleva a un cambio social significativo

EL CARNÉ DE CONDUCIR, LA RESPONSABILIDAD Y EL ACCIDENTE

Hace ya 35 años que poseo el carné de conducir. Hace 3 años que se implantó el carné por puntos (12 a los conductores “expertos”) y ahora me han otorgado 2 puntos más “por saber cuidar los que tenía”, ¡Ya tengo 14 puntos en mi carné!

Observando los cambios habidos en los vehículos, las carreteras, las señalizaciones y limitaciones, las nuevas tecnologías y en el concepto de responsabilidad que ahora se abandera (bajo la asimilación de los excesos a la irresponsabilidad), no he podido dejar pasar la ocasión para realizar un pequeño balance de los últimos 35 años.

En los años 70 del pasado siglo, los vehículos de turismo carecían air bag, dirección asistida, ABS (incluso de servo freno, la mayoría de ellos), cinturones de seguridad, reposa cabezas y de la gran mayoría de elementos de seguridad que traen hoy los vehículos más simples. Apenas alcanzaban, unos pocos, los 145/150 Km/h, alcanzando la mayoría velocidades entre 110 y 135 Km/h.

Apenas existían la autopistas, no llegarían ni a 100 Km de ellas en toda España, siendo por lo tanto las carreteras convencionales de doble sentido, las de uso habitual, es más, llamábamos autovía a la carretera convencional con un arcén no inferior a 1, 5 metros y se podía circular a 140Km/h por autopistas, 120 por autovías, 100 por carreteras convencionales, 70 por travesías y 60 Km/h por las poblaciones.

Por poner un ejemplo, se anunciaba el SEAT 850 como el vehículo capaz de poder circular a plena carga (5 ocupantes, maletero lleno y una baca con carga de casi un metro de altura) a 140 Km/h adelantando camiones.

En la carretera, autovía o autopista, uno no se encontraba casi nunca limitaciones, las señales eran o bien informativas o bien de peligro, así se dejaba al conductor, como si del capitán de la nave se tratara, la decisión de adaptar sus cualidades y las capacidades del vehículo a la vía por la que circulaba, se suponía que una vez otorgado el permiso de conducir, el conductor era el responsable absoluto de las decisiones durante la conducción. Eran los jueces, si de un siniestro se trataba, quienes dirimían culpas.

Jurídicamente se producen continuos agravios comparativos

Hoy, como todos podemos comprobar, las cosas funciones de distinta manera. El conductor no tiene porqué ser responsable de sus actos, es decir, ante las continuas limitaciones y obligaciones, un conductor pude hallarse cumpliendo todas ellas y sufrir un accidente, como consecuencia de la existencia de algún error en la señalización o la particularidad del vehículo que conduce. Se trata de conductores mecánicos, no acostumbrados a ser ellos quienes tengan que autolimitarse dependiendo de cada situación por la que van pasando. Algunos se atreven a tildar de irresponsables a quienes cometen excesos, sin ser realmente conscientes de que un exceso es, simplemente, superar un límite legalmente establecido; lo que no tiene por que coincidir con un límite lógico, razonable o necesario ante una situación de fácil previsión para un conductor, los límites han de establecerse únicamente ante situaciones de difícil o imposible previsión para los conductores; ya escribió A. Giddens (asesor de Tony Blair) sobre la necesidad que tienen los individuos de confiar en los sistemas expertos, si bien, nada comentó de quienes se erigen en expertos para establecer los límites comentados.

Así las cosas, resulta incomprensible que se otorguen permisos de conducir por un lado y, por otro, que se desconfíe continuamente de quienes los poseen. Que se tengan máquinas cada vez más seguras, veloces y potentes por un lado, pero que se impongan cada vez limitaciones a la velocidad más restrictivas que nunca. Que tengamos día a día más kilómetros de fabulosas autopistas e inmejorables carreteras convencionales y, sin embargo, se bajen los límites de velocidad, tanto en los genéricos como continuamente en momentos específicos.

Todo ello acompañado de un lamentable sistema de “control” de la velocidad, donde lo único, o principalmente, que se persigue es al conductor del turismo, pues un verdadero control debería detectar a todo aquel que infringiera la norma. Quiero decir que el radar no distingue sino la velocidad y no persigue sino el exceso, por lo que aquellos vehículos o conductores (caso de los noveles) que por sus características poseen limitaciones inferiores, no serán denunciados, a pesar de llevar exceso en el punto de control, de igual manera que los vehículos con defecto de velocidad no son denunciados en el mismo punto. Jurídicamente se producen continuos agravios comparativos que, si fueran llevados al extremo, llegarían a anular el sistema por injusto, al poseer altas características de prevaricación en la aplicación.

Se trata, pienso yo, del nuevo sistema encubierto de impuesto personal, no se persigue tanto la seguridad, cuanto el dinero de la nueva figura de contribuyente que rápidamente la han hecho suya, no solo el estado sino también los ayuntamientos.

Concluyendo, es la responsabilidad la única manera de disminuir los accidentes y el hecho de poner más duras limitaciones no otorga mayor responsabilidad sino mayor miedo, especialmente económico. Quienes cometen graves excesos de velocidad, por ejemplo, no tienen ningún pudor en no informar del conductor y afrontar mayores sanciones económicas preservando así sus puntos e incluso su responsabilidad penal, eso sí, solamente aquellos con recursos económicos, es triste peso es así desde el principio de los tiempos.


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Donpacontraria (19 noticias)
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