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Carrillo y los cambios en la izquierda

18/03/2010 13:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: José Luis Valladares

Según confiesa Santiago Carrillo, en unas declaraciones que hizo a Telecinco hace unos días, la izquierda ha evolucionado mucho desde la Guerra Civil. "La izquierda -dice- ha cambiado mucho desde entonces, está desconocida, y en cambio la derecha ha cambiado muy poco". Tanto ha cambiado la izquierda desde entonces, que está completamente "desconocida". Algo que no ha sido capaz de hacer la derecha.

Para el ex secretario general del Partido Comunista, la derecha y buena parte de los obispos mantienen prácticamente, sin cambios políticos apreciables, las mismas posiciones que en el año 36. Como la derecha de entonces, el Partido Popular mantiene una oposición muy dura contra las decisiones del Gobierno actual. La dureza de esa oposición viene marcada por las críticas desmedidas, según Carrillo, a la modificación de la ley del aborto, que de una simple despenalización pasa a ser un derecho exclusivo de la mujer gestante. Otro tanto ocurre con la obstinada pretensión del Partido Popular de recuperar el debate sobre la cadena perpetua y las protestas continuas por la supuesta ruptura de la unidad de España.

Todo esto, unido a las amenazas de excomunión, por parte de algunos obispos, a quienes dieran el voto favorable al aborto, retrotrae al ex dirigente comunista, según su propia confesión, a los momentos previos a la sublevación militar de Francisco Franco. Sus palabras no pueden ser más claras: "Cuando uno ve la actitud de los dirigentes del PP, sobre todo algunos, y la actitud de una parte mayoritaria de los obispos en este país, todo eso se parece mucho a la agresividad y la dureza de la oposición de aquellos años". Y agrega, con toda desfachatez, que "ahora lo que pasa es que no hay un Ejército preparado ni dispuesto a sublevarse y en eso nos va bien".

Las antiparras de Santiago Carrillo le distorsionan totalmente la realidad. La derecha montaraz de la España actual, dice, está empeñada en acosar ciegamente al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien quiere responsabilizar de la presente crisis económica. La gestión de Zapatero, en líneas generales, es muy buena, según Carrillo: "Lo hace bien". Para el ex secretario general del Partido Comunista, esta situación, está correctamente gestionada por Zapatero. Y afirma con desenfado que no la ha desencadenado "ni él ni las fuerzas o sectores económicos españoles" sino que "es una crisis mundial".

Es evidente que Carrillo, de manera interesada, no ve más que galgos donde en realidad solamente hay podencos. De ahí que afirme, con el mayor descaro del mundo, que el Partido Popular utilice la situación económica para intentar que "Zapatero reforme el mercado laboral", pues esta es la fórmula que tiene la derecha "frente a la crisis para hacerla pagar a los sectores más débiles del país, fundamentalmente los trabajadores". Afirmar esto es una tremenda sinvergüencería, porque quien paga de verdad la crisis son efectivamente los de siempre, los más humildes, pero no porque se reforme el mercado laboral, la pagan, y de manera muy dura, porque pierden su trabajo y tienen que pasar a depender lamentablemente de las temporales y escasas limosnas que les proporciona el Gobierno y de la caridad pública.

Lo que no explica Santiago Carrillo es si ese cambio tan estelar de la izquierda es real o es un simple acto camaleónico para despistar. Pues hay indicios razonables de que, al menos parte de esa izquierda actual, sigue tan sectaria y fundamentalista como la izquierda de la Segunda República. En consecuencia, el cambio que algunos han adoptado, obligados por las circunstancias, es puramente cosmético y superficial. De todos modos, independientemente de que el cambio sea real o aparente, la izquierda intemperante y desenfrenada de entonces, que negaba a la sociedad el derecho a pensar de manera distinta a las pautas marcadas por la Rusia soviética, necesitaba un evidente 'aggiornamento' social, más acorde con las exigencias de las democracias modernas y también, como no, para homologarse con la izquierda de los países de nuestro entorno.

La derecha de aquellos años trágicos de la historia española no necesita cambiar. Ya era entonces bastante más democrática y tolerante que el incontinente Frente Popular. En un principio, fue la izquierda la que comenzó con las algaradas y desórdenes salvajes, la quema de Iglesias y conventos y la persecución de quienes pensaban de distinta forma y se permitían el lujo de tener una religión. Fueron esas izquierdas libertinas las que obligaron a la derecha a defenderse de sus ataques ciegos y desenfrenados. Pusieron tal empeño en doblegar conciencias ajenas, que hasta hicieron inevitable la propia Guerra Civil.

La derecha de la España de 1936 estaba plenamente civilizada, reconocía el valor supremo de la vida y respetaba las conciencias ajenas. Sus valores coincidían con los señalados tradicionalmente por la milenaria cultura occidental, con raíces profundas en la Roma clásica y en la Cruz cristiana. Aquella Derecha, y también la Iglesia de entonces, sabían distinguir perfectamente entre las personas y sus ideas. Algo que aún les cuesta hoy a los que, según Carrillo, tanto han cambiado. Podían atacar con dureza a las ideologías contrarias a la ética y a la moral tradicional de nuestra cultural. Pero, eso sí, respetando profundamente a las personas.

Toda la izquierda de la época republicana española, en la que militaba el entonces joven Santiago Carrillo, no llegaba a tanto. Confundía a las personas con sus ideas y sus sentimientos más íntimos y si se salían del esquema trazado por Moscú, pagaban con su vida por ello. Dirá Carrillo que se trataba de enemigos del pueblo y de la República y que ponían en peligro a la democracia popular que intentaban instaurar. Las pobres monjitas asesinadas debían ser un enemigo mortal muy peligroso. Lo mismo que tanto imberbe seminarista y otros muchos jovencitos, casi niños, que tenían la infame osadía de asistir a misa los domingos y que pagaron con su vida por semejante audacia.

Se extraña ahora Carrillo de que la derecha actual, y también la Iglesia, se hayan posicionado tan claramente contra la nueva ley del aborto. El aborto provocado, lejos de ser una señal evidente de modernidad y progreso, es una atrocidad espantosa y macabra, que repugna a la inteligencia y al más elemental sentir humano. Es algo que va contra el derecho más elemental de las personas, como es el derecho a nacer y a vivir.

Con la interrupción voluntaria del embarazo se pone fin a la vida de los seres humanos más inocentes e indefensos. Un genocidio en toda regla consentido y auspiciado por muchos de los que protestan por el maltrato dado a otros animales. Hacemos buenos a los espartanos que, de acuerdo con las leyes implantadas por Licurgo en su tierra, todos los niños que nacían con alguna tara física eran despeñados desde lo más alto del monte Taigeto. El aborto en sí es un asesinato en toda regla de un ser humano indefenso, y semejante acto de barbarie es calificado por esta izquierda que padecemos como algo progresista y digno de alabanza. Hace falta tener una inteligencia muy roma y un corazón más duro que el de una fiera salvaje.

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