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El castillo de san jorge - sede de la inquisición en el pasado, ejemplo de tolerancia en el presente

31/01/2010 21:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El pasado fin de semana estuve paseando por las entrañas de Sevilla. Un viaje que me costó un desgarro emocional del que aún no me he recuperado

Estos tres últimos días han sido bastante intensos. El viernes, estreno de NINE, película con la que disfruté plenamente pero que me removió muchas de esas cosas que están por ahí dentro y que a veces no conseguimos ni ponerle nombre. La culpa puede que sea del subconsciente y de los hilos múltiples de los que tira una experiencia, provocando un enredo difícil de digerir. Pero de eso os hablo luego...

Quiero que todo el protagonismo de este post se lo lleve el Castillo de San Jorge ubicado en la barriga del barrio de Triana. Sus orígenes datan de la época romana aunque no fue hasta la etapa musulmana que se incrementó la población en torno a esa zona, lo que propició su construcción en el s. X.

Antiguo arrabal y guarda de la ciudad de Sevilla por su estátégica posición en la otra orilla del río Guadalquivir, se convirtió en la puerta de entrada a las fértiles tierras sembradas de cereales, vides y olivos que formaban parte del Aljarafe -que significa "proveedor de agua" en árabe-. Además, era la primera parte de un camino que conducía hacia Huelva y la sede del puerto comercial -última defensa de la ciudad antes de alcanzar sus murallas-.

Por cierto, ¿os he dicho alguna vez que yo soy de la Puerta Real -llamada también de Goles- que os señalo en el detalle del grabado de 1585 de Ambrosio Brambilla? Otro post os contaré la historia de las Murallas y las Puertas de Sevilla. Esto es lo que queda actualmente de esa Puerta.

Para llegar desde Sevilla hasta la otra orilla se construyó el Puente de Barcas en 1171, cuando la ciudad estaba al mando del califa Abu Yacub Yusuf, lo que supuso un importante incentivo al crecimiento urbano del entonces arrabal, al conectarlo con Sevilla y con la actividad portuaria. El lugar estaba entonces delimitado por una rambla que corría, por lo que hoy es la calle Pagés del Corro.

Tras la conquista castellana -con ataque incluido al castillo y al puente por el ejército de Fernando III el Santo que, por cierto, es el patrón de Sevilla- la Orden de San Jorge se instaló en el Castillo donde se construyó la primera parroquia de Triana. Más tarde (s. XV), durante el reinado de los Reyes Católicos, el Castillo pasó a ser sede del Tribunal de la Inquisición durante tres siglos -que se dice pronto-.

Entrar allí es realmente asfixiante -y puede que el que yo sea de Sevilla me hiciera estar más sensibilizada a toda la injusticia que la ciudad vertió sobre los "diferentes" en aquel lugar-. Qué experiencia pisar ese suelo preñado de piedras, conservadas tal y como eran desde el principio, al igual que los restos de paredes, azulejos, arcos.. donde irrumpieron los gritos de los torturados. No es dificil intuir el sufrimiento de quienes fueron allí encarcelados, ultrajados, asesinados por el juicio de valor y el abuso de poder de quienes se creían en posesión de una única verdad que no merecía réplica alguna. En nombre de la religión, de la buena moral y costumbres. Allí permanecen los restos de unas vidas que fueron cotidianas durante generaciones: la casa del portero, las cuadras, las casas del nuncio y el notario, la cocina, la bodega, la casa del primer inquisidor o la de los familiares de los inquisidores.

Es imprescindible terminar la visita en el Mercado de Triana. Pasear por sus calles y purificarse con los olores que desprenden las especias: canela, cardamomo, cilantro..

Asomarme a esa ventana desde donde se divisaba el Mercado de Abastos de Triana fue el respiro necesario para seguir el trayecto de la historia de un barrio donde miles de víctimas inocentes perdieron sus vidas ante la indefensión de sus causas. Muchos huyeron de sus hogares, familias, cultura, para salvar sus vidas y probablemente nunca lograron volver antes de morir por miedo a la hoguera. Me duele el alma cuando pienso en ello pero no quiero eludir ese sentimiento porque hoy día en otros lugares del Planeta se siguen vivenciando esas historias de injustas muertes por causas egoistas en pos del poder de unos pocos desalmados.

Me he hecho el propósito de volver aquí, a las entrañas de Triana, Sevilla, para que me siga doliendo y mientras viva... posicionarme junto a la causa de los indefensos, de los que son diferentes a quienes se creen con el derecho de arrebatar vidas como si fueran dioses o elegidos.

En fin. Ya os lo advertía al principio de este post. Llevo todo el fin de semana despellejándome por dentro. Cuando salimos del Castillo nos fuimos al mercado que está construido arriba. Desde allí me asomé, en sentido inverso a como lo hice desde abajo. Ahí está la historia, a la vista, para que todo el mundo se asome aunque no entre y no olvide nunca lo que allí está enterrado. Quizás así la historia no se vuelva a repetir...

Al estar tan cerca del río, el Castillo, y toda la zona, no dejó de sufrir los efectos de sus continuas inundaciones sobre todo en los s. XV y XVI. Ya en 1854 se construyó el puente de Isabel II, conocido popularmente como "el de Triana", sustituto del antiguo puente de barcas.

Nine el viernes, y 8 y medio de Fellini el sábado. La tenía en casa y no podía dejar de verla de nuevo. Tchaikovsky forma parte de su Banda Sonora -mi clásico favorito y al que llevo escuchando todo el finde-. Guido, su protagonista, es un hombre atormentado que navega por su pasado e inventa historias mientras escapa de un presente atormentado. La agonía del creador es una bajada a los infiernos necesaria donde reencontrarse con sus más temidos demonios para poder emerger con la sensatez necesaria que le permitan vivir su vida y crear su obra.

Os recomiendo ambas movies y la visita al Castillo de San Jorge.

Ni qué decir que es imprescindible terminar la visita en el Mercado de Triana. Pasear por sus calles y purificarse con los olores que desprenden las especias: canela, cardamomo, cilantro... comprarse unos hongos y hacerse un delicioso revuelto tras las tapitas (divinas espinacas con garbanzos y sangre encebollada, por ejemplo) y el vino/cerveza de rigor en el bar del mercado... Disfrutar de lo que se nos ha dado y dar gracias...

Más fotos en información en: http://tupersonalshopperviajero.blogspot.com/


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