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Cataluña y el derecho a decidir: ¿golpe de estado?

24/05/2019 18:18 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un golpe de Estado se produce cuando hay una acción violenta llevada a cabo por fuerzas militares o rebeldes que busca quedarse con el gobierno de un Estado

Igual que ocurre en el campo de la medicina, en política la importancia de acertar en el diagnóstico de los conflictos es fundamental, si queremos encontrar la prescripción del remedio adecuado que cure al paciente. Los hechos del 1 de octubre de 2017 en Cataluña no fueron un golpe de Estado. Por lo que no se le puede administrar al paciente un correctivo tal. Calificarlo pues de alzamiento es un reduccionismo que subestima la verdadera profundidad del problema y no pretende buscar una solución definitiva.

De entrada, ¿qué es un golpe de Estado? Algo tan sobrecogedor que lo reconocemos cuando lo tenemos delante, No me cabe duda de que nadie en este país dudó por un instante de lo que estaba haciendo Tejero, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados. Con este argumento, ¿cabe calificar el 1-O de golpe de Estado, motín o asonada, cuando la realidad es que un porcentaje elevado de la ciudadanía tiene dudas? Está claro que no, los elementos subyacentes en el fenómeno catalán exigen, cuando menos, un análisis más amplio de lo acaecido y de la situación.

En España, desafortunadamente, tenemos una larga tradición de golpes de Estado, quizás por eso mismo, cuando se da esta situación nadie lo duda. Por citar algunos indudables, el del general Elio (1814), el del general Prim (1866), El de Pavía (1874), el del general Primo de Rivera (1923), El del general Franco (1936). No obstante, si nos atenemos a lo que dice Kelsen sí que lo sería: “una revolución, en el sentido amplio de la palabra, abarca también el golpe de Estado, y es toda modificación no legítima de la constitución –es decir, no efectuada conforme a las disposiciones constitucionales–, o su reemplazo por otra. Es indiferente que esa modificación de la situación jurídica se cumpla mediante un acto de fuerza dirigido contra el gobierno legítimo, o efectuado por miembros del mismo gobierno; que se trate de un movimiento de masas populares, o sea cumplido por un pequeño grupo de individuos.”

Pero, según la definición estándar, un golpe de Estado implica necesariamente el ejercicio de la violencia o la amenaza de coerción forzal. Otros parámetros también críticos y hallables en las teorías clásicas del golpismo hacen referencia así mismo al secretismo usado en la preparación del complot, así como a lo súbito e inesperado de su ejecución. Esto no sucedió en el caso catalán, donde se vino anunciando con mucha anterioridad la convocatoria de un referéndum previo. Esta ostentación pública de sus intenciones y una ausencia total de violencia, permite a los promotores de la independencia de Cataluña denegar plausiblemente la acusación, y con evidente éxito más allá de nuestras fronteras.

Puestos a hablar de golpes, la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut quizás materialmente también fue un golpe de Estado

El proceso separatista es más bien un movimiento de masas, con atributos políticos, sin duda, pero retroalimentado por el activismo de miles de personas convencidas de su legitimidad, cuyo compromiso con la causa facilitó la creación de un vacío de poder estatal que fomentó la deslegitimación del Estado. A lo que el gobierno de entonces del Partido Popular ayudó por interés propio con su reiterada negativa al diálogo y con su pasividad absoluta ante una situación cada vez más tensa.

De ahí que poner el énfasis en representar el problema como un golpe de Estado, no aporta la solución, ya que se cae en la simpleza de tomar una parte del conflicto por el total del mismo. La naturaleza del movimiento separatista catalán tiene más elementos en común, por ejemplo, con el proceso de movilizaciones que desembocaron en el derrocamiento de la Dinastía Pahlaví bajo el sah Mohammad Reza en 1979 que con el 23-F de Tejero. De igual manera que ese Viernes Negro iraní, el 1-O fundamentó las condiciones perfectas para que la reacción policial innecesaria y sobreactuada precipitase la derrota del Estado en Cataluña, y por consiguiente la victoria revolucionaria del separatismo. Pero lo peor, es que esta misión colectiva en aumento no tiene visos de desaparecer, y con o sin mártires de la revolución en prisión, la única solución posible es la vía del diálogo. No olvidemos, y puestos a hablar de golpes, que la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut fue, efectivamente una sentencia formal, pero quizás materialmente también un golpe de Estado contra ellos.

Resumiendo, el Estatut de Cataluña no es sino el del PP a través del Tribunal Constitucional, y por supuesto, contra la manifestación de voluntad formulada por el Parlament y pactada con las Cortes Generales. Cataluña es la única nacionalidad de todas las que integran España a la que se ha sometido a tal humillación. La única que ejerce su derecho a la autonomía con una norma impuesta por el Tribunal Constitucional a instancias del PP, cuando hay una norma aprobada por sus representantes elegidos democráticamente y pactada con el Estado. ¿Por qué de esto no se habla? ¿De verdad es tan difícil de solucionar? Quizás es que no hay voluntad política y muchos tienen demasiadas cosas que esconder. Y que todavía haya que leer artículos escritos bien por intolerantes, bien por redactores poco instruidos, bien por pura necesidad de crispar, donde se llama golpista a gente, que tal vez, sí han actuado al margen de la legalidad constitucional, y tendrán que pagar por ello, pero, ¿por sedición? Veríamos que harían estos mercaderes de la mentira, buhoneros del enredo, mercachifles del despiste si alguien les quisiera quitar su cultura, su lengua y su idiosincrasia a golpe de engaños y trampas.


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Aicrag (235 noticias)
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Pujol (24/05/2019)

También la aplicación del artículo 155 en Catalunya podría ser considerado un golpe de Estado.