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Cayo César Zapatero

20/07/2009 06:52 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

–¿Pepiño…? Soy Zapatero y te ordeno que vengas a la exedra inmediatamente. –¿A la qué…? –A la exedra, consium, a la sala de reunión para sentarse y conversar de La Moncloa

–¿Pepiño…? Soy Zapatero y te ordeno que vengas a la exedra inmediatamente.

–¿A la qué…?

–A la exedra, coño, a la sala de reunión para sentarse y conversar de La Moncloa.

–¿La que está al lado del vestíbulo…?

–No se dice así, se dice vestibulum; pero donde quiero que vengas es a la exedra que está junto al perystilum.

–Oye, amado líder, ¿tú le habrás estado dando al tinto o a la marihuana hoy, por casualidad?

–¡Huy lo que ha dicho el traidor, digo el defêctor este! Estoy en plenas facultades físicas, mentales y espirituales, así que deja de decir tonterías y ven ya. Y tráete a Leire Pajín, la sacerdotisa máxima. (…)

–Vaya, por fin habéis llegado a mi tablinum o tabulimun. Pues veréis…

–¿Y ese trapo que llevas puesto, presidente?

–No es un trapo, ignorántibus, sino una túnica romana. Que está muy relacionado con lo que quiero proponeros. Veréis, vosotros dos habéis sido los fieles colaboradores que me habéis aupado a ser Emperador de las Españas…

–¿Emperador…?

–Sí, Pepiño, Emperador, y además máximo. Y el otro día, cuando pronuncié aquello tan hermoso de que mi modelo de financiación autonómica “crea un verdadero Estado de las autonomías”; porque hasta no venir yo esto de las autonomías era un caos y un crujir de dientes, pues me dije: Zapatero, tú no mereces ser recordado como un simple Emperador, sino como un dios. Un dios laico, por supuesto. Y entonces he revisado la Historia de la ESO, y me he encontrado con que Calígula se hizo nombrar dios como si nada; y yo quiero lo mismo. ¿Qué os parece?

–Pues una pendejada, ¡qué quieres que te diga! Y además una pendejada máxima augusta.

–Ya está, Pepiño, ya me has llenado la cachimba: desterrado a las galeras durante diez años. Y antes de salir de Palacio, que te den 20 latigazos. ¡Guardias! Llévense de aquí a esta res, ei, o sea cosa. ¿Y tú qué me dices, Leire?

–Pues qué te voy a decir, amado rey y señor: que mereces ser dios y que se te levanten arcos conmemorativos y templos por todo el territorio nacional, digo de las Españas, digo de lo que queda de España.

–Bueno, lo de los arcos conmemorativos ya los tengo; que no sé si te acuerdas de los prodigiosos paneles del Plan Zapatero. Pero, claro está, en mi condición de dios, pues necesito incienso y mirra y más vasallaje. Unos cuantos templos en mi honor, todos llenos de capiteles y columnas dóricas, por ejemplo, pues colmaría en principio mis delirios de grandeza... Digo harían justicia a mi munificencia y esplendor. La pena es que no tengo caballo para nombrarlo cónsul como hizo Calígula con el suyo. ¿Tú crees que valdría lo mismo que nombrara a Carod Rovira cónsul?

–¡Y tanto! Y además Carod estaría encantado; ya que no hace otra cosa que crear embajadas de Cataluña por todo el orbe planetario.

–Pues nada, dejo en tus manos los primeros plenos del Congreso y Senado para que me nombren dios. (Y lo más que me gusta de todo esto es que podré instaurar la esclavitud, y traerme a Mariano Rajoy de esclavo palanganero.) Yo, solamente yo, y nadie más que yo, el Dios Cayo César Zapatero… ¿A que suena bien…?

–Una barbaridad, su altísimo. Y ahora mismo voy a anunciarlo a los medios afines, que son todos por otra parte. (…) Españoles y españolas, todos y todas: “Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta”: la subida a los alteres laicos del dios máximo Cayo César Zapatero. Ante lo cual, la presidencia de Obama en EEUU es una gilipollez planetaria. Y ahora repitan conmigo: Zapatero es dios, y Leire Pajín su profeta.

–Sí claro, porque tú lo digas monina. ¿Y yo qué?

–(¡Huy, la Mari Tere de La Vega!) A ti te habíamos reservado el puesto de suma sacerdotisa horroris causa, digo honoris causa, en el templo de la M-30 de Cayo Zapatero. Con derecho a celebrar sacrificios y ofrendas florales a nuestro amado dios.

–¿Y eso está bien pagado y puedo seguir llevando mi tren apoteósico de estrenar trajes tres veces al día…?

–Traje no, ya ves tú: a partir de ahora llevaremos túnicas todos y todas. Será un acontecimiento histérico, digo histórico, y planetario.


Sobre esta noticia

Autor:
Juan Padron Sabina (56 noticias)
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Tipo:
Opinión
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