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En el centenario del cobarde asesinato del General Emiliano Zapata Salazar

11/04/2019 00:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El General nunca negoció con el enemigo, nunca se rindió; su pelea la entendió como un servicio al pueblo, sí, al pueblo, a ese ente milenariamente golpeado, denostado, humillado y esclavizado

Vivimos tiempos donde existen personajes que se autoproclaman como líderes transformadores, que se visualizan siendo alzados sobre hombros en el altar de la Patria y que ambicionan con dejar su sello en la memoria eterna de la vasta historia de México.

Y es precisamente en este contexto que hoy, 10 de abril de 2019, recordamos el cobarde asesinato del General revolucionario, Emiliano Zapata.

Hablar de Zapata es recordar a un hombre íntegro, ideológicamente congruente, valiente, pero sobre todo, sensible al sufrimiento del pueblo. A diferencia de los pseudo caudillos modernos, el máximo dirigente del Ejército del Sur no deseaba el poder para sí mismo, su lucha era verdadera, era por los campesinos, por los desposeídos, por los olvidados.

Para Emiliano Zapata no existía la palabra transformación, para él, revolucionar era la única opción. Lo anterior entendiendo la transformación solo como un cambio de forma de un sistema político, por su parte, la revolución como el desplazamiento total del sistema para crear uno completamente nuevo.

El General nunca negoció con el enemigo, nunca se rindió; su pelea la entendió como un servicio al pueblo, sí, al pueblo, a ese ente milenariamente golpeado, denostado, humillado y esclavizado. Para el Caudillo del Sur no hubo nunca medias tintas, nunca se desdijo ni mucho menos engañó. Su guerra fue frontal y enarbolada con una ideología que mantuvo aún frente a las balas traicioneras que atravesaron su cuerpo.

Es válido el grito de: ¡Zapata vive! Pero no desde los discursos vacíos ni desde la actitud trivial de quienes ostentan el poder, Zapata vive en la vegetación de la selva cañera, en el viento de Cuautla, en el agua de Xochimilco, en el abrasador sol de Cuernavaca y en cada surco que el campesino crea en la tierra para sembrar.

Hace 100 años las metrallas de la infamia acabaron con la vida de uno de los más honorables hijos de la Patria, un mexicano que desafió al poder con fusil en mano sin importar que con ello le fuera la vida. Hoy más que nunca se le debe recordar para entender los ideales de un movimiento que no pedía limosnas ni regalos, solo exigían que la tierra fuera de quien la trabaja.

¡Viva Zapata!


Sobre esta noticia

Autor:
Rubén Salazar E. (11 noticias)
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Tipo:
Opinión
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