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"Nuestros centros tienen que renovarse profundamente por dentro’

18/07/2009 20:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Asociación ‘ Escuela y Autogestión'ha puesto en marcha recientemente, en colaboración con CCOO de Enseñanza de Madrid, un Seminario dirigido a los IES de Vallecas y Puente de Vallecas. Este Seminario comenzó con una ponencia, que corrió a cargo de Juan Manuel Escudero Muñoz (Catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Murcia) titulada ‘ Situación actual de la Educación Secundaria en nuestro país. Aprovechando la presencia de este profundo conocedor del sistema educativo de nuestro país, le planteamos una serie de cuestiones.

P.- Actualmente están apareciendo algunas iniciativas en las comunidades educativas de barrio, de distrito… que, mediante un trabajo de colaboración con los centros escolares, asumen una tarea de corresponsabilidad en la formación y promoción de los jóvenes, abordando situaciones de abandono escolar temprano, de riesgo escolar y social… ¿Qué papel pueden desempeñar este tipo de iniciativas?

R.- Garantizar de modo efectivo el derecho a la educación de todos los alumnos y alumnas en la educación obligatoria es una tarea extremadamente difícil y desbordante para una escuela solitaria y desconectada de otras fuerzas y agentes sociales. Si se quiere caminar en esa dirección -y es preciso hacerlo- hay que conjuntar muchas energías, imaginando y promoviendo nuevas redes y alianzas escolares y sociales, creando redes comunitarias, cercanas a los centros, generadoras de proyectos y relaciones dirigidas a que ningún niño o adolescente quede fuera.

P.- En grandes pinceladas, ¿Cuáles serían las posibilidades que ofrece a nuestros estudiantes la actual Educación Secundaria Obligatoria? y ¿Cuáles serían sus lagunas?

R.- Desde hace poco más de una década, nuestro sistema educativo ha conseguido garantizar plazas escolares para todos los menores, superando el reto, nada fácil, de garantizar un acceso democrático y más tiempo de permanencia en la educación formal. Pero eso no basta. El verdadero desafío es que el tiempo que nuestros chicos pasan en los centros sea importante y significativo en sus vidas y aprendan lo que consideramos imprescindible para desenvolverse con dignidad como personas y como ciudadanos.

Nuestros centros tienen que renovarse profundamente por dentro. Han de ser mucho más sensatos en el modo de organizarse, más responsables en el modo de funcionar, y mucho más parecidos a escenarios culturales y de relación donde los más jóvenes descubran el valor y el sentido de aprender. Entre las grandes lagunas, podemos mencionar: el currículo escolar sobrecargado, nocional y demasiado abstracto, que proporciona pocas posibilidades para aprender con profundidad, y también esa renovación siempre pendiente en los modos de enseñar, así como la ausencia de aquellas relaciones personales y sociales basadas en el cuidado y la atención a tantas ‘ diversidades' que hay que tener en cuenta para personalizar mucho más los apoyos efectivos a que ‘ todos' puedan aprender lo necesario e irrenunciable.

P.- En la reciente historia de incorporación de la Educación Secundaria Obligatoria a nuestro sistema educativo ¿Qué momentos, hitos o circunstancias deberían invitarnos a la reflexión y por qué?

R.-Por diversas circunstancias sociales y políticas, la ESO empezó con mal pié. Incluso en sus primeros pasos y antes de explorar sus posibilidades, estuvo bajo sospecha y destinada a modificarse, tal como hizo la LOCE. Además, hoy podemos albergar dudas razonables acerca de si los Institutos de Secundaria, por sus dimensiones y estructuras y, sobre todo, por la pervivencia de una cultura institucional y profesional poco favorable a la democratización de la educación obligatoria, eran las organizaciones educativas más idóneas para hacerse cargo de esta etapa educativa.

En estos años, no hemos sido capaces de contrarrestar inercias del pasado, afrontar problemas emergentes y levantar el vuelo. Esta etapa educativa no cuenta hoy por hoy con alas suficientes para perseguir altas aspiraciones educativas ni para movilizar todos los registros que son necesarios para ir haciendo el camino de una buena educación justa y equitativa.

Esa meta es irrenunciable para un país como el nuestro, pero no basta con declararlo, sino que hay que empezar a tomarse en serio la creación de las mentalidades y las condiciones imprescindibles para ir alcanzándole poco a poco, sin distracciones ni pausas.

P.- ¿Cuál sería el papel que deben cumplir las administraciones para asegurar el derecho a la educación de nuestros jóvenes? y ¿Qué opinas de la expresión de ‘ objetor escolar', otorgando a los menores la capacidad de renunciar al derecho a la educación?

R.-Esa lamentable expresión se propagó especialmente en el contexto de la LOCE, acaso de forma un tanto anecdótica, pero no por ello menos sintomática. En realidad, transmite un supuesto que todavía tiene más cancha social, institucional y profesional que la que sería deseable. Lo que viene a decir es que hay alumnos que no quieren aprender y que, por lo tanto, no se les puede enseñar. Sus implicaciones más injustificadas llevan a sostener que la escuela y la educación pueden acer muy poco, prácticamente nada, con quienes no tienen intereses y capacidades, tal como la cultura tradicional entiende estos conceptos. Es una forma de tirar la toalla, de descargar toda la carga de la prueba sobre el esfuerzo y la motivación del alumnado, dejando fuera de consideración lo que los centros, el profesorado y otros agentes han de asumir y acometer.

Y, por supuesto, las administraciones educativas han de ser congruentes: no pueden deshacerse en retóricas biensonantes y luego dejar de arrimar el hombro y contribuir a que otros lo arrimen.

P.- Para explicar la situación actual de la Educación Secundaria Obligatoria, ¿Qué decisiones, prácticas, usos y creencias presentes en nuestra política educativa y en las prácticas de las escuelas consideras más responsables?

R.-Lo que está pasando en la ESO y lo que los alumnos están o no aprendiendo es algo que, desde luego, depende de muchos factores; muchos de ellos son ajenos a los centros y al profesorado. Si los contenidos que hay que enseñar y los libros de texto son más importantes que los estudiantes, sus aprendizajes y el significado que tiene para ellos su paso por la educación; si las evaluaciones sirven más para calificar y clasificar al alumnado que para ayudarles a aprender; si hay una cultura del lamento en lugar de una de posibilidad; si los centros son cualquier cosas menos organizaciones vivas donde se observa, reflexiona y se va aprendiendo provechosamente de la experiencia, será difícil que el estado actual de cosas mejore.

P.- ¿Qué papel están teniendo algunas decisiones de política administrativa, en torno a desregulación de la tarea de los centros y del servicio público que deben prestar las instituciones escolares… ?

R.- Un objetivo tan urgente, pero tan complejo, como garantizar a todo el mundo la educación debida, no puede dirigirse de forma lineal y jerárquica desde las administraciones educativas. Los centros y el profesorado han de contar con un amplio espacio de autonomía dentro del cual habrán de moverse con responsabilidad.

Por eso hace tiempo que se viene diciendo que, en materia de educación, hay que combinar ciertas dosis de descentralización con otras de razonable centralización. Lo que es del todo insensato es la desregulación salvaje, la indiferencia y dejación de parte de los poderes públicos. Aquellas políticas que consienten o hasta promueven la fragmentación del sistema, la dualización entre educación pública y educación al gusto de ciertos centros y clientes, son, a mi entender, una muestra de irresponsabilidad, no sólo educativa, sino también social. Garantizar como es preciso el bien común de la educación requiere fortalecer la educación y la escuela pública, no debilitarla.

P.-¿Estaríamos en condiciones de romper y modificar la influencia de determinados factores sociales, económicos, de formación académica de las familias en el éxito escolar de nuestros estudiantes? A tu juicio ¿Qué elementos del sistema escolar deberían modificarse?

R.-Si realmente nos lo proponemos, podemos conseguir que el destino educativo de nuestros niños y jóvenes no esté tan marcado como hasta la fecha por su origen familiar, cultural y social. Otros lo han hecho y nosotros también podríamos hacerlo. Sin desconocer que hay muchos factores externos a los centros y aulas que influyen poderosamente sobre el éxito o el fracaso escolar, es preciso afrontar el presente y el futuro con claridad de propósitos defendibles, sensatez en los modos de hacer las cosas y capacidades y compromisos que permitan ir haciendo el viaje de forma inteligente.

Éste es un momento propicio para plantearse con radicalidad qué vale la pena enseñar en nuestros centros, qué renovaciones pedagógicas han de irse abriendo camino en nuestros afanes de que los estudiantes se sientan bien en los centros, cuenten con una buena red de relaciones, se esfuercen y logren buenos aprendizajes intelectuales, personales y sociales. Entre otros muchos aspectos, hemos de prestarle mucha más atención a la profesión docente, a su formación inicial y continuada, al modo en que este trabajo social y cultural es y debiera ser vivido por quienes lo ejercen. Sin este resorte, cualquier buen afán renovador estará condenado de antemano al fracaso.

P.-¿Cómo defines el ejercicio de la autonomía de los centros para la mejora de los aprendizajes en nuestros estudiantes?

R.-En el sentido antes indicado. Aunque pueda sonar raro, nuestros centros han de caminar hacia el horizonte de llegar a ser comunidades de profesionales que discuten y comparten seriamente ciertos valores, principios y acuerdos básicos sobre los contenidos y los aprendizajes, donde se concierten y exijan compromisos sobre cómo enfocar la enseñanza y el aprendizaje, se rinde públicamente cuentas de qué se hace y cuáles son los resultados, y se van tomando decisiones pertinentes para avanzar en la provisión del derecho debido a la educación. Tenemos que poner la vista en centros como organizaciones vivas, no burocráticas; inteligentes, no rutinarias; acogedoras, no despersonalizadas; éticamente responsables, no autosuficientes.

Entiendo que esas son algunas de las claves con las que entender y promover la autonomía de los centros. Por su parte, las políticas de las administraciones han de ponerse a su servicio fortaleciéndola y exigiendo la rendición de cuentas precisa para asegurar una buena educación realmente democrática.

P.-Proliferan en nuestro sistema escolar un conjunto de programas especiales, itinerarios de aprendizaje, escuelas de segunda oportunidad… que pretenden ‘ paliar' el fracaso generado por el sistema escolar regular ¿Cómo valoras esta línea de actuación presente en las políticas y prácticas educativas de nuestro país?

R.-Cuando, desde los primeros pasos y el progreso por la escuela, no se apuesta de modo efectivo por una política garantista y preventiva, lo que termina sucediendo es lo que cada día tenemos la ocasión de comprobar: a medida que se avanza por la pirámide escolar, más y más estudiantes quedan fuera del currículo y aulas regulares. En nuestro país, las cifras al respecto son escandalosas.

Está bien reaccionar, aunque sea tarde, con medidas como esas para paliar el fracaso y la exclusión. Pero el reto está en qué hacer para prevenir el desenganche escolar, el sin sentido de lo que se aprende, los deseos que tienen muchos estudiantes de dejar cuanto antes una escuela en la que no se encuentran ni les aporta nada significativo.

No se mejora la educación arbitrando un bosque de medidas esporádicas y marginales, sino replanteando en lo que procede el currículo y la enseñan regular en la que ha de caber todo el mundo, particularmente en la educación obligatoria.

P.- Con respecto a la formación del profesorado ¿Cuáles serían las competencias profesionales a promover y cómo construirlas? ¿De qué creencias y valores deben hacer gala las prácticas docentes para ser consideradas auténticamente profesionales?

R.-Me parece esencial que los profesores crean firmemente en el valor de la educación como un derecho esencial de todo el alumnado, no sólo de los más capaces y motivados. Sin ello, todo lo demás pierde sentido. Eso significa entender y vivir la profesión en claves éticas y sociales. La práctica totalidad de los niños que entran en la escuela llegan expectantes y dispuestos a aprender. Con eso hay que contar, expandirlo, cultivarlo.

Cuando se hace lo adecuado, todos pueden aprender lo esencial. Creo, además, que hay que seguir insistiendo en humanizar las relaciones pedagógicas, imprimiéndoles el sentido del cuidado personal y de responsabilidad que nos toca a los adultos ofrecerles. Los docentes tenemos que renovar nuestras concepciones pedagógicas de acuerdo con esos presupuestos y aprender nuevas capacidades para introducirles en la aventura del saber, utilizando sensatamente las enormes posibilidades que las Nuevas Tecnologías ponen a disposición. Y, desde luego, tenemos que reforzar de modo efectivo la idea de la profesión docente como una tarea colegiada.

P.- ¿Qué elementos de la formación permanente del profesorado, en nuestro país, siguen sin contemplarse de manera suficiente?

R.- Faltan no sólo algunos elementos, sino que, en el caso de la formación del profesorado de Educación Secundaria, está todavía por llegar un modelo de conjunto aceptable. El descuido en esta materia es difícil de entender. A ver lo que da de sí el nuevo Máster, y a ver lo que la Universidad y los centros somos capaces de hacer, pues tenemos al respecto demasiadas asignaturas pendientes. Por su parte, la formación continuada del profesorado tiene que ser mejorada sustantivamente. A ver si llegamos de veras a que sea entendida como un derecho al que se responde con una formación de calidad, y como una obligación inherente a la condición docente. Cualquier profesión hoy en día necesita reconstruir ideas y capacidades, y esto es un imperativo también para todo el profesorado, no sólo para los voluntarios. Cualquier docente tiene que contar con conocimiento valioso con el fundamentar bien el ejercicio de la profesión, conocer y explorar buenas prácticas, aprovechar las oportunidades de acceder a esa experiencia contrastada y dedicarle tiempo a investigar, observar, reflexionar e ir mejorando los modos de trabajar y el aprendizaje del alumnado. Sin que los docentes aprendamos nuevas herramientas conceptuales y prácticas para el ejercicio de la enseñanza, no será posible facilitar los aprendizajes necesarios de los estudiantes, de todos y cada uno de los que asisten a nuestros centros y aulas. Mejorar la formación equivale, a fin de cuentas, a fortalecer la profesión, y no sólo en su ejercicio, sino también en el modo de pensarla y vivirla por quienes nos dedicamos a ella.

P.- ¿Qué características deberían incorporar las relaciones entre adultos y jóvenes dentro las instituciones educativas?

R.-Cada vez hay una conciencia mayor sobre este aspecto. Tejer una red de relaciones personales y sociales adecuadas, estimulantes, respetuosas y al tiempo exigentes, es uno de los registros más decisivos en la experiencia escolar de nuestros niños y jóvenes. Tiene una importancia singular en la ESO, que es una etapa crucial en la construcción de la identidad personal y social, no sólo académica, de nuestros adolescentes. La atención y el cuidado, estar al lado de, mostrar interés, conocer y valorar su mundo dentro y fuera de los centros, son factores que pueden llegar a ser críticos para muchos estudiantes, sobre todo para los que pertenecen a mundos de referencia que están más alejados del universo representado por la cultura escolar.

Las relaciones personales y sociales pueden ser uno de los puentes de tránsito obligado para que muchos adolescentes no se desenganchen y lleguen a fracasar. En este mismo sentido, las relaciones sociales que se organicen para mejorar su calidad de vida en los centros para que aprendan han de dar cabida a actores y colectivos que están más allá de la escuela. Por eso, volviendo a una pregunta del principio, es preciso repensar imaginativamente las alianzas entre los centros, el profesorado, las familias, el asociacionismo ciudadano y los movimientos sociales. Todo ello tiene que ser pensado y organizado de forma que todos los alumnos cuenten con adultos, quizás también con otros compañeros, que sean puntos claros de apoyo, solidaridad y referencia, dentro y fuera de los centros.

P.- ¿Y cómo hacerlo?

R.-Soy consciente de que es más fácil decirlo que conseguir una red sólida y diversificada de capital social en torno al propósito de garantizar la educación debida a todos nuestros niños y jóvenes. La crisis de lo social y la fragilidad de la sociedad civil hoy en día lo hace todavía más complicado. Pero ése es un horizonte que inexcusablemente hay que tener en el punto de mira. Tendremos que ir consiguiéndolo con creatividad y sentido de la urgencia ética y social, pues es preciso que nuestros centros y docentes cuenten, asimismo, con una red de mayores respaldos sociales que los que hoy por hoy están a su disposición. Obvio es decir que, dentro de esa red, a los poderes públicos les toca tomar la iniciativa, aportar sus propios compromisos y esfuerzos, bajando al terreno de lo cotidiano y asumiendo el liderazgo que les toca por principios éticos y sentido de la responsabilidad. También la Administración educativa ha de ser un modelo de organización inteligente. No estaría de más que, al menos por unos años, dejen de lado la obsesión por regular burocráticamente (y, desde luego, por desregular irresponsablemente), concentrando sus energías en hacer los deberes que le corresponde en hacer posible que todos nuestros alumnos vivan provechosamente y aprendan lo que es preciso en su paso por los centros y las aulas.

Fuente: Periódico Escuela 18jul09


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Autor:
Juanjoll (288 noticias)
Fuente:
aupv.net
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Reportaje
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