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Ciberlimosna insidiosa

26/04/2010 16:51 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Crear un espacio virtual, un programa de televisión o cualquier otro medio, para utilizar con ánimo de lucro situaciones de precariedad, mendicidad o supervivencia debía estar tipificado en el Código Penal

Le ha debido resultar gracioso y gratificante al individuo llamado Rafael Rodríguez (presunto valenciano, presunto psicólogo y presunto locutor de radio) crear un espacio virtual para denostar el ejercicio de la mendicidad. Digo presunto porque si yo fuera valenciano, psicólogo o locutor de radio, tendría náuseas al compartir origen y oficio con semejante alimaña. Me explico: respeto su libertad de entrar en el tema que le parezca, comparto tratar el mismo con ciertas dosis de buen humor e ironía (yo mismo lo practico), pero no puedo dejar de responder a su “filosofía”, insultante con un colectivo que merece tanto respeto a su dignidad como los presuntos atributos del tal Rafael. A sus propios predicamentos (categorías a que se reducen las cosas: sustancia, cantidad, cualidad, acción, pasión, lugar, tiempo y hábito) me remito para argumentar mi cólera.

Afirma el susodicho que “creo en la gente y me he propuesto vivir sin trabajar. Para ello te pido dinero”. Claro que sin tomarse la molestia de poner cara de circunstancias ni la vergüenza de estirar la mano. Pues le participo (iba a cometer la insidia de tildarle de muy señor mío) que la libertad de expresión no alcanza al límite de calificar de imbéciles a sus congéneres “creo en la gente”, no es de recibo sino de lástima su finalidad de “vivir sin trabajar” y que la circunstancia de poner cara de pena y extender la mano obedecen a eso: estar triste y efectuar el gesto de estar necesitado.

Abunda en su intención de “llamar la atención de la gente sobre el negocio del donativo” y entramos en el terreno de la semántica y la semiótica. Entiendo negocio por transacción y el donativo por entrega unilateral sin más contrapartida que el gesto de agradecimiento. Y si alguien ha hecho del donativo un negocio no ha sido precisamente el mendicante; apunte usted más alto y a excepcionalidad. En algo parece que atina el tal Rodríguez al afirmar que “he recibido más donativos de los que esperaba, pero no los suficientes para vivir sin trabajar”, lo que demuestra que las cuentas de resultados de la mendicidad no alcanzan a cubrir las necesidades mínimas de escasa y mínima nutrición, que no cobijo, y si un día la suerte alcanza ya se encarga el día después de devorarla. No contempla su afán investigador que la caridad se solicita a la intemperie y no sentado frente a un teclado, ni las interminables jornadas de agotamiento físico por estática y mental por angustia ni las agresiones del clima y el ambiente: frío, calor, lluvia y vendavales más la inevitable visita de toda la caballería del Apocalipsis en forma de enfermedad y espuria.

Remata su inquina al género humano con los medios para hacer efectivo el óbolo en forma de correo, SMS, tarjeta de crédito y paypal(¿?) alcanzando la cima del sarcasmo al indicar gráficamente en su sitio de la red (que obvio por pudor) los diversos modelos de billetes existentes en curso legal como si el vulgo no los conociera sobradamente.

La circunstancia de poner cara de pena y extender la mano obedecen a eso: estar triste y efectuar el gesto de estar necesitado

Hasta aquí todo podría quedar en broma macabra, pero el clímax de su mezquindad lo alcanza cuando alardea de que con los beneficios de su “experimento” se ha costeado un viaje a Italia del que hace ostentación indecente. Hubiera lavado un poco su imagen y su dudosa conciencia si esa cantidad fuera a caer en algún gesto misericordioso. Mi sentido del humor se resquebraja y mi indignación se multiplica pues nunca había contemplado tal estercolero de cinismo.

Sólo me queda concluir que Rafael Rodríguez no ha visto un menesteroso ni en pintura y si lo ha visto no lo ha mirado ni se ha dignado pararse a hablar con él. Como terapia le sugiero la visita a algún museo donde Murillos, Goyas, Sorollas y otros maestros le enseñen la cara de la miseria sin riesgo de contaminación de su indudablemente perfumada visión de la sociedad.

Sólo advertirle que, si no ha terminado en manos de la justicia ordinaria (no es merecedor de tal atención pública), ya ha sido juzgado, sentenciado y condenado por el tribunal popular de los menesterosos y gentes de bien que también abundan en la sociedad, con presencia en los estrados de todos aquellos que aún confiamos en un mundo mejor. Rafael, por favor, los experimentos de psicólogo y locutor, hágalos con horchata.


Sobre esta noticia

Autor:
Miguel Virto (10 noticias)
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1427
Tipo:
Opinión
Licencia:
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Usuario anónimo (17/06/2011)

Tu eres tonto y no sabes entender el fondo del asunto.