07:33 (26-05-2012)

Clint Eastwood desmonta la doble vida de J. Edgar Hoover, el padre del FBI

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Aunque la película "J. Edgar" será muy criticada por callar demasiado, Clint Eastwood maneja a Leonardo Di Caprio con seguridad para hacer un buen retrato del fundador del FBI

En el nuevo film "J. Edgar", su director Clint Eastwood “explora el rostro sombrío del hombre que dirigió el FBI durante 48 años. Un hombre cuyo poder absoluto había marcado ya su infancia”, según palabras de Samuel Blumenfeld.

Incluso aunque el atentado de Dallas esté ya un tanto lejano, Clint Eastwood está todavía marcado por la violencia que emanó del asesinato de John F. Kennedy tal como se puede ver en el estreno de “J. Edgar” y la actitud de Hoover. No mostró apenas empatía por la víctima. La escena es un tanto chocante para el telespectador que siente generalmente aquel fatídico 22 noviembre 1963 como una tragedia que emociona aún profundamente a todos los que vieron las imágenes. Y no solamente a los del clan Kennedy.

Sin embargo en “J. Edgar”, la muerte del presidente diríamos que es el equivalente a una nota al pie de página en un libro cualquiera de historia. Eastwood se ha visto sacudido por el impacto inesperado que concede a esta secuencia ya que no esperaba en principio incluir a los Kennedy en su film. "Ya se ha escrito o dicho todo sobre ellos. Los líos conyugales de John, los de sus dos hermanos con Marilyn, las relaciones execrables entre Hoover y la familia Kennedy. ¿Qué se podía añadir? Evidentemente, nada. “A no ser que quisiéramos dedicar el film a la caída del clan”.

“Para hacer esto hubiéramos tenido que darle la vuelta a toda la película. Cambiar todas las perspectivas”. Así no hemos podido preocuparnos de la muerte del presidente ni de presunto asesino, Lee Harvey Oswald, sino más bien enfocar ese 22 noviembre a John Edgar Hoover, que era el patrón del Bureau de Investigación del FBI ese día puesto que lo fue desde 1924 a 1972. "Un hombre misterioso", resume el realizador, que ha entrevistado a muchos de sus colaboradores más o menos íntimos de Hoover en la preparación de este film. Algunos hablan de él con emoción. Otros con infinidad de reservas. Todos le consideran como un personaje indescifrable. "Pero nadie se ha atrevido a ir más lejos de una simple biografía. Yo no quería contentarme con relatar “sus hechos de armas”. Quería comprender y dar a comprender lo que había dentro de su gran cabeza” -explicar Clint.

En su reconstitución del 22 noviembre, Eastwood muestra a Edgar Hoover, que encarna para el cine el actor Leonardo Di-Caprio, en el momento en que por una llamada telefónica se entera que un tirador solitario acaba de matar de un certero disparo al presidente de los Estados unidos, en Dallas. El patrón del FBI se dirige maquinalmente hacia la línea telefónica privada que le une al ministro de justicia, Robert F. Kennedy. Y anuncia secamente al hermano menor de JFK "Acaban de matar al presidente”.

Y cuelga el auricular. La comunicación ha durado unos segundos. El antagonismo entre Hoover y el clan Kennedy sigue presente aún en estas circunstancias… La preponderancia del primero, está en disposición, gracias a su inmensa red de información, de derrotar a los reyes. El patrón del FBI tiene un poder subterráneo e inmutable, frente al huésped actual de la casa Blanca y a cualquiera que pueda sucederle. Ellos están forzosamente de paso - de Coolidge à Nixon-, Hoover a servido a ocho presidentes americanos.

En la realidad, J. Edgar Hoover se ha precipitado un poco menos que en el film de Eastwood. Había agresividad mezclada de alivio cuando transmitió la terrible noticia por teléfono. Pero no esa crueldad. Ese 22 noviembre, Hoover volvió a su casa y encendió el televisor y se sentó a ver sus programas, como todos los días.

Al día siguiente, sábado, como todos los fines de semana fue al hipódromo, en Baltimore, en compañía de su inseparable número dos, Clyde Tolson, a la vez hombre de confianza, indefectible alter ego y puede que amante. Pasó una parte de su jornada sabatina, a coordinar desde un despacho que le prestaron en el hipódromo, la encuesta sobre la muerte de Kennedy y el interrogatorio al que había que someter a un tal Lee Harvey Oswald. No fue al lugar de los hechos, ni a ver el cadáver del presidente. Después siguió, como de costumbre, con sus apuestas. Barajando caballos ganadores.

"Este episodio me dio dolor de cabeza-insiste Eastwood. Pedí al encargado del guión, Dustin Lance Black, que consiguiera todos los detalles que pudieran obtenerse. ¿Es que Hoover podía ser tan cruel?. ¿De una aspereza que rayaba en enemistad? Por eso fue que mostré a Leonardo Di Caprio de espaldas en ese momento -en el film- como si quisiera significar su desprecio hacia los que contemplaron el atentado”. Al preparar esta escena, Eastwood había pensado en la célebre secuencia “El Enemigo Público” dirigida por William Wellman en que James Cagney revienta con placer un pomelo en la cara de su compañera.

Fue después de este descubrimiento del “Enemigo Público” y de “Sacarface” de Howard Hawks y “El Pequeño César” de Mervyn Le Roy aquellas películas de gangsters de los años 30 lo que ha inspirado en parte su actual película. Justamente Warner Bros, el estudio para el que Eastwood ha hecho doce films de gángsters desde mediados de los años 1970, le ha dado la clave que tenía que ganar una guerra de imágenes para imponer su película y decir como era el FBI de los años 35 el Buró de investigación que se había enfrentado a esos gángsters.

Desde 1935, en G Men de William Keighley, James Cagney encarnó a un joven agente federal. En un corto espacio de tiempo pasó de gangster a un FBI man. Es todo un desafío a los jóvenes americanos que se identifican ahora con defensores del orden y no con los gángsters.

"Fue en esta época a principios de los años 1940, recuerda Eastwood, (nacido en 1930) que comenzamos a tomar conciencia de la importancia que el Buró de Investigación había adquirido. Mis padres y otras personas adultas de mi entorno, no hablaban sino de Hoover, que perdió puntos con el proceso de paternidad al que sometió a Errol Flynn. Por esos días se lanzó un folletón radiofónico titulado “El FBI en la paz y en la guerra” que escuchamos todos.

"A partir de 1935, cuando su foto (la de Hoover) apareció en la portada del Time por primera vez, muchos la recortaron y la colgaron en la cocina o el comedor. (Eso ocurrió tres veces en su carrera). J. Edgar Hoover se había convertido en un icono. Una encuesta llevada a cabo en 1936 entre 11.000 escolares concluía afirmando que Hoover era la segunda persona más popular del país, justo detrás de diseñador de bandas cómicas Robert Ripley. El presidente Franklin Roosevelt figuraba en séptima posición.

Edgar Hoover cultivaba con esmero desmedido su propia imagen, lo que favorecía a su organización. Mantenía lazos con Jack Warner. Cuando el presidente de la Warner Bros, viajaba en su avión los agentes del FBI le escoltaban hasta el aeropuerto y le facilitaban sus desplazamientos. El actor James Stewart, que desempeñó el papel de un joven recluta del FBI en un film producido naturalmente por la Warner, bajo el título de “La Historia del FBI” le hizo un inmenso propagandón al Buró… Y la serie televisada "El FBI ", difundida a partir de 1959, tuvo un tratamiento aún mayor en 1965.

Hoover cuidaba de que no apareciera una sola mancha o fallo en su carrera. Él y su número dos Clyde Tolson leían cada línea de los folletos de todos los episodios y un agente de Buró, entendido en cine, asistía a cada rodaje.

Al revisar todo ese material y los cómics dedicados al jefe del FBI y a sus hombres, Eastwood ha descubierto que Hoover era un policía un “flic” (policía) de pacotilla, jamás estaba al frente de sus agentes, y no le gustaba utilizar armas aunque sí tomarse fotografías manejándolas. Pero sí era un político creador de imágenes de ficción, dedicado a su imagen excepcional". Sabía hacerse fotografiar en Hollywood en compañía de las estrellas más populares del momento, Shirley Temple, Dorothy Lamour, Ginger Rogers, y hacer callar a los periodistas más críticos. Era hábil y astuto.

El film de Eastwood tiene la virtud de demostrar que Hoover tuvo el arte de hacerse pasar por el hombre que no era durante toda su vida y que no existía en esa perfección ni tan siquiera de verdad. Hizo creer a todos que había detenido en persona a los más temibles criminales muchos de ellos famosos como John D-illinger, Alvin Karpis y "Ametralladora Kelly”, en los años 1930. Pero hoy se sabe bien que sabía orquestar magistralmente todas sus detenciones. Jamás nadie vio a Hoover sobre el terreno. Fue otro agente del FBI, Melvin Purvis (al que encarna en el cine Christian Bale en “Enemigos Públicos” dirigida por Michael Mann quien detuvo a John Dillinger, después de dirigir la operación de su captura, lo que le hizo célebre. Un reconocimiento muy justo que en cierto modo hacía sombra a su omnipotente superior.

En 1938 Hoover encontró una excusa ridícula para expulsarle del cuerpo. Pero lo que deja perplejo a Eastwood es que Melvin Purvis no tuvo jamás una sola palabra de resentimiento contra Hoover. Es algo fascinante y lo es más todavía que cuando Purvis se suicidó, Hoover nunca volvió a pronuncia su nombre, ni hubo homenajes para él. Quitarle la gloria a Hoover era pecado imperdonable.

Edgar Hoover fue para la mitad de los norteamericanos un heroe y para la otra mitad, un villano. Sirvió a ocho presidentes y creó un gran archivo

Hoover era un animal político fuera de lo normal. Pero cuando Eastwood toma la medida de su talento lo hace desde el punto de vista de un director o de un actor y no de un historiador. Con una grabación de audio Eastwood descubre a Hoover enfrentándose a Richard Nixon. Eastwood queda atónito por la forma en que el patrón del FBI le aconseja y sobre todo ejerce su ascendiente sobre el presidente. "Es algo impresionante” -comenta en tono admirativo-. Eso me mostró claramente la idea que Hoover mismo se hacía de su poder. Se comportaba como un rey; se dirigía al presidente como a un cualquiera.

Hoover tenía una intensidad poco corriente en su voz. Daba la impresión de que además de dirigir el debate, calmaba a su interlocutor. "Su poder, Hoover lo había aprendido de sus famosas escuchas, encuestas, grabaciones que realizaba de todo el personal político y no político, desde un parlamentario cualquiera hasta el presidente. Ese archivo lo tenía al día, y lo clasificaba personal y escrupulosamente. A eso se dedicaba el jefe del FBI.

Esos dossiers fueron destruidos a su muerte por su secretaria, Helen Gandy, según cuenta Eastwood. ¿Qué contenían todos aquellos archivos tan bien llevados? Jamás se sabrá. ¿Es que contenían algo valioso? Yo tengo para mí la idea de que el tremendo poder de Hoover se basaba en la nada. "Hoover se sentía orgulloso de su sistema de archivo así como de la creación de un banco central de huellas digitales para facilitar la captura de cualquier criminal en cualquier parte del mundo. Según él su archivo y su banco eran una verdadera revolución en la lucha contra el crimen. Pero se basaba en una clasificación kafkiana, misteriosa y ininteligible, voluntariamente laberíntica, en la cual era él el único capaz de comprenderla, con dossiers titulados " “Obscèno", "Perversiones sexuales", "Personal y confidencial" o incluso, la más barroca de todas, : "No tocar ni clasificar”.-

En los centenares de fotos de Hoover que Eastwood ha manejado incluidas las más apreciadas por el patrón del FBI, se pueden ver las imágenes que más le han inspirado en su película. Se destaca une serie publicada por la revista Life. En el magazine, J. Edgar Hoover apunta con el dedo sobre un gigantesco mapa de los Estados Unidos en que se aprecia que sobre las principales ciudades hay pinchada una banderita, signo evidente de la gigantesca tela de araña tejida por el propio patrón del FBI. "Jugaba al ajedrez con ese mapa” estima Eastwood.

En otra toma, quizás la más impresionante, Hoover aparece sentado con un mapamundi a sus pies explicando como se enfrenta el FBI en erradicar el crimen en el mundo. De joven jefe ya del FBI, Hoover había dicho que detestaba el infierno y el film que trataba o se refería a él “El Infierno” y odiaba “Scarface”, dos films a los que reprochaba de dar una visión heroica al gángster. En “El Infierno”, James Cagney repetía a su madre que él se encontraba sobre el techo del mundo, mientras que Paul Muni en “Scarface”, miraba un globo diigible sobre el que estaba escrito en plan de divisa: el mundo es tuyo. Hoover al parecer les disputaba cualquier apropiación indebida del mundo. Hoover se sentía muy por encima de ellos…

Hoover controlaba su universo desde el cuartel general del FBI en Washington. Era además la principal perspectiva que se le ofrecía: una oficina desde la que poder observar el mundo y ver a los presidentes de los Estados Unidos, llegar, jurar su mandato y luego irse. El se quedaba en su reino en miniatura, en la autarquía, que funcionaba según sus propias reglas.

Hoover era estricto sobre la vestimenta de sus empleados y más de sus agentes, su vida marital estaba supercontrolada y el consumo de alcohol. Debían de ser todos, licenciados en Derecho. Trabajaba como el director en escena de su universo, atento a cada detalle por nimio que fuera. Eso más sus propias excentricidades. No toleraba a nadie con las manos húmedas. Otras muchas excentricidades salieron a la luz a raíz de su muerte.

Estaba también su intolerancia para las pausas para tomarse un café. Las caras y los memorandums debían de ser redactados de manera uniforme, respeto a los márgenes y los interlineados que fijaba al milímetro. “No soportaba la contradicción, que nevara, lloviera o se hubiera levantado un viento huracanado, si Hoover estima que es un día soleado” cuenta Sam Noisette, el recepcionista del FBI, no había más remedio que asentir que el sol brillaba."

En él se manifestaban otras excentricidades y Hoover llegó a parecerse o superar a un personaje de Howard Hughes. Después de un accidente de automóvil, que le sobrevino cuando giró hacia la izquierda y el vehículo chocó con otro, Hoover ordenó al chofer de su Cadillac que sistemáticamente girara a su derecha y jamás a su izquierda. E hizo complicado el trayecto más simple.

El mundo de Hoover giraba en un plano muy reducido. Primero el FBI. El no veía los agentes. Los agentes se presentaban a él. Luego su casa. Y en tercer lugar el restaurante del Hotel Mayflower, donde comía todos los días con Clyde Tolson, y el Harvey's, en el número 1.100 Connecticut Avenue, donde cenaba todas las tardes, siempre en compañía de su número dos. Hoover comía invariablemente la misma cosa: una hamburguesa y después un helado de vainilla. A veces pedía sopa de tortuga y ostras y repartía sándwiches de jamón entre sus perros. Se sentaba sistemáticamente con la espalda a la pared, mientras que Clyde Tolson lo hacía frente a la puerta para ver quien entraba.

No hizo falta mucho tiempo para que los rumores de homosexualidad se desarrollaran en torno a la pareja Hoover-Tolson. Dos escenas protagonizadas por Hoover evocan el tema. En una de ellas, Armie Hammer, el artista que encarna a Clyde Tolson en la película, abraza a Leonardo Di-Caprio. En la otra, este último registra el guardarropa de su madre buscando que ponerse. Según los rumores que circulaban en el FBI, a Hoover le gustaba vestirse de mujer. Había agentes atrevidos que llamaban J. Edna a su patrón y “Mamá Tolson” a su pareja.

El escritor Truman Capote, el también homosexual, aseguraba al jefe de redacción de un célebre magazine que Hoover y Tolson pertenecían a la misma fraternidad que él. Soñaba con consagrarles un gran reportaje pero nunca se atrevió a hacerlo si bien sí había escrito el título, Johnny and Clyde.

Para el guionista de “J. Edgar”, Dustin Lance Black, la homosexualidad del patrón del FBI no ofrece la menor duda. Los agentes veteranos no querían hablar y decían que no tenían información, pero otros más jóvenes estaban de acuerdo en que Hoover detestaba a las mujeres. Y respondían púdicamente: Hoover está casado con el FBI. Y era lógico que fueran prudentes pues cualquier desliz en ese terreno les podía costar caro, muy caro."

Hay que poner las cosas en su contexto Hoover no admitía homosexuales entre sus agentes, la simple presunción bastaba. En una organización policial, antes de que en los 60 se empezara una “revolución sexual” y los gays no fueran tan sañudamente perseguidos, era impensable escribir sobre la ficha de un recluta del FBI, la palabra homosexual.

Eastwood ha preferido trazar un inmenso interrogante en el film sobe la orientación sexual de su personaje. Cuando se descubren fotos de su compañero o pareja tomadas con autorización de Hoover apoyada su cabeza sobre el pecho de Edgar vestido con un albornoz, con el torso al aire al borde de la piscina, se descubre una intimidad evidente. "El amor y el sexo son dos cosas diferentes. Hoover demostraba una gran estima por Tolson, me pareció superficial enfocar su relación como homosexual aunque es de suponer que lo era”.

Si Eastwood y su grupo tenían relación con Truman Capote podían haberle preguntado sobre las fiestas íntimas de la “fraternidad” a la que ambos pertenecían y asistían. En esas fiestas vestían todos de mujer y con ropas muy ligeras y no faltaban lo jóvenes rubios para amenizar la velada.

El universo de J. Edgar Hoover se organizaba con poca gente. Dos personas, concretamente: su secretaria, Helen Gandy, y Clyde Tolson. En una estructura de microcosmos, muchas veces situada al margen de la sociedad real, los personajes de los films de Eastwood se abren y viven sus diferencias, sean los miembros del circo de Bronco Billy, los marginados de Josey Waque o los soldados de “Memoria de nuestros padres”. Hoover trabajaba con personas de confianza. Su madre con la que vivía y Helen Gandy. A la muerte de su madre, Tolson entró en ese primer círculo, según explica Eastwood.

Helen Gandy es una leyenda en el FBI. Su actual patrón, Robert Mueller, confesó a Clint no conocer nada de ella, salvo una cosa: sabía asegurar la administración del FBI de una forma increíble, como nadie lo ha logrado después en el Buró. A la muerte de Hoover, ni Tolson ni ella han hablado de lo vivido en el FBI. Podrían haber escrito un libro, unas memorias y haberse hecho ricos. Pero no lo hicieron. La lealtad era la clave del universo de Hoover, con el sentido seguro del secreto que acompaña, y es lo único que Eastwood sabe después de la muerte de Hoover.

Eastwood se aparta considerablemente del que se considera la biografía más fiel de J. Edgar Hoover que es la de Anthony Summers “Oficial y confidencial. La vida secreta de J. Edgar Hoover”. Pero tampoco podía reproducir con exactitud la vida del jefe supremo de la lucha contra el crimen sin que se levantaran voces en contra del cineasta. Se puede decir que Eastwood ha llegado todo lo lejos que la actualidad le permitía.

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Comentarios de Clint Eastwood desmonta la doble vida de J. Edgar Hoover, el padre del FBI

Nekane (13-01-2012 15:56)

Me he leído el reportaje y la verdad es que me han entrado muchas ganas de ir a ver la peli. Además me gusta mucho Clint Eastwood como director. Te mantiene enganchada durante toda la película y espero que esta no me decepciones. Seguro que no!!! No sabía nada sobre este tema de Hoover así que gracias al reportaje me he enterado del argumento de la película.

Victor Virgós (14-01-2012 16:45)

Fantástica exposición que elucida mucho nítidamente la imagen de este actor y cineasta sublime, estoy con Nekane en cuanto al panegírico necesario para designar al inolvidable "Harry el sucio", por citar sólo uno de sus papeles indelebles. No suelo leer reportajes vuestros sobre esta temática, pero como siempre muy interesante. Saludos
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