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Los colosos de Memnon: mitología y leyendas en las cercanías de Luxor

20/10/2011 18:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Colosos de Memnon

En la ribera occidental del Nilo, camino al Valle de las Reinas, frente a la popular ciudad egipcia de Luxor, se encuentran los imponentes Colosos de Memnón, dos monumentales estatuas que representan a Amenhotep III, un significativo faraón de la Dinastía XVIII de Egipto que reinó desde el año 1390 hasta el 1353 a.C. Emplazadas en las proximidades de la localidad de Medinet Habu (en el pasado, centro administrativo y económico de la región tebana), ambas piezas tienen una altura que ronda los 18 metros y fueron construidas a modo de antesala del importante templo funerario que existía en el lugar, del que hoy apenas quedan algunos vestigios. Pese a ello, en su época, se trataba del complejo más espectacular de todo Egipto; con una superficie total de 35 hectáreas, incluso estaba por encima del Templo de Karnak.

Por orden especial del arquitecto e ingeniero (Amenhotep, hijo de Hapu) de la obra, las estatuas fueron talladas sobre bloques traídos de Gebel el-Ahmar ("Montañas Rojas", en español), una de las Canteras de Piedra del Antiguo Egipto, que hoy funciona como espacio arqueológico. Muestran a Amenhotep III sentado, con las manos casi sobre las rodillas y la mirada apuntando al este, precisamente en dirección hacia el Río Nilo y la salida del sol. Junto al trono, aparecen dos figuras más pequeñas que simbolizan a Tiy, su esposa, y a Mutemuia, su madre, que vivió en el siglo XIV a.C.. Asimismo, en los laterales puede verse una imagen en bajorrelieve de Hapy, el Dios asociado al Nilo en la mitología egipcia.

Una de las peculiares historias narra que los Colosos de Memnón "cantaban" o "gemían" al amanecer. Según el geógrafo e historiador griego Estrabón, en el año 27 d.C., las estatuas fueron dañadas por un terremoto. A partir de ese suceso, los cambios de temperatura comenzaron a producir la evaporación del agua, que se escurría por las grietas y generaba el curioso sonido, causa de la peregrinación de muchísimos viajeros que observaban el fenómeno y grababan -en el zócalo- sensaciones e impresiones que allí permanecen. A principios del siglo III d.C., Septimio Severo, el primer emperador norteafricano en alcanzar el trono en el Imperio romano, restauró las estatuas (fundamentalmente, la que está ubicada del lado derecho) y nada se volvió a oír desde el oráculo.

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Detalle del trono

En otro orden, se dice que el nombre "Colosos de Memnón" desciende del Período helenístico. Cuenta la leyenda que, a los primeros griegos que llegaron a la zona, las estatuas les remitieron a Memnón, hijo de Titono y rey de Etiopía en la mitología griega, muerto por Aquiles (en venganza por la muerte de Antíloco) durante la Guerra de Troya. Con relación a lo detallado en el párrafo anterior, muchos afirman que el mencionado "canto" era el saludo de Memnón a su madre, Eos, la Diosa de la aurora, que le habría pedido a Júpiter que su hijo renaciera -al menos- una vez al día. Parte de la leyenda relata que Zeus, conmovido por el sufrimiento de Eos, le concedió la inmortalidad a Memnón. Esta interesante historia hizo que, durante un tiempo, la estatua de la derecha se llamara "coloso parlante".

Las inundaciones que cada año azotan el sector en cuestión, constituyen uno de los motivos centrales a la hora de argumentar sobre el panorama de destrucción y desolación que rodea a los Colosos de Memnón, que lamentablemente se encuentran en mal estado de conservación. Las crecidas del Nilo fueron tapando los patios del templo con más de tres o cuatros metros de agua y, de ese modo, el templo de Tebas más grande y rico en materia estatuaria y decorativa fue desapareciendo. Con él, sus estructuras en adobe, sus muros y sus pilonos. En ese sentido, los expertos también señalan los efectos negativos de la polución (principalmente, por los residuos que deja el trabajo en las cañas de azúcar vecinas) y las vibraciones de los automóviles, cada vez más presentes en el área. De todas maneras, diversos estudios realizados por especialistas de primer nivel aseguran que, por el momento, no hay riesgos concretos de derrumbamiento.

Mucho dista el escenario que hoy se palpa en el lugar donde reposan los Colosos de Memnón de lo que las reseñas antiguas permiten saber e imaginar. Si bien resulta inevitable hacer alusión a la situación actual de la zona, en la que estas dos míticas figuras se presentan como -prácticamente- únicos testigos de lo que supo ser el templo egipcio más espectacular, la visita de este sitio es una cita ineludible para todos los turistas y viajeros que decidan adentrarse en el mágico mundillo de la historia, la mitología y las leyendas que giran en torno a la inagotable historia de Egipto.


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