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"La confianza, la franquicia y el dinero de piedra" (1 de 2), por Jaime R. Parrondo, socio-director de JJ ComunicAcción

12/12/2010 01:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jaime R ParrondoConfianza, seguridad, entrega, buena fe… Valores de los que hablamos a menudo en estas páginas, pues no en vano son la base sine qua non de la franquicia: un sistema de colaboración comercial entre empresarios independientes que, no se nos olvide nunca, es de carácter voluntario. Los contratos sirven, pero no bastan; valen, pero no son suficientes: ningún papel, por legal que sea, podrá lograr nunca que se entiendan dos seres humanos que no deseen hacerlo o que hayan visto traicionada su confianza mutua mediado el periodo de vigencia de dicho contrato.

Pero si vamos a hablar de convicción y de confianza, déjenme que traiga a colación una historia nada baladí, y que antes de meterme en honduras teóricas empiece hablándoles de las Islas Carolinas, en la Micronesia, que durante las dos primeras décadas del siglo XX fueron una colonia alemana (curiosamente comprada a España, en 1898). Y en especial de una de las islas más occidentales del archipiélago, llamada Uap o Yap, cuya población en la época oscilaba entre los 5.000 y los 6.000 habitantes. Y si sabemos de estos curiosos indígenas es gracias a un antropólogo estadounidense, llamado William Henry Furness III, que pasó varios meses en la isla, y posteriormente escribió un libro fascinante sobre los hábitos y costumbres de sus moradores. En particular le impresionó el sistema monetario de los isleños, y por eso dio a su libro el título 'The Island of Stone Money' ('La Isla del Dinero de Piedra').

Explica el amigo William Henry Furness III que como no existían yacimientos de metales en la isla, tuvieron que recurrir a la piedra monda y lironda; esa piedra, debidamente labrada y conformada, constituía una representación tan auténtica del trabajo humano como lo son las monedas en nuestra civilización: hechos de metal extraído de las minas y acuñado. ‘ este dinero [...] no tenía por qué hallarse necesariamente en poder de su propietario’

Ellos, a su medio de cambio lo llamaban 'fei', y consistía en unas ruedas de piedra grandes, gruesas y macizas, en cuyo centro había un agujero, de distinto tamaño según el diámetro de la rueda, que permitía la inserción de un palo suficientemente largo y grueso como para soportar el peso de aquella y facilitar su transporte. Que nadie piense que las llevaban en un monedero. El caso es que estas "monedas" de piedra se tallaban de una caliza que se encontraba en otra isla, a unos 600 kilómetros de distancia, que es donde se hallaban las canteras, para transportarlas luego a Uap, una vez labradas, en las canoas y las balsas de osados navegantes nativos.

Una característica notable de este dinero de piedra es que, a diferencia del nuestro… ¡no tenía por qué hallarse necesariamente en poder de su propietario! Como lo oyen: cuando se realizaba una operación cuyo precio implicaría tener que mover una cantidad excesiva de 'fei', el nuevo dueño de éstos se contentaba con la mera declaración formal de cesión y, sin molestarse siquiera en marcar las monedas, éstas quedaban en el recinto de su antiguo propietario. Eso es confianza en el sistema financiero, y lo demás son zarandajas, "test de estrés" y cantos de sirena...

Continuará…


Sobre esta noticia

Autor:
Jjcomunicaccion (900 noticias)
Fuente:
comunicacionfranquicias.es
Visitas:
481
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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