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Contigo, Pan y Cebolla

17/07/2009 19:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un estudio de la “New Economics Foundation” con sede en Londres demuestra que los países ricos no son los más felices. (Los cubanos, por ejemplo, se sienten más satisfechos con su vida que los estadounidenses)

Sólo los ricos saben que el dinero no da la felicidad, (y por eso también lloran, claro). Sólo los que han amado intensamente saben que el amor intenso tampoco la da, y por eso lloran más que nadie. Oscar Wilde decía que un hombre podía ser feliz con cualquier mujer (o con cualquier hombre en su caso y muchos otros) siempre que no la amase. Las mujeres ya se sabe que no son felices nunca, excepto probablemente cuando lloran delante de un buen melodrama lacrimógeno. La mujer para ser feliz necesita que su vida sea una especie de intenso melodrama borrascoso con un final feliz inminente que se acerca pero no llega nunca en un despejado horizonte al fondo. Al menos las mujeres de antes. Las de ahora están en plena mutación biológica o sociológica, así que los hombres no ganan para sustos y no pueden ser felices porque sus mujeres no los dejan, o peor aún: Las mujeres de otros. Un amigo me dijo que no se casaba porque no había encontrado la mujer ideal y otro amigo le dijo que la mujer ideal no existe que la mujer ideal es un hombre (como se empeñan denodadamente en hacernos creer los travestis). Yo lo que pienso es que la mujer ideal no existe… Afortunadamente. Es preciso inventarla. Lo bueno que tienen los idealistas es que siempre están inventando cosas porque la realidad nos defrauda siempre, y así pueblan nuestro desértico mundo de cautivadores fantasmas que animen un poco el cotarro.

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Bromas pesadas a parte, lo que da la felicidad es el amor por supuesto, pero no el amor intenso, sino el amor extenso, ramificado, difuso que se prodiga y se reparte y se extiende por todas partes. La felicidad se teje a base de lazos afectivos múltiples, de forma que tu pareja, si la tienes, sea simplemente la persona con la que pasas la noche, con la que compartes el silencio, lo más íntimo, y luego la cama, obviamente, que es una cuestión en la que no me meto por pudor o por idealismo erótico. Está claro que nadie puede ser feliz si se ve presionado constantemente para acumular objetos. Las rebajas no dan la felicidad por mucho que los grandes almacenes nos la prometan entre modelos escultóricas y saldos de toda clase. El modelo de sociedad que venden las modelos y los modelos está muy lejos de ser modélico y está llenando la tierra de objetos inútiles y muñecos y muñecas rotas con sueños rotos. Ahora la “New Economics Foundation” (que podría traducirse por la “Fundación para la Nueva Economía Política) nos dice algo que todos los que vivimos en el mundo desarrollado o primer mundo sabíamos: La gente no es muy feliz en el primer mundo; y los objetivos y los patrones de conducta que el sistema desarrollista nos propone como deseables nos amargan la vida y nos desequilibran. Los ricos lloramos mucho y nos suicidamos constantemente. En Cuba la gente es bastante amigable lo cual redunda en el provecho emocional de sus habitantes; aunque quizás no sea demasiado libre, y por eso ande como coja la felicidad por la isla paradisíaca. Probablemente, el país más feliz sería aquel donde hubiese libertad total para que cada cual amara extensa o intensamente a quien quisiese y pudiéramos expresar nuestras proclividades, afinidades e intereses sentimentales o eróticos con la espontaneidad y la naturalidad de un niño ¿Existe ese país? Lo dudo mucho. Si existe, díganmelo, que emigro.


Sobre esta noticia

Autor:
Francisco Bullón (10 noticias)
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Tipo:
Opinión
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