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Crisis generalizada

08/06/2011 16:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No hacen falta muchas elucubraciones para ver que estamos inmersos en una grave crisis económica, que se nos ha ido de las manos porque nuestro Gobierno no ha sabido enfrentarse a ella. Esta crisis económica apareció en 2008 en Estados Unidos y se extendió rápidamente al resto de países desarrollados. Fueron varios los factores directos que la desencadenaron, como los altos precios de las materias primas que determinaron una sobrevaloración exagerada de los productos, el miedo a una recesión mundial, la falta de confianza en los mercados y el alto grado de inflación al que debemos hacer frente

Simultáneamente se disparan los precios de los alimentos a nivel mundial, dando lugar a una crisis alimentaria mundial, afectando en mucho mayor grado a las regiones más pobres del mundo. Y entre tanto el petróleo no para de subir, encareciendo desmesuradamente la energía. Si a todo esto unimos la expansión artificial del crédito, llevada a cabo sin el menor control, nos encontramos también con una crisis crediticia e hipotecaria de insospechadas consecuencias, ya que, como consecuencia de esta expansión del crédito, puramente ficticio, patrocinado por los propios bancos centrales, los empresarios invirtieron donde no debían.

Al revés que otras crisis económicas, que deben su origen a un proceso cíclico propio del ritmo evolutivo de la economía y que se iniciaban básicamente en los países emergentes, ésta se desató en Estados Unidos. El estallido de la misma se produce cuando los Bancos Centrales se ven obligados a inyectar liquidez al sistema bancario. Aún así, se produce la bancarrota de varias entidades financieras dedicadas al mercado de las hipotecas inmobiliarias, entre las que destaca el banco de inversión Lehman Brothers y varias compañías hipotecarias como Fannie Mae y Freddie Mac. El hecho de que el gobierno norteamericano inyectara cientos de miles de millones de dólares no fue suficiente para evitar la quiebra de varias entidades financieras.

La crisis económica desatada en Estados Unidos dio el salto rápidamente al resto de países desarrollados. Alguno de estos países supo reaccionar a tiempo y, a base de esfuerzo y tesón, logró minimizar los efectos perversos de la misma. Desgraciadamente, no fue éste el caso de España, ya que, por incuria y dejadez de nuestros responsables políticos, la crisis se enquistó en lo más hondo de nuestra estructura económica. El resultado no puede ser más evidente, la destrucción de una buena parte de nuestro tejido industrial y empresarial y consecuentemente más de cinco millones de parados y con una generación de nuestros jóvenes perdida irremediablemente.

Si examinamos detenidamente el verdadero trasfondo de las causas que nos han llevado a esta situación límite, veremos claramente que detrás de esa crisis económica hay otra crisis más grave aún como es la crisis de valores que afecta cruelmente a la sociedad española. Hoy más que nunca tenemos la oportunidad de conocer detalladamente los grandes valores religiosos, éticos y morales que han configurado nuestra civilización a través de tantos años de historia. Pero hemos perdido la voluntad de cultivarlos, de seguirlos y de orientar nuestras vidas ajustándonos a esos valores como hace el capitán con su barco cuando navega en altamar.

Presencie muchas veces, cuando aún era muy joven, la peculiar manera con que se formalizaban las ventas en los mercados leoneses de ganado. Cuando vendedor y comprador se ponían de acuerdo, sellaban el trato con un simple apretón de manos. Y este acto, aparentemente tan primario, tenía para ellos más valor que el que tienen hoy día los documentos firmados ante notario. La sociedad actual se ha dejado ganar por el egoísmo y la especulación y ha desterrado de nuestra convivencia la solidaridad y nos ofrece un ambiente totalmente nocivo para que puedan florecer los verdaderos valores humanos.

Son notorios los casos de corrupción entre la clase política, dándonos a entender con este mal ejemplo que en vez de servir al público, lo que realmente hacen es servirse y aprovecharse del público. Y una sociedad construida así, sobre la base de un egoísmo desmedido, donde únicamente se tiene en cuenta el interés particular e insolidario, es normal que fracase la convivencia humana. Y si la convivencia humana falla, es lógico que ese fracaso se traduzca en paro, que abunden las quiebras interesadas y que sean unos pocos los que acaparen los beneficios logrados. Es por tanto el sistema en su conjunto lo que se nos viene abajo.

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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