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Critica de Leviatán. La ¿Obra maestra? del cine¿¿¿ ruso??? contra Putin

23/01/2015 00:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estamos ante una mera coartada pedante que utiliza el director ruso Andrey Zvyagintsev para sumergirse (que no sumergirnos) en un subterfugio intelectual de viajes e inmersiones pretendidamente filosóficos que no llevan a ninguna parte

Empecemos con este leviatán ruso que nada tiene que ver con el monstruo de las profundidades mitológico ni con el cine fantástico. A pesar que tampoco este demasiado apegado a la realidad que enunciar representar

Estamos ante  una mera coartada pedante que utiliza el director ruso Andrey Zvyagintsev para sumergirse (que no sumergirnos) en un subterfugio intelectual de viajes e inmersiones pretendidamente filosóficos que no llevan a ninguna parte. Todo en aras  de crear un artificioso entramado vacio que ha entusiasmado a la crítica y ha llevado a las salas a un público supuestamente culto que ignora en buena medida el cine ruso, y que seguirá desconociéndolo tras el visionado de esta interminable película. Ya que esta parece estar hecha con el único objetivo de agradar al público occidental pero sobre todo  a los petulantes y muy previsibles jurados de los certámenes. No en vano sirve de aval a esta afirmación los muy gratuitos  galardones al mejor guión en el festival de Cannes  y  el Globo de Oro a la mejor película extranjera y la nominación al Oscar a la mejor película en lengua extranjera para el que tiene opciones dado el panorama político actual en el cual  la demonización, embargo y bloqueo a todo aquello que suene o recuerde a una Rusia fuerte. La película es todo lo contrario como bien habrán aventurado los lectores. Si bien es cierto que  Zvyagintsev llamó la atención con su “Regreso”  en 2003, película superior a esta, lo que realmente ha catapultado a esta película en Occidente son los mismos motivos por los cuales  es  justamente criticada en Rusia. Aunque aquí los medios y  la  prensa especializada prefieran llamarla polémica para hinchar la trayectoria y mensaje del filme.

Hablamos de perpetuar la imagen del ruso como bárbaro y una repetición de lugares comunes, arquetipos y la más plúmbea de las herencias del cine de ensayo del socialismo en cuanto a inanidad de progresión dramática. Pero esto per se no atrae el interés y menos hacia  una filmografía rusa que continua dando bandazos desde la caída de la Unión Soviética más allá de los grandes del séptimo arte ruso que siguen en activo.

El éxito radica en una jugosa y por supuesto también en una interesante premisa con la cual se vende la película. Es una crítica a la Rusia de hoy, léase Putin y es aquí donde  radica el verdadero motivo de los halagos y reconocimiento del filme, amén de la superficialidad, conservadurismo e ignorancia de los gurús del cine y sus acólitos de la crítica. Porque la película no obedece en ningún momento al interés creado. Sí, salen personajes  que hablan en ruso, dicen tacos, parecen sufrir úlceras que riegan con vodka en casi cada plano, son desgraciados, viven un triángulo que se ve venir de lejos y un destino final que deja de interesar mucho antes del fin de la película, en la que ni siquiera sale KONEC en los títulos del final como en las buenas películas. Eran otras épocas y ahora debe a esa  molesta a un público tan moderno, selecto y occidental.

Si, también se pretende dar una imagen de fresco generacional, con  personajes de varias edades y procedencias pero no dejan de ser más que bocetos muy manidos que no cristalizan en personajes ni retratos sólidos .Al inicio de la película promete haber algo de análisis de la corrupción con la insatisfacción del personaje frente a  una jugada redonda de especulación  inmobiliaria que sufre a manos de un alcalde criminal. Con la llegada de un amigo suyo abogado de Moscú que con la ley en la mano y supuestos contactos con las altas esferas pretende dar una batalla legal que no termina de fraguarse por problemas sentimentales y moratones varios en una trama que se agota por un cruce de líneas argumentales a cual más estólida y aburrida.  El alcalde, los policías vocingleros y los matones son quizá los personajes que respiran más verismo, pero no hay que perder de vista  que no son más que clichés. La capacidad de disección de la corrupción, de la connivencia criminal es nula. Se usa como excusa, como elemento de atrezo del ir y venir de los personajes por habitaciones, calles y copazo arriba y abajo. El drama amoroso y el desenlace trágico final son realmente agotadores y carentes del más mínimo interés. Todo esto se alterna con la presencia de religiosos ortodoxos. El primero de ellos, es un pope  muy  bien alimentado  cuyos intereses fluctúan con los del alcalde corrupto que da unas peroratas de muy señor mío. (Cómo no puede ser de otra manera). El último de ellos realmente interminable y gratuito del que al principio sospechamos que puede albergar motivos de burla, cuando el pope se extasía atacando a gente indigna, que fácilmente identificamos con las ya olvidadas Pussy Riot, además del aburrimiento del hijo pequeño del alcalde durante la misa pero visto la duración del discurso a lo que podemos sumar algunos larguísimos planos detalles y zooms de cruces, monjes, monjas, parroquianos y cristos varios se  empiezo a dudar de la intención crítica del director.

Quizá las tenga, o quizá le pueda un virtuosismo estéril en el que intente acercarse al Boris Godunov de Bondarchuk  en eso de filmar barbas, hábitos, decorados y liturgia ortodoxa-rusa con todos los poderosos  asistiendo a la misa. Aunque ha conseguido su objetivo, ya que ha  molestado a la retrograda iglesia oficial rusa que no quiero pensar qué opinión le merecerá un nuevo visionado de “El acorazado Potemkim”, esta sí una obra maestra y no una burda mediocridad como esta.

La impotencia del director para mostrarnos una sociedad podrida por la corrupción, la violencia y el alcoholismo durante más de dos horas es terrible. Algo que es tan novedoso como los hermanos Karamazov. Los modelos de la reciente 12 de Nikita Mikhalkov mucho más acertada, y “rusa” o la ya clásica  Siberiada de su hermano Andrey Konchalovsky por poner un ejemplo de una crónica de decadencia moral, ambiental, personal y política no tienen reflejo en el objetivo de este director siberiano mimado por la crítica. Estamos ante una obra infinitamente menor y sin honestidad intelectual ni argumental que busca la complicidad del espectador occidental sin ningún rubor.

Es una crítica a la Rusia de hoy, léase Putin y es aquí donde radica el verdadero motivo de los halagos y reconocimiento del filme

Efectivamente los rusos beben, y el alcoholismo es una lacra que consume y destroza millones de vidas en el gigante euroasiático. Pero también lo hace en Suecia, Polonia o Finlandia en una proporción similar y esta no aparece en las películas. El ruso borracho es más aplaudido. Son grandotes y rubios. Como lo son también los pueblos germánicos y escandinavos. No obstante los eslavos siempre parecerán peores, más atrasados y el espectador agradecerá se fortalezcan sus prejuicios para afianzarlos hasta convertirlos en la única realidad plausible. Y todo claro de manos de los propios rusos. Ves, ves si lo dicen ellos mismos. La sabiduría de la audiencia, la voz del pueblo justificada por el valor intelectual de algunos autores a contracorriente. Emotivo y conmovedor.

La película alcanza cimas de ridículo patéticos, de guiños insultantes y de una superficialidad política lamentable. Un ejemplo es la barbacoa a la que la familia de beodos además de botellas de vodka se llevan fusiles para ejercitar el tiro al blanco. Y tachán, resulta que el chiste es que lo harán  sobre los retratos de los presidentes soviéticos. Y esto lo hace un policía sesentón de provincia, que a buen seguro en la vida real  haría todo lo contrario. La ocurrencia es muy agradecida entre el público que se despierta a la espera que los personajes se vuelvan a emborrachar o tambalear. Y cuando algunos se preguntan por Boris Yeltsin, el hábil director pone la réplica en boca de otro interlocutor para acabar con un sí pero no. Que es al fin y al cabo el espíritu de la película.

Los puntos de interés de la película posiblemente sean ajenos a la voluntad del director. Una es el paisaje que el director desaprovecha de la peor manera. La localidad situada en el Mar de Barents es bellísima, evocadora, cinematográfica en el mejor y más amplio sentido de la palabra, sus aguas transitadas por ballenas, sus agrestes playas y farallones cortados a pico  apenas son filmados y  cuando lo hace es  de forma muy escueta y anodina.

La descripción de la casta criminal y corrupta hambrienta de dinero y con gatillo fácil y encubrimiento asegurado por parte de las autoridades así como el retrato social de una ciudad portuaria rusa que vive de la pesca se espera durante todo el metraje. En vano, no llega. No le interesa lo más mínimo al director aunque sea esta la escusa con la que nos empuja a las salas de cine. Es una mera coartada. La etiqueta de crítica sólo va en una dirección, contra Putin.

Y ni siquiera en esto se esmera. Hay un segundo personaje religioso que muestra también elementos de verosimilitud, este es un cura popular, de barba sucia, de caftán raído y gesto cansado que se preocupa de los pobres del lugar, y que no puede evitar la tentación de soltar otro soliloquio que no viene a cuento, nombrar al leviatán, dejar “claro” por qué el filme se titula así, y repartir cortezas de pan a unos cerdos a los que se filma en primer plano y que mueven los morros la mar de contentos con la  dádiva divina. Y al final esqueletazo de ballena para cerrarlo todo. Magistral. Sin palabras. O a los menos biensonantes.

La supuesta intriga o dualidad entre suicidio o asesinato de la mujer del protagonista, este que apunta a hombre justo contra las autoridades corruptas y se difumina como todos entre borracheras y gris peregrinar vital  acaba por importarle a uno  menos que si los aldeanos llevan coches rusos o americanos. Y precisamente aquí viene el punto que más me interesó de la película pese a ser contrario a los postulados del director. La ciudad rusa de Teriberka así como el domicilio de la familia rompen tópicos.  No resultan ser la cutrez, pobre y decadente tantas veces reflejada en pantalla. Las calles están asfaltadas, las tiendas de ultramarinos están muy bien abastecidas y las áreas comunes así como edificios de instancias oficiales tienen poco que envidiar a los europeos. Obviamente el director no se recrea en esto, ya que son elementos puramente accidentales, pero sumamente  significativos de la Rusia de hoy y una de las razones por las que Putin sigue en el poder.

Una decepción, una gran pérdida de tiempo y una muestra de la ineptitud de este director para el cine político –denuncia y la perversión a la que parece condenada este género.

Hablamos de perpetuar la imagen del ruso como bárbaro y una repetición de lugares comunes y arquetipos ofensivos con Rusia pero cómplices con el público occidental

 


Sobre esta noticia

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Reportaje
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