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Crónicas de la granja 2

11/11/2009 19:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nuevas incidencias de Groncho Wyngas con los dos inútiles de sus hijos

Groncho Wyngas llegó procedente de la ciudad con la furia y el ímpetu de un tornado. Se dirigió en un santiamén hacia la casa, sorprendiendo a Tobías durmiendo a pata suelta en el sillón familiar y a Alejandro contando la cantidad de insectos atrapados en las telarañas de las esquinas de las paredes.

- ¡Vosotros dos! Espabilad. Hay que adecentar esta sala un poco y preparar una merendola de campeonato - les urgió antes de dirigirse a la cocina.

- Carajo, “pa”. No me digas que has invitado a la maestra del pueblo. Si la buena mujer te detesta. “Lo mejor Wyngas es que sigas viudo hasta que te llame el Señor”, fue lo último que te dijo cuando la quisiste animar a beber un trago del licor de nuestro alambique - le comentó Alejandro a su padre, siguiéndole como si fuera un perrito faldero.

Cuando Groncho se volvió, contempló a la pareja de inútiles considerados hijos suyos.

- Diantres. Seréis descendencia mía, pero que Dios me perdone, no sois más tontos porque si no caminaríais a cuatro patas como los burros y llevarías herraduras en vez de zapatos.

- Repite eso último, papá, que aún estoy intentando despejarme de la modorra de la siesta que me he pegado - le dijo Tobías, restregándose los ojos con los puños.

Groncho miró al techo y resopló con fuerza por los orificios de la nariz. Su mano derecha buscó algo en el bolsillo trasero de los pantalones y les plantó un impreso con sello del estado delante de las narices de los dos.

- Chicos, aquí dice que esta tarde nos visitará un inspector de hacienda. Viene a tratar de aclarar nuestras cuentas. Que no coincide lo que les declaramos con lo que ingresamos.

- Vamos. Que parece que no somos tan pobres, eh “pa”.

Groncho le dio en la cabeza con el impreso al tonto de Tobías.

- Eso duele.

- Más te dolerá como nos embarguen la casa y las tierras.

“El asunto es fácil de resolver. Le llenamos la panza y le contamos lo mal que pasamos para llegar a finales de mes, y seguro que nos deja en paz. Así que todos a ponerse en faena.

Agarró a cada uno de sus hijos por una oreja y los condujo a la cocina.

Quedaba poco más de una hora para la llegada de la visita indeseada.

El inspector se apellidaba Evans, no tendría más de treinta años y vestía un traje negro de enterrador.

- Somos muy pobres, señor Evans. Pasamos hambre con mucha frecuencia - le dijo Tobías conforme su padre y Alejandro colocaban dos bandejas llenos de viandas sobre la mesa del salón.

Groncho le dio un fuerte golpe en el carrillo derecho, y mirando al inspector, esbozó una sonrisa campechana:

Su mano derecha buscó algo en el bolsillo trasero de los pantalones y les plantó un impreso con sello del estado delante de las narices

- No le haga caso. Tobías es poeta, y suele recitar muchas tonterías sin sentido.

Evans no tuvo interés en probar ni medio bocado. Solicitó la copia de la última declaración de la renta.

- No la tenemos. Un día no nos quedaba papel de baño y tuve que echar mano de los legajos de “pa” para limpiarme el trasero - le explicó Alejandro ante la falta del documento.

- Vale, señores. No se preocupen. En el maletín traigo una copia extraída del registro.

Groncho no pudo disimular sus ganas de asesinar a sus dos hijos.

- Bendito sea Herodes - musitó por lo bajo.

El inspector alzó su vista del papel.

- ¿Decía?

- Nada. Continué con lo suyo, buen hombre.

La inspección duró casi dos horas. Evans recorrió toda la hacienda de los Wyngas y antes de marcharse en su auto fue abordado por Groncho con la frente sudada (llegaba corriendo después de haber encerrado bajo llave a Tobías y Alejandro en el ático).

- Señor Evans…

- Dígame.

- Esto. Pinta mal el asunto, ¿no?

- ¿Se refiere al embargo de sus propiedades?

- Más o menos.

- Veamos. Han estado ocultando ingresos adicionales, muchos de ellos de procedencia incierta.

“Qué se le va a hacer si el negocio del alambique va de maravilla.” - pensó Groncho para sus adentros.

- Le aseguro que no soy el único de ésta zona con dinerito no declarado - le dijo muy sincero.

- Por eso mismo le digo que le corresponderá satisfacer una multa de unos diez mil dólares - enfatizó Evans desde detrás del volante.

Cuando salió de las posesiones de Groncho, este se fue sintiendo algo mareado.

- Ay, qué noticia más terrible. Diez mil dólares.

Se tambaleó cerca de la pocilga del cerdo, llegando a duras penas a su casa.

Cuando se le pasó el mareo, se fue directo a la cama. Necesitaba dormir mucho.

En ese momento, ya ni si acordaba de que tenía a sus dos hijos encerrados en el ático.

Aunque daba lo mismo. Uno se dormía en cualquier lado y el otro perdía el tiempo contando insectos…


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Robertelyankee (80 noticias)
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