Los crucifijos serán retirados en un colegio público de Valladolid a petición de los padres de tres alumnos

Estudié en un colegio público de Madrid. Recuerdo muy bien a mis compañeros de clase, sus rostros imberbes, sus nombres, las tropelías sin importancia que tramábamos durante las horas de recreo.
Nos ponían de cara a la pared o nos expulsaban al pasillo, o de visita turística al despacho del director con cierta frecuencia; no atendíamos en clase demasiado, no hacíamos más que dar la lata, era nuestro modo de rebelarnos. Queríamos llamar la atención y ser populares...
Nuestras motivaciones principales eran: hacer pellas, copiar en los exámenes, contar chistes verdes, armar follón en clase, jugar, o tratar (casi siempre sin el menor éxito) de ligar con las bellezas de turno del colegio.
Cuando llegábamos a casa las conversaciones con nuestros padres estaban siempre vinculadas a los exámenes, los suspensos, los aprobados, lo bien que estudiábamos o todo lo contrario, qué amigos teníamos o cómo se llamaba determinada chica que nos volvía locos a todos. De Cristo o religión no se hablaba jamás.
Recuerdo que los pupitres de mi colegio eran de color verde claro, y el encerado estaba siempre lleno de borratajos. Había montones de paquetes de tiza junto a la pizarra, y en la mayoría de las aulas encontrabas, colgado de la pared, un retrato de D.Juan Carlos I y Dña.Sofía, o un crucifjo discretito de madera.
Nadie prestaba la menor atención a aquellos detalles. En nuestra básica mentalidad lineal el crucifijo sólo era un objeto que alguien había puesto en la pared. No tenía el menor significado, era un elemento indiferente, como las tizas o el borrador que usaba la profesora para atacarnos con nuevas ecuaciones matemáticas. El concepto trascendental de la elección religiosa como medio de perfeccionamiento del alma no había entrado en nuestro bagage de inquietudes ni de lejos...
La religión era de hecho una materia que encontrábamos de lo más fastidiosa, y hacíamos piruetas para saltarnos las clases.
Jamás observé en mi infancia profanos irreverentes, nihilistas, ateos, beatos, politeístas, agnósticos o cristianos acérrimos que fueran en modo alguno influidos por la presencia del crucifijo en las aulas. No lo asociábamos con un riguroso acervo religioso que definiría algún día nuestras vidas o nuestras acciones, sólo era un crucifijo.
Las cuestiones de fe, religión o las doctrinas de Cristo ocupaban en nuestras motivaciones un destacado puesto colista.
Pero los tiempos han debido cambiar mucho. Los teléfonos ahora son polifónicos y el Simca 1000 ya no se fabrica, ahora se lleva mucho más el BMW o el Audi 4. Por lo visto las preocupaciones de los padres también han decidido dar un viraje de 100 grados.
Los crucifijos serán retirados de las aulas, a petición de los padres que lo soliciten, en un colegio público de Valladolid
Aunque estoy convencido de que los niños de hoy en día no están en su gran mayoría absortos con las vivencias del profeta nazareno, algunos padres han decidido que la mejor manera de que la fe de sus retoños no se vea en modo alguno corrompida es mediante una iniciativa que erradicaría la imagen del crucifijo en las aulas.
Los crucifijos siempre estuvieron ahí y ningún niño de mi generación sufrió cambios de personalidad, no se convirtió al satanismo ni, casi con total seguridad, recordará si en la aula había o no había crucifijo, nos daba lo mismo, la verdad...
En cualquier caso en la actualidad se ha convertido este debate en un engorroso cisma, un torbellino que arrasa con todo y conmociona a propios y extraños, enfrentándolos en una especie de circo grotesco de protestas y exigencias.

Así está sucediendo en estos días en el vallisoletano colegio público Macías Picavea. Una sentencia judicial, con el consenso del Tribunal Supremo de Justicia de Castilla y León, ha dado curso a la petición de los padres de tres alumnos, quienes exigen la retirada de los crucifijos en las aulas.
Según su respetable opinión, la presencia de este icono de la cristiandad podría influir o tener alguna repercusión en el desarrollo de sus hijos, encauzando de una manera condicionada sus tendencias religiosas.
Los padres reclaman que los escolarizados reciban una educación conforme a sus convicciones. No obstante, el tribunal considera que la petición de estos preocupados padres representa una evidente minoría, por lo cual dictamina que sería inadecuado aplicar una normativa generalizada o global de erradicación de los crucifijos en todas las aulas.
Este hecho se produciría exclusivamente a petición expresa de los padres que lo soliciten.
Por su parte el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se expresa de modo diáfano sobre este particular, estableciendo como parámetro de normativa que, la presencia de crucifijos en las aulas de los colegios públicos violan o vulneran los derechos de los padres a educar a sus hijos de acorde con sus convicciones religiosas.

VÍCTOR VIRGÓS. BLADERUNNER.BLOGDIARIO.COM
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Comentarios de Los crucifijos serán retirados en un colegio público de Valladolid a petición de los padres de tres alumnos
javier (15-12-2009 16:37)
Victor Virgós (15-12-2009 20:27)
Victor Virgós (15-12-2009 20:29)
Lorena López (16-12-2009 15:16)
y alucino aun con lo de la peli
Sobre esta noticia
Autor: Victor Virgós (512 noticias)
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Tipo: Nota de prensa
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