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Culpable

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20/12/2018 22:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Presentada por estos lares en la Seminci el pasado 23 de octubre, ha tardado un mes justo en aparecer pantallas comerciales españolas la ópera prima de Gustav Möller y contra lo que sería lógico lleva camino de desaparecer de las carteleras a pesar de su reciente inclusión en la lista de mejor película extranjera para los premios Oscar a entregar en unos meses.

Efectivamente Den skyldige ha resultado una sorpresa de fin de año que ha elevado con creces el paupérrimo nivel de los doce meses precedentes y además delimita claramente las diferencias con lo que nos suele venir del otro lado del atlántico llenando las pantallas de productos infantiles.

El joven Möller al parecer emigró de su Suecia natal a Dinamarca precisamente porque quería ser cineasta y le gusta más el cine danés que el sueco y a falta de ver qué deciden los académicos estadounidenses de momento en su pueblo se la deben tener jurada, porque se ha estrenado en el largometraje con una pieza bastante robusta. Su productora, Lina Flint, debería haberle convencido para rodar la película en un escaso y mínimo 4:3 y sin color alguno y entonces las nuevas hordas convencidas de las bondades y virtudes del B/N le hubiesen ensalzado como el nuevo descubrimiento de la cinematografía europea.

Que lo es por mérito propio, porque Gustav Möller escribe el guión junto a Emil Nygaard Albertsen y cabe suponer que pasó horas, días, semanas, pergeñando un guión técnico que le ha permitido rodar una trama bien escrita limitada por el espacio físico y por la ausencia de personajes visibles en pantalla, un ejercicio minimalista que recae sobre los bien fornidos hombros de Jakob Cedergren que literalmente se come la pantalla durante una hora y veinticinco minutos muy intensos.

Asger Holm es un detective de la policía de Copenhague que por algún motivo que en principio ignoramos ha sido retirado de las calles y destinado a la oficina de atención telefónica primaria, el 112, donde recibe llamadas de todo tipo dándoles respuesta con unos modos que nos van ofreciendo paulatinamente datos relativos a su personalidad; se cala un auricular provisto de micrófono en la oreja derecha y ante las pantallas de su ordenador escucha, aconseja, inquiere, exhibiendo su perspicacia al momento de aprehender los hechos que acústicamente se le ofrecen.

De repente, Asger recibe la llamada de Iben, una voz de mujer llorosa y desesperada y el policía llega a la conclusión que se trata de un secuestro tras un hábil interrogatorio aconsejando a la víctima las formas de disimular su contacto con las emergencias policiales. Luego, sabrá que hay unos menores abandonados a su suerte y poco a poco la trama se irá complicando mientras paralelamente y por conversaciones particulares vamos haciéndonos un mapa de las dificultades personales de Asger y del porqué ha sido trasladado a un empleo teóricamente inferior, que el protagonista, avezado detective, desarrollará con una inusitada intensidad.

Möller nos presenta una historia de suspense que se va complicando conforme pasan los minutos apresando sin compasión la atención del espectador logrando que empaticemos con esa Iben que llora por sus hijos en un ejercicio cinematográfico en el que el sonido es la única fuente de información que se nos ofrece, pues el protagonista, Asger, no abandona la sala de emergencias policiales en ningún momento y la cámara está absolutamente encima suyo cada instante del metraje.

Pero la tensión, la intriga, el misterio creciente y el suspense por un desenlace que deseamos no sea trágico de alguna forma enmascara el juego que lleva entre manos el novel autor, guionista y director cuyo interés se nos hace evidente terminada que ha sido la película y mostradas sus cartas, marcadas todas ellas para ayudarnos a reflexionar sobre la debilidad de nuestras anticipaciones, de unas prisas para señalar culpabilidades, de un ansia por satisfacer el ego personal hasta el extremo de tomar decisiones precipitadas y erróneas al fin y al cabo, quizás con resultados irreparables. Una crítica nada velada a la rapidez de la sociedad en levantar el dedo acusador que logra confundir deseos personales con certezas inventadas, lejanas de la realidad, pretendiendo -y en ocasiones consiguiendo- que los sofismas ganen la lid, venzan la justicia.

Para ello el joven Möller, cineasta a tener en el miradero, se vale de una muy buena caligrafía cinematográfica repleta de planos cortos usando apenas saltos de eje para reforzar muy hábilmente la sensación que estamos ahí, mirando como Asger vive intensamente la última hora de desempeño de su tarea / castigo como receptor de emergencias más la media hora que fuera de su tiempo permanece ansioso y cada vez más frenético hasta que la situación, los acontecimientos y el devenir de Iben llegan a su fin.

Las pocas luces de baja intensidad ofrecen a la cámara usada por Jasper Spanning -casi siempre por debajo de la mirada de Asger- la oportunidad de endurecer la fotografía sin entrar en excesos en una paleta de colores apagados y brillantes cuyo contraste ayuda mucho a la labor de Jakob Cedergren: la falta de intensidad lumínica permite que sus pupilas se dilaten naturalmente o se contraigan cuando se mueve jugando con la luz que le ilumina sin que el objetivo próximo pierda el más mínimo detalle, casi transpirando al unísono con el estupendo intérprete en una composición que se advierte agotadora, merecedora de aplauso.

El espectador, encerrado en la misma habitación que Asger, a pesar de la limitación espacial no siente claustrofobia más allá de las ganas enormes de poder ver las acciones policiales que se desarrollan en la búsqueda de Ibe y su captor, absolutamente enganchado al juego formulado por el astuto Möller que con muy buen criterio se atiene al canon clásico de hora y media escasa con lo que la trama se presenta sin momentos débiles, vacuos e innecesarios y muy al contrario, con buen ritmo visual e histórico en un montaje excelente que evita la tentación de mirar el reloj: hasta el fin, los ojos presos de la pantalla.

En definitiva, una película a no perderse: espabilar, porque me temo que la mercadotecnia del "majestuoso B/N" la barrerá en las américas y ya su distribuidora, que ha tenido la estúpida decisión de presentarla como "The Guilty" en lugar de la más apropiada "Culpable", demuestra poca habilidad en mantenerla donde merece porque en apenas un mes de su estreno está casi desaparecida en carteleras. En v.o.s.e., aunque no se entienda nada del danés, vale la pena.

Tráiler:


Sobre esta noticia

Autor:
Elblocdejosep (210 noticias)
Fuente:
elblocdejosep.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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