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Currículum Vitae

18/07/2011 19:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Mi nombre es Ana Esther Méndez. No sé cómo hacer un currículum vitae porque nunca me enseñaron a hacer cosas que se saliesen de los contenidos del examen. Aprendí a redactar comentarios de texto siete meses antes del examen de Selectividad. Lo mío fue un embarazo prematuro, y el niño casualmente nació con cuatro patas y medio coherente. Tengo 18 años, pero 18 años y tres cuartos. En agosto cumpliré 19 años. Me gusta matizar lo de los tres cuartos porque a lo mejor de este modo, usted me tiene más en cuenta. Aunque probablemente ya haya roto este pliego, pero continúo contándole la historia de mi vida profesional.

Estudié infantil en el colegio Virgen Blanca, fui experta en pegar gommets en frentes ajenas   e hice un máster en colocar pinturas de Plastidecor en cajas de mantequilla reutilizadas mientras me pillaban los dedos con la puerta del armario cada vez que iba a guardarlas. En primero de infantil me gradué en artes plásticas por el libro "Kiwi", en segundo por "Fresa", y en tercero por "Melón". Una vez superada esta ardua etapa de siestas reprimidas por la risa cómplice con el más cabroncete de clase, de bailes después del sueño con canciones de los Pitufos en los que siempre bailé sola y sin que nadie me pisase ni me diese mordisco alguno en la sien, decidí ampliar mis horizontes y me matriculé en Primaria. En primero aprendí a leer gracias a Manolito Gafotas y a la Bragas Sucias, y conseguí dar tantas patadas por segundo a aquellos que me caían mal o que, simplemente se ponían delante de mí, como canciones de mierda escribía Sergio Dálmata. En tercero de primaria obtuve mi primera dirección de correo electrónico, y entré por primera vez al chat de ya.com con mi padre, desde entonces, siempre usé el nick de "delgadita2.000..." y el número que siguiese según el año que tocase. A lo largo del tiempo logré perfeccionar mis habilidades, y en quinto de primaria ya era capaz de arrancarle la cabeza a la Barbie fea, de conseguir el diploma de la clase en honor a aquel que más libros de Barco de Vapor leyese, y de hacer mi primera colección de cromos de Digimon a costa de los que me regalaban los demás. Poco a poco, en sexto de primaria, descubrí que me estaba haciendo mayor, ya era de los molones de primaria, y el mundo se me quedaba tan pequeño como las camisetas, que ya empezaban a encoger solas.   Cuando pasé a la ESO me di cuenta de que las pulgas de primero éramos como un enorme saco de excrementos. Útiles para abonar en tiempos de crisis, pero que dan olor si se tienen mucho tiempo almacenados. Aprendí a enamorarme en cuarenta y tres milésimas de segundo, a odiar a los de segundo y tercero, a desear tener quince años... Y cuando tuve quince años, me di cuenta de que el saco de excrementos era ahora un saco de piedras. No podíamos entrar a las discotecas, y nunca me dejaron quedarme más tiempo que nadie, el profesor del que estábamos enamoradas platónicamente empezaba a oler a putrefacción cotidiana, y me concentré en nuevas metas como asentar pilares tan importantes de mi vida como lo fueron Rebelde Way, RBD, Bisbal y la Super Pop. Pero en cuarto, algo cambió. Un día haciendo radiozapping me encontré con Sweet Child O' mine de Guns and Roses y experimenté una catarsis más profunda que el Éxtasis de Santa Teresa. Me gradué en la ESO y solía pavonearme delante de los tripitidores que todavía seguían anclados en primero como si el Titanic nunca se hubiese hundido, restando emoción al colegio. Bachiller fue la Gran Guerra. La vida era dura, empezaba a despertarse el gusto por aprehender en algunos, y en otros el gusto por los porros. Había quien lo compaginaba poniendo cara de gilipollas fumao mientras el profesor daba los casos del "se". En Bachiller... En Bachiller no aprendí más que a aprender por mí misma. El colegio nada me enseñó. Reuní fuerzas inconsistentes, para apuntarme a clases de alemán con un profesor medio fascista que daba aplausos de foca cuando su aventajado alumno de cuarenta y dos años respondía algo bien. Este año empecé primero de periodismo. Una carrera mala, bonita y cara, en una universidad que toma más el pelo que los locutores de la Parroquia del Monaguillo. ¿La carrera? La carrera está bien, poseo conocimientos de informática por lo que he aprendido en casa, y ¡ojo! Que sé encender, apagar el ordenador e incluso, introducir la contraseña sin equivocarme. No sé utilizar un procesador de textos porque ni siquiera sé cómo se escribe procesador. Google me ayuda a parecer una persona culta con sus traducciones ortográficas y de idiomas de calidad.

¿Experiencia laboral? Doblo calcetines del revés como nadie. Mis padres me avalan. No plancho, porque quemo la ropa, pero le hago unos tatuajes cojonudos a la plancha por la parte de abajo. No friego, porque la manicura francesa con tippex que me hago cada noche se iría al garete, y los típpex no están nada baratos. Tengo mucha imaginación y soy una persona muy versátil, cada vez que pongo la lavadora, la ropa me sale tan coloreada como mi mente, me encanta combinar todo en una explosión sensorial como lo son mis camisetas de The Bing Bang Theory. ¡¡BAZZINGA!!

Espero que le haya gustado mi currí-culo, y que me conceda el trabajo, ya que para mí sería un honor trabajar en Supermercados Día.

Un saludo.


Sobre esta noticia

Autor:
Lasonrisadelanube (60 noticias)
Fuente:
lasonrisadelanube.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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