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Cuando la democracia habla en alta voz

23/06/2011 10:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Suiza es un precioso país, conocido por cosas como sus tiendas de juguetes, sus chocolates, sus altísimas montañas, sus pintorescos paisajes, sus bonitas ciudades, y también por su entrañable apego a las propias costumbres. Aunque en nuestra retina predominen este tipo de pintorescas postales, el hecho es que Suiza es un prospero país que ha sabido conjugar la tradición y el desarrollo. No obstante, a veces puede parecer que Suiza va a remolque del resto de Europa, pero la realidad demuestra que es un país pionero en muchos aspectos, y mucho más dinámico de lo que podría suponerse si únicamente hacemos caso a los estereotipos que se asocian hoy en día con la modernidad.

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Suiza es una potencia no sólo en banca o en joyería; también en los campos más avanzados de la ciencia. En Suiza, cerca de Ginebra, está situado el acelerador de partículas más grande del mundo, popularmente conocido como "la máquina del Big Bang" que ayudará a la ciencia a lograr descubrimientos fundamentales sobre el origen del Universo. Además, empresas Suizas son punteras en el campo de la biotecnología como Serono. A propósito del patrón de Serono, Ernesto Bertarelli, y de los logros de Suiza: precisamente hoy en día la copa de la competición deportiva más exclusiva de los tiempos modernos: la América´s Cup, está en Suiza gracias al Alighi, el equipo de Bertarelli. No olvidemos que en esta competición se ha puesto en juego el prestigio naciones tan importantes como Gran Bretaña, que nunca llegó a conseguirla a pesar de poner en juego sus mejores recursos.

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Como vemos Suiza es un país moderno, pero además es un país que ha sabido acoger y que ha sabido integrar. En Suiza hay 4 idiomas oficiales 26 cantones regionales con su propia representación en la confederación. Además Suiza es el país que más lejos ha llegado en la representación popular mediante la democracia directa o semi-representativa directa. Por medio de esta forma de entender la participación popular en los asuntos públicos, los suizos acuden a las urnas más veces que cualquier europeo; en ocasiones varias veces por semana, o en una misma semana es común que se pueden votar varias iniciativas políticas. Simplemente bastan 50.000 firmas ciudadanas para promover un referéndum, 100.000 si es una modificación constitucional. _

Precisamente esta semana se ha celebrado en Suiza un referéndum para prohibir la construcción de nuevos minaretes en las mezquitas suizas. El referéndum no proponía ni limitar la construcción de nuevas mezquitas ni derribar los minaretes que pueda haber hoy en día. Contados los sufragios el referéndum ha sido aprobado por el 57, 7 de los votantes y por 23 de los 26 cantones. _

Las motivaciones de cada uno de los suizos para inclinar su voto, desde luego es muy suya, y por supuesto muy legítima, tanto si están a favor como si no. Seguramente, en la balanza del sí pesó el miedo a que por la fuerza de los hechos consumados, se impongan los símbolos de otras culturas sobre los símbolos de identidad propios de aquel país. Un minarete en cualquier pueblo, igual que un campanario, es un símbolo de la fe religiosa de esa comunidad. Un minarete, como un campanario, puede verse desde kilómetros de distancia. Un minarete, como un campanario, puede permanecer en pie cientos de años. Un minarete, como un campanario, formará ya parte de la imagen de ese pueblo en adelante.

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Lo que quieren los suizos que han votado mayoritariamente sí a la prohibición, es que no se confundan las postales de Suiza con las de Bosnia. Lo que quieren los suizos que han votado sí a la prohibición, es que no se engañe al mundo sobre la naturaleza de la tradicional fe cristiana del país, plasmada en su propia bandera. Lo que no quieren los suizos, es que el 4% de la población; la musulmana, que apenas lleva menos de una generación en el país, imponga artificiosamente su marca indeleble sobre los más de mil años de tradición cristiana del 80% de la población. Seguramente, lo que no quieren los suizos, es que gentes carentes de toda relevancia pública por su poca preparación, su bajo estatus social y su escasísima aportación al desarrollo y a la cultura de Suiza, destaquen en las calles y los pueblos suizos mucho más de lo que le corresponde socialmente. Al final, de lo que se trata, es de que una comunidad que no ha llegado con voluntad de integrarse, imponga por dejación del resto, sus costumbres y sus símbolos a otra comunidad de la que se pueden decir muchas cosas, pero no que no sea integradora de diferentes culturas y religiones. _

Como ya apunté en mi anterior post Holandalus, la imagen de Europa va a sufrir cambios trascendentales en los próximos años, debidos a la permisividad migratoria de los gobiernos, que han mal interpretado la necesidad de un reemplazo generacional, yéndose al camino fácil, que es el de aceptar la entrada de trabajadores extranjeros. También es cierto que, Europa ha sido muy condescendiente con el derecho de asilo; pero no podemos obviar que los principales culpables de una inmigración descontrolada y perniciosa han sido los funcionarios implicados en los diferentes trámites de extranjería, muchos de los cuales han convertido una cuestión administrativa, en un supuesto problema de conciencia personal que han decidido resolver por ellos mismos; casi siempre en contra de la legalidad y en contra de los intereses de sus propios países.

Lamentablemente, una vez limpia de polvo y paja la conciencia personal de políticos y funcionarios, es la sociedad quien tiene que apechugar con los estragos sociales que produce la inmigración descontrolada que ellos mismos han promovido. Entre los principales problemas está el de aceptar o no aceptar los continuos chantajes de quienes son refractarios a las costumbres del país de acogida. La comunidad más reactiva en este aspecto es la musulmana y por tanto es también la más problemática. _

Cuando una comunidad muy minoritaria, puede permitirse imponer sus costumbres a una muy mayoritaria, está ejerciendo una tiranía. Los suizos han decidido plantar cara a esta tiranía y autodeterminarse como comunidad cristiana y tradicional, con sus propios derechos y con la plena voluntad de decidir su futuro democráticamente. Por desgracia, los suizos son los únicos en Europa que al parecer pueden decidir su propio destino, porque en Europa la tiranía es muy otra. Aquí padecemos la tiranía de la corrección política, que no es más que una forma de evitar el debate de ideas. En Europa también sufrimos la tiranía de unos partidos políticos anquilosados y mastodónticos, agresivos ante cualquier cambio que pueda hacerles perder el control de la información que se traslada al pueblo sobre su gestión pública. En Europa, penamos con una clase política más preocupada en mantener sus mezquinas parcelas de poder, que en el verdadero interés público, y cuyo único objetivo en política consiste en aumentar, a costa del interés general, el número de funcionarios asignados a su cargo, como forma de apuntalar las prebendas presupuestarias y su (casi siempre inexistente) prestigio personal. Por supuesto, el círculo del despotismo en Europa se cierra con la tiranía de los medios de comunicación, que sobreviven al amparo de las subvenciones públicas; que se nutren de la bicoca que suponen las campañas institucionales; y que engordan con la publicidad a toda página de las grandes empresas publicas y semipúblicas. _

Solo en el contexto mencionado puede entenderse, que legítimas decisiones democráticas tengan críticas tan agrias, como las que se han dado en este caso. En general, todos los artículos de la prensa escrita han tratado a los convocantes de ultraderechistas, islamofóbicos, bárbaros y retrógrados. ¿Pero de quien están hablando realmente?¿Acaso son barbaros los suizos, que han llevado la democracia más lejos que ningún otro país en el mundo; no digamos ya que los paises musulmanes? Seamos serios: ¿puede alguien atreverse a llamar bárbaro a un pais que registra más patentes médicas al año, que todos los países árabes juntos?¿Se puede llamar retrogrado uno de los países más prósperos del mundo, dos de cuyas ciudades están entre las diez de mayor calidad de vida?¿Entonces cómo deberíamos llamar a esos países de donde proviene la inmigración musulmana?¿Avanzados?¿Democráticos? Desde luego, es una absoluta desvergüeza, la forma en que la prensa europea enfoca todas las noticias que tengan que ver con otra cosa que aceptar la sumisión al proceso de islamización de Europa. _ Por descontado, en la misma línea que la prensa, los políticos europeos han lanzado airadas opiniones, que van desde de la agresividad verbal y las injurias nada disimuladas a los suizos por parte de la izquierda biempensante, a la ya habitual tibieza acomplejada de la derecha. Por poner un ejemplo de esto último, copio las palabras del portavoz del gobierno alemán Wolfgang Bosbach, a quien, más que la gozosa posibilidad de ver muchos minaretes en Suiza en un futuro próximo, le preocupa la mala imagen de los Suizos: "Suiza que será vista como represora de una religión". Obviamente Suiza, que no reprime en absoluto a ninguna religión, sólo puede ser vista como un represor si unos mienten y otros se callan antes esas mentiras. _

Lo cierto, es que si los europeos tuviéramos el derecho efectivo de decidir libremente sobre cuestiones tan importantes como estas, estoy convencido de que el que el resultado sería el mismo que el de Suiza o incluso con mayor margen. Al fin y al cabo; y le pese a quien le pese: ¿quién quiere ver el minarete de una mezquita en una postal de su pueblo?

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Sobre esta noticia

Autor:
Tintinenelpaisdelosprogres (23 noticias)
Fuente:
tintinenelpaisdelosprogres.blogspot.com
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Tipo:
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