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Un hongo alucinógeno, la psilicibina, que trata la depresión, siembra la esperanza de millones de personas en el mundo

24/06/2016 11:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es la causa principal de incapacitación en el mundo, pero hasta ahora no había sido posible encontrar terapias adecuadas contra ella, barajandose los alucinógenos, como el Lsd, como el electroshock, hasta ahora ineficaces

En los años sesenta se puso de moda el uso recreativo de los alucinógenos, muchos de los cuales procedían del mundo natural y habían sido empleados por diversas culturas en sus ritos religiosos o de sanación.

Pero las autoridades decidieron no sólo prohibir su uso, sino detener cualquier tipo de empleo de estas sustancias, incluso en investigación biomédica. Los ensayos clínicos que se empezaron a hacer en esa época se detuvieron en seco. Durante décadas no se ha podido realizar ninguna investigación acerca del uso de estas medicamentos para el tratamiento de enfermedades. Pero eso está cambiando.

Ahora se ha publicado el resultado de un estudio según el cual la psilocibina, el alucinógeno presente en los hongos “mágicos”. Un ensayo clínico con psilocibina ha dado buen resultado a la hora de curar la depresión en pacientes crónicos en los que no había funcionado ninguna otra terapia en el tratamiento de la depresión en personas que no responden a otros tratamientos.

Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es la causa principal de incapacitación en el mundo, pero hasta ahora no había sido posible encontrar terapias adecuadas contra ella.

El grupo de investigadores de Imperial College London trató a 12 pacientes con esta sustancia. Todos ellos sufrían depresión de larga duración con un promedio de unos 18 años. Además, ninguno sentía alivio de su dolencia a través de la medicación habitual de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRSs) o de electrosohocks que todavía se usan.

Se utilizaban los “electroshocks”, para tratar depresiones, sobre cuyo uso la sociedad estaba muy dividida entre quienes veían en ellos prejuicios de películas de terror con médico sádico o psicópata se aplicaran o no bajo anestesia. De ahí que se extendiera una relación entre el electroshock y el abuso de ese tratamiento para doblegar la voluntad de pacientes rebeldes.

Al cabo de una semana de haber recibido una única dosis de psilocibina, todos los pacientes experimentaron una mejora en sus síntomas. Al cabo de tres meses cinco pacientes estaban en total remisión de su enfermedad. La remisión completa en el caso de tratamientos estándar con SSRIs es de sólo un 20%.

Según Robin Carhart-Harris es un resultado notable dado el contexto de los tratamientos actuales. Los autores del estudio sugieren que el tratamiento con psilocibina puede ser un buen último recurso para pacientes con depresión crónica. Los pacientes toleran este compuesto y además es seguro, según los autores.

No va a ser fácil comercializar esta y otras sustancias similares. La psilocibina está clasificada como una droga de clase A en EEUU y RU, lo que la coloca dentro del mismo grupo que la heroína o la cocaína.

El comité ético que concedió el permiso para este ensayo estaba preocupado acerca de que los voluntarios sufrieran brotes psicóticos o similares, así que exigieron un seguimiento de tres meses sobre estos pacientes. Se necesitaron 32 meses de burocracia desde que se recibió la primera aprobación hasta que se administró la primera dosis. Cada solicitud conllevó dos meses de demora. Antes de la prohibición del LSD y otros psicotropos similares, se decía lo mismo “solo tuvo motivos políticos de reacción ante los cambios culturales que estaban ocurriendo entre los sesenta y setenta“. Y se llegó a investigar e incluso su uso como tratamiento con receta. Stan Groff reunió miles de datos entre tratamientos propios y ajenos que avalaban buenos resultados incluso en las aun hoy incurables esquizofrenias.

Se vuelve a los alucinógenos en medio de diversos pareceres en pro y en contra de esta terapia

En cuanto al LSD, figuras con alta fama mediática como Timothy Leary o el actor Cary Grant preconizaban su consumo, el movimiento hippie y los acid-tests hicieron el resto para que el árbitro sacara tarjeta roja.

Este proceso llevó sólo seis meses en otros casos de ensayos con drogas ilegales similares como el LSD o la MDMA. Los investigadores se muestran frustrados por todo este proceso.

Hay estudios similares, como el realizado en el Heffter Research Institute (Santa Fe) en el que se comprobó la capacidad de aliviar la depresión de la psilocibina en pacientes de cáncer terminales. En esta tarea se están ya probado en ensayos clínicos la efectividad de sustancias alternativas como la ketamina o la ayahuasca, siendo los resultados prometedores.

La ketamina había dado resultados esperanzadores, pero con medicación compleja, continuada y muy caro proceso, insoportable a medio plazo o a corto.  El mundo estaba cada vez mentalmente peor. Si no podíamos erradicar el motivo profundo, hallar por lo menos un alivio para la depresión profunda y de larga duración, que  a menudo conduce al suicidio.

En este caso de la psilocibina el resultado es particularmente interesante porque los efectos beneficiosos de la droga se consiguieron con una única dosis, a diferencia de otros tratamientos en los que se requiere estar tomando una medicación diariamente, a veces de modo permanente.

Es de esperar que ahora se aprueben nuevos ensayos a una escala mayor para evaluar mejor el uso de la psilocibina en el tratamiento de la depresión.

Antonio Escohotado Espinosa es un pensador, ensayista y profesor universitario español cuyas obras, si bien centradas principalmente en el derecho, la filosofía y la sociología, han abarcado gran variedad de campos. Obtuvo notoriedad pública por sus investigaciones acerca de las drogas, y son conocidas sus posiciones antiprohibicionistas. El leit motiv de su obra es una afirmación de la libertad como antídoto frente al miedo o las coacciones que empujan al ser humano hacia toda clase de servidumbres

Antonio Escohotado ha hecho un buen repaso al historial de prohibicionismo y pone ejemplos y contrajemplos muy interesantes: uno de sus ejemplos era el uso de la codeína que hasta hace poco se vendía sin necesidad de prescripción médica en las farmacias como antitusivo. Pero es un opiáceo mayor del mismo grupo que la morfina o la heroína aunque el número de adictos es sensiblemente menor que a la heroína.

A renglón de lo anterior, Escohotado pone otro ejemplo que resultaba muy llamativo aunque no consta si fue en Suiza o en Inglaterra durante el gobierno de Thatcher cuando se despenalizó a modo experimental tanto el consumo como la venta de heroína…y el sorprendente resultado es que los adictos acabaron emigrando a otros países donde siguiera estando prohibida. La explicación que da Escohotado es que los adictos no querían perder su status de víctimas draculinas de la sociedad, además de un modo de vida con ciertas ganancias (por ejemplo, no trabajar y estar exentos de obligaciones y responsabilidades).

Hace unas semanas salía al mercado el libro "Frente al miedo" del profesor Escohotado. Se trata de un conjunto de textos -de muy diversa factura en lo temporal y recorrido en lo conceptual- que nos dan a conocer una selección de los mejores escritos, de todas esas distintas personalidades que se integran en el genial pensador. La mirada que aportó el criterio, para separar grano y paja, en esta equilibrada composición "a dos mentes" fue la de Guillermo Herranz. El quién no es casual, tratándose del editor habitual de Escohotado, con el vasto material producido ya por éste -y algún texto inédito- ha sido capaz de trenzar conceptualmente (en forma de caminos sencillos para el lector) una útil visión del pensamiento, en varios aspectos, de este prolífico autor.

La estructura que sostiene el libro tiene cuatro grandes partes -todas al trasluz del cristal del miedo- en las que se tratan aspectos relativos a pensar sin miedo -en libertad- y las implicaciones del miedo a nosotros mismos expuesto como miedo a las drogas, el miedo a los demás y las cuestiones de la política y, por último, el miedo al mundo como reservado para las indagaciones en la religión, el más allá, la ciencia y la filosofía. Para aquellos que tenemos el placer de conocer previamente la obra de Escohotado, la estructura de la obra y elección de los pasajes resulta tan oportuno como un "diccionario sobre el autor", que ayuda a ubicar con facilidad el lugar donde se encuentra tal o cual idea previamente publicada.

 


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