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La derecha no sabe perder

03/06/2015 20:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La derecha española, se atiene mal a los resultados electorales. Las rabietas y argucias de Esperanza Aguirre son una clara muestra de su mal perder y de sus desmedidas ansias de poder

El 16 de febrero de 1936, una coalición de partidos y asociaciones de marcada tendencia izquierdista, conocida como Frente Popular, se alzaba con la victoria en las elecciones generales españolas. Frente a los 156 diputados obtenidos por la derecha clásica y ultramontana agrupada en torno a la CEDA de Gil Robles y en los que no hubo representación de Falange, la izquierda conseguía 263 diputados, repartidos entre la mayoría socialista, los republicanos de izquierdas o la mínima expresión del POUM con un solo representante. Al margen, en el centro del espectro, la opción centrista de Portela Valladares, a la sazón presidente en funciones del Gobierno en aquellos momentos, sólo alcanzó 53 representantes.

Pero la derecha española, esa derecha latifundista, trasnochada, soez y clerical digirió mal la derrota, la victoria del Frente Popular cercenaba sus expectativas de un retorno a la España de Alfonso XIII y su dictador, Primo de Rivera, a sus misas y prebendas, a su totalitarismo.

Al día siguiente, nada más conocerse los resultados y sin esperar a la formación del futuro gobierno, se produjo el primer intento de un golpe de fuerza por el propio Gil Robles, el gran derrotado y que dos meses antes había recabado la opinión de la cúpula militar para tal acción. La ignominia de la acción pasaba por las instituciones del Estado, el presidente en funciones debía declarar el Estado de guerra ante los supuestos disturbios durante las celebraciones, por la victoria en las urnas, de los partidarios del Frente Popular y anular las elecciones. Franco, Jefe de Estado Mayor le secundó, pero la intentona no cuajó por la firmeza de Portela Valladares y los mandos militares leales a la República. De hecho, el resultado fue el contrario, la transferencia de poderes se tramitó con suma rapidez y el 19 de febrero, Azaña formaba el nuevo gobierno.

Estos acontecimientos, que tan lejanos se sitúan en el tiempo, prácticamente ochenta años, nos resultan ahora, demasiado familiares y es que la derecha, la de siempre, esa que tan desarrollado tiene los genes del mando indiscriminado, la grotesca chulería y los desplantes continuos no sabe perder, le falta costumbre y cuando tal sucede intenta por todos los medios, recuperar aquello que cree de su exclusivo dominio. Sus actitudes, sus acciones golpistas de aquel febrero olvidado y las posteriores no hicieron sino avivar la mecha de la discordia. Lejos de cesar en su empeño y una vez desactivada su intentona, Gil Robles y sus seguidores de la CEDA dedicaron todos sus esfuerzos a bloquear cualquier actividad o diálogo con las instituciones republicanas, las legales desde la aprobación de la Constitución de 1931.

Falange, la formación fascista de Primo de Rivera, excluida del Parlamento dados sus escasos simpatizantes, apenas sesenta mil votos, abrió la espita de los asesinatos con el atentado fallido contra Luis Jiménez de Asúa, uno de los inspiradores de la Constitución, donde resultó muerto su escolta Jesús Gisbert. Las consecuencias son de sobra conocidas aunque puede que desconozcamos los detalles. Entre febrero y el golpe de estado de julio de 1936 murieron, víctimas de la violencia política, 262 ciudadanos, de ellos, 148 militantes de partidos o asociaciones de izquierdas, 50 de la derecha, 19 miembros de la fuerza pública y el resto sin identificar. Consecuencias claras y evidentes de la notoria falta de civismo social y político de la derecha que, en ningún caso acepta un no por respuesta, mucho menos ideas diferentes a las suyas y propicia con sus actuaciones atrocidades de difícil control.

El domingo 25 de mayo de 2003 se celebraron elecciones autonómicas y municipales en España y los hechos esbozados en los párrafos anteriores, son apenas un leve recuerdo en la memoria de algún abuelo, aunque no lo sean sus prácticas ni sus intenciones. Abortado el Tejerazo veintidós años antes, al menos en apariencia, España caminaba, también en apariencia con paso firme y sosegado de la mano de su monarquía parlamentaria. En el posterior recuento a las votaciones en la Comunidad Autónoma de Madrid, la suma de los 47 diputados socialistas y los 9 de Izquierda Unida supera a los 55 escaños obtenidos por el Partido Popular. El resultado supone un duro varapalo para las ansias, insaciables, de la populista Esperanza Aguirre y por supuesto de su mentor, José María Aznar. Ante tal desaguisado la maquinaria subversiva se activa de nuevo y el 10 de junio durante el proceso de elección de Presidente de la Asamblea de la Comunidad de Madrid, los diputados socialistas María Teresa Sáez y Eduardo Tamayo se ausentan de la sala, impidiendo la elección del candidato del partido socialista. Los populares, ahora con mayoría, eligen a Concepción Dancausa, de recia estirpe falangista, y se disponen a gobernar aunque, meses después y ante la imposibilidad de lograrlo, la cámara se disuelve. En los nuevos comicios, Esperanza Aguirre obtiene mayoría absoluta y en consecuencia, alcanza la presidencia de la Comunidad. Objetivo conseguido.

Las diversas investigaciones sobre el conocido Tamayazo no aclararon lo sucedido; era de esperar y las respuestas a las acusaciones de corrupción y soborno, las preguntas sobre una coima de un par de millones de euros continúan en el limbo de la política madrileña, un lugar cada vez cada vez más amplio y obsceno, aunque el Vaticano reniegue, desde hace unos años, de su existencia.

Otra vez el no saber perder de la derecha, la misma de 1936, sus nietos, con otros vestidos y otros peinados pero, imbuida, por supuesto, de sus mismos valores imperialistas y ultramontanos; el poder madrileño prosiguió en sus manos y asunto resuelto. Parafraseando a Churchill,   un tenebroso y obsceno telón de corrupción, prevaricaciones y desafueros se acababa de asentar sobre Madrid.

No, la derecha no sabe perder, nunca supo y nunca quiso aprender, tan acostumbrada está a salirse con la suya mas

Al menos esta vez la sangre no llegó al río, la inclusión de España en organizaciones supranacionales como la OTAN o la comunidad europea nos libró de hechos luctuosos y de funestas consecuencias.

El 24 de mayo de este año, la lista encabezada por Esperanza Aguirre, la lideresa madrileña, alcanza el honroso honor de ser la lista más votada en las elecciones al ayuntamiento capitalino, pero sus 21 concejales, resultan insuficientes ante una más que probable coalición entre Manuela Carmena, candidata de Ahora Madrid y los socialistas de Antonio Miguel Carmona; los 20 de la primera más los 9 del segundo se antojan inalcanzables para los populares, que podrían contar, eso sí, con la suma de los 7 de Ciudadanos.

Luego de una velada de fantasmas, rabietas, blasfemias y lloriqueos, el aquelarre popular toma cuerpo en la imagen de su candidata a la alcaldía; su boca cincelada en una apretada línea, taja su cara de oreja a oreja, sus ojillos rapaces buscan alguna presa despistada, pero sólo una botella de agua, vacía se adhiere a sus garras. Hemos ganado, musita, trastabillada la voz, perdido el hilo y el gesto, ella, Esperanza Aguirre que siempre se precia de sus tablas; ella, siempre tan ufana de su casticismo y no olvidemos que casticismo deriva de casta, rueda sin control por el peor escenario que hubiera podido imaginar. Apenas unas frases inacabadas más y adiós. En la calle, apenas a quince, veinte minutos, en la Cuesta Moyano, el pueblo madrileño, salta, brinca y jalea a la más que posible nueva alcaldesa, Manuela Carmena, la cabeza de lista de Ahora Madrid, la candidatura de unidad popular auspiciada desde varios colectivos ciudadanos entre los que sobresale Podemos.  

Pero las escaramuzas no han hecho sino comenzar; el martes, a media tarde, la presidenta de los populares madrileños, inicia la reconquista del poder que las urnas le han negado. Comparece ante los periodistas y lanza un ultimátum, todos unidos, Ciudadanos, PSOE y PP contra los impresentables de Podemos, todo con tal de que la jueza jubilada no consiga el bastón de la alcaldía; en su delirio ofrece el puesto al candidato socialista, denostado por ella hace sólo unos días durante la campaña electoral. En días sucesivos y ante las contundentes negativas de sus oponentes y ahora anhelados aliados, urdirá nuevas tramas y llegará a proponer un gobierno de concentración, bajo el mando de Manuela Carmena siempre y cuando ésta, abandone su peregrina idea de sovietizar los barrios madrileños. A tal punto llega su paranoia que ofrecerá su sacrificio político, en el altar del templo de la democracia.

En sucesivas explicaciones expondrá el mantra principal de su partido, tiene que gobernar la lista más votada y argumentará que la suma de los partidos demócratas, socialistas, Ciudadanos y el suyo, doblan en votos a los de Ahora Madrid, sin caer en la cuenta de la truculencia del dato; si lo tornamos en pasivo, el Partido Popular apenas alcanza la mitad de los votos obtenidos por el resto de formaciones. Tampoco recordará que, siendo concejala del consistorio madrileño propició en unión de su grupo y el desaparecido CDS, el ascenso a la alcaldía de Agustín Rodríguez Sahagún en mayo de 1989. El candidato del desaparecido CDS, íntimo de Suárez, mediante una moción de censura contra el socialista Juan Barranco, con el matiz añadido de que la lista centrista suarista era la tercera en número de votos. La señora Aguirre, es notorio, muda su piel cual camaleón, verdadera artista de la tergiversación de los hechos con tal de alcanzar su objetivo, el Poder, al precio que sea.

Un precio que empieza a pagarse en las calles madrileñas, con diferentes manifestaciones filo fascistas o franquistas en contra de todo cuanto no les agrada; brazos extendidos, agresiones a periodistas o amenazas de muerte son tan sólo una breve muestra de las consecuencias de las sucesivas arengas de la condesa de Bornos.

No, no estamos al principio del escrito, no estamos en febrero de 1936, pero lo parece. En la calle, anclados a la obsoleta retórica falangista, la bandera rojigualda como capote, la amenaza como argumento, muchos de los que un veinte de noviembre desfilaron junto a sus padres, ancianos caballeros mutilados de la Guerra Civil, ante el cadáver recompuesto de Franco, intentan de nuevo, cuarenta años después, cifra mágica, revertir el orden constitucional de la única manera que saben y conocen, la fuerza, el insulto, la muerte.

No, la derecha no sabe perder, nunca supo y nunca quiso aprender, tan acostumbrada está a salirse con la suya mas, cuando no es así, su indecente poder se pone en marcha y a su paso devastador no le duelen prendas con tal de alcanzar la victoria al precio que sea.

El 24 de mayo de este año, la lista encabezada por Esperanza Aguirre, la lideresa madrileña, alcanza el honroso honor de ser la lista más votada en las elecciones al ayuntamiento capitalino

No, repito y no me cansaré, la derecha no sabe perder, aunque la verdad es que tampoco sabe ganar. Para qué.

 

Primeros de junio de 2015.


Sobre esta noticia

Autor:
Ignacio Terrós (17 noticias)
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Tipo:
Opinión
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