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Desahuciados

18/11/2014 05:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hemos sido lanzados al espacio infinito, expulsados de nuestros territorios sin compasión, injustamente, improcedentemente… desnudos de nuestros bienes y derechos por un sistema gubernamental injusto e insolidario

Esta palabra define íntegramente a la sociedad mundial. No es un titular sensacionalista ni mucho menos, no es más que la realidad con la que convivimos millones de personas en este mundo.

Millones de personas viven el desahucio de sus hogares, los cuales pierden impotentes debido al crac de la economía mundial. Tras una vida de sacrificios y privaciones para alcanzar el sueño del techo propio y merced a los tejes y manejes de los “grandes señores” que marcan las pautas de la economía mundial, ven con desespero como son arrojados de sus viviendas. Con ello comienza a abrirse un duro abanico que lejos de apaciguar el sopor de sus aciagas vidas, dibuja la intrincada telaraña de la irreversible bancarrota con todas sus consecuencias. Es de lamentar en demasiados casos que los límites traspasen el horizonte de la vida. Podríamos decir que estos suicidios son crímenes encubiertos, ilícitos e impunes, que ni siquiera pesan en la conciencia de sus causantes.

Desahucio económico que no es más que la letal consecuencia de los despidos en masa que se originan, en la mayoría de los casos, debido a políticas laborales erradas y desfavorables hacia el trabajador, gran víctima inocente de ellas. Este hecho tan “normal” en la época en que vivimos, expulsa a la deriva y a la intemperie a la gran franja de la sociedad actual. Quienes comandan el curso de la economía mundial son los directamente responsables de la desesperación en la que mal viven millones de personas en el mundo. Han dirigido una estricta estrategia que ha situado a los desempleados hacia el desamparo y la desesperanza. Sin embargo en contra partida con sus “reformas” lo que han logrado es su propio enriquecimiento. ¿Cómo?, lisa y llanamente gracias a la espada de Damocles que pende sobre la cabeza de cada trabajador. Han reducido sus salarios a la par que sus derechos, propiciando un éxodo que ha desmembrado familias enteras. Hijos que han abandonado sus hogares en busca de un porvenir más prometedor. Parejas obligadas a una separación dura y lastimosa… dolor, y angustia que no se recuperara jamás. Recuerdan que en la antigua Roma la sociedad estaba dividida principalmente entre “patricios” y “plebeyos”, es decir Aristócratas, ricos, poderosos representados por los patricios, dirigentes de todo el imperio, y los esclavos, pobres, serviles, vilipendiados, que eran los plebeyos. Clase alta y baja sin la existencia de un término medio. La gran ausente entonces y ahora es la clase media; se han ensañado tanto con ella que la han extinguido totalmente, al igual que entonces, ricos que cada día lo son más y pobres que también cada día son más pobres sin remedio.

Padecemos también el desahucio sanitario por añadidura y debido al ensañamiento de las equivocadas políticas diseñadas por quienes dirigen el timón mundial. Han marcado a fuego, hiriendo de muerte este sector con recortes injustos que han hecho trastabillar el buen funcionamiento del mismo. Aquí juega un papel preponderante también los propios intereses de algunos personajes más interesados en hacer “fastuosos negocios”, lanzando a la gran masa social hacia las grandes empresas privadas, donde se lucran con servicios que por derecho constitucional deberían ser “gratuitos”. Este término, “gratuito” no significa que el Estado lo pague, de ninguna manera. La sanidad es financiada por el aporte de todos los trabajadores que durante su vida productiva aportan mensualmente un porcentaje que está destinado a ello. También aportan un porcentaje destinado a financiar su propio retiro. Nadie nos regala nada, eso está más que claro ¿verdad? Lo que sucede es que los políticos intentan convencernos que estamos recibiendo un servicio gratuito y no es así. La sociedad trabajadora aporta por ello, y esa partida de dinero debe resultar tan intocable como la destinada a las pasividades. Sin embargo han tirado de ella, lo que también anuncia un nuevo desahucio a corto plazo. La generación actual, de continuar con estas “austeras políticas económicas” deberá trabajar hasta el último suspiro o de lo contrario conformarse con las migajas que pretendan darles al final de su vida en activo a modo de jubilación, porque no existirán fondos suficientes para hacer frente a las mismas.

Por si todo esto fuera poco asistimos además al desahucio cultural-educativo. Es tremendo lo que han hecho con ello. Recortes totalitarios que han recaído en bajos presupuestos que no contemplan la realidad de este sector.  No se ha invertido en la creación de escuelas, institutos, facultades. No se han consignado partidas suficientes destinadas a investigación ni al personal docente, ni a muebles y útiles… ¿Para qué?, resulta hiriente  solo de pensarlo, pero con ello han desahuciado el FUTURO de las naciones, el FUTURO del mundo. Están fomentando deliberadamente la ignorancia, el analfabetismo, la inopia, porque es la manera más cómoda y más sencilla de lograr una generación más dócil, más moldeable, obediente… una nueva generación que sea más proclive a ser “dominada”. Aquellos pueblos, cuyos ciudadanos no son ilustrados son fácilmente avasallados y oprimidos, este y no otro es el motivo de las afiladas tijeras. Han machacado el futuro de nuestros hijos, y lo más triste de todo esto es que asistimos a este multitudinario funeral sin que hagamos absolutamente nada por evitarlo.

Con impotencia vemos como los “patricios” modernos viven en un mundo rodeado de vanidades, lujos y comodidades financiadas con dineros erogados del erario público y o provenientes de negociados generados por tráfico de influencias. En pocos años se han enriquecido de una forma tan avara y surrealista, de la misma forma que han empobrecido y emponzoñado a la sociedad, a los trabajadores, a quienes son los únicos responsables del avance de las naciones. Resulta irónico que quienes aportan el empuje, impulsan las industrias, laboran oficios y desarrollan funciones calificadas sean los más perjudicados debido a los artilugios macabros de quienes en definitiva son más que asalariados de la ciudadanía.

La peor consecuencia de estos “desahucios” es que nos  han llevado hacia un abismo tan profundo del cual resulta casi imposible  imaginar una remontada inmediata. La evolución de la actual sociedad ha sufrido un “stop” que permanece inamovible y hasta que no se vire el timón en sentido contario seguiremos asistiendo a la hoguera de las vanidades, protagonizada por la camarilla de políticos de turno y al infierno de Dante protagonizado por la sociedad actual donde solo podremos seguir oyendo letárgicos lamentos, agónicos gritos de socorro y un nauseabundo hedor a corrupción, generalizado que está llevándonos a la ruina social, económica, cultural y anímica.

El despertar de la sociedad representa un nuevo horizonte, matizado de brillantes colores que signifiquen un futuro común, benigno, fructífero y equitativo para la humanidad

Oír las noticias mundiales nos deja un amargo sabor fétido y soez, combinado con una irrefrenable impotencia por la injusta situación en la que nos encontramos y de la que no somos responsables, pero de la que si nos han endosado las consecuencias y obligaciones. Nadie pide responsabilidades, nadie intenta descubrir en qué lugar se encuentra dormitando la “justicia” y llamarla a actuar de forma inmediata.

A diario convivimos con la supervivencia, remando siempre contra la corriente, porque no llegamos a fin de mes, porque no nos alcanza el dinero ni siquiera para hacer frente a las obligaciones más elementales, o porque no tenemos ni un mendrugo de pan que ponerle en la mesa a nuestros hijos. Como consecuencia directa del desempleo han gestado un estado de infortunio y desventura tan profundo que nos ha encadenado a una pesada estaca inamovible. La penuria en la que se mueve un alto porcentaje de la población mundial ha generado la inseguridad debido a la delincuencia, a la violencia, al crimen, que no son más que gravísimos atentados contra la humanidad. Confrontados  a ellos, sobornos, prevaricación, estafas a gran escala, pasean emperifollados dentro del mundillo de privilegiados e intocables,  amparados en aforos y privilegios no sancionables. Hechos delictivos mucho más alevosos y vergonzosos, carentes de moral y ética, instrumentados por aquellos personajes inescrupulosos que hemos encumbrado en el poder para representarnos y velar por nuestros intereses…

Esta intrincada realidad clama por rectitud, conciencia, moralidad y un razonable “ajuste de cuentas” que nos permita volver a respirar aire puro y no el viciado que nos obligan a inspirar desde hace ya demasiados años.

Esta catástrofe que nos ha llevado al holocausto, ha sido abanderada con la tan mentada “austeridad”, pero hemos sido tan patriotas, tan inocentes que creímos inicialmente en ella por el bienestar de todos, sin embargo día a día descubrimos que la austeridad que se nos ha obligado  a aceptar no salpico a quienes la crearon, sino que por el contrario mientras nuestros cinturones se iban ajustando hasta asfixiarnos, esta pandilla se anegaba en la abundancia y  el despilfarro, cebando su patrimonio, lucrándose de nuestro infortunio. Podríamos decir que padecemos de una enfermedad llamada abuso de confianza y timo. Porque realmente es lo que han hecho con la confianza deposita en las urnas al olvidarse de sus deberes y obligaciones para con quienes les dieron su voto. Se han olvidado de sus promesas electorales el mismo día que juraron sus cargos y se sentaron en sus cómodas y confortables butacas.

Mientras ellos labraban su futuro en la abundancia, la opulencia, el bienestar y el derroche, millones de personas en el mundo mueren de hambre, sufren carencias espeluznantes… Millones de niños mueren realizando rudas tareas, obligados a trabajar desde su más tierna infancia o son instruidos para la guerra. La hambruna, la pobreza extrema, el desamparo, el abuso, la precariedad, el desempleo hoy en día no solo ocurren en los llamados países sub desarrollados o del tercer mundo. No, los países del primer mundo que se han mimado de status, y se jactan de ser desarrollados también la padecen debido a la ambición desmedida, a la avaricia, a la sed de poder y de riqueza de quienes los gobiernan.

Este intrincado caos mundial debe acabar, la omisión de los derechos humanos, el desconocimiento de los derechos de las personas deben primar y la justicia social debe comenzar a reinar en el planeta. Evidentemente nada hemos aprendido de la historia del mundo. La barbarie de civilizaciones consideradas primitivas, aún sigue practicándose en este sombrío presente en el que vivimos. ¿Hacia dónde nos lleva esta ruta por la cual transitamos?, creo que únicamente nos lleva al pasado, a una serie de episodios repetitivos que deberían permanecer sepultados en las páginas de los libros de historia. No es bueno retornar en el tiempo, es menester avanzar y para ello toda la humanidad debe cambiar, debe transformarse y vestir atuendos solidarios, equitativos, fraternal y de concordia. La unión hace la fuerza, y esa es justamente la receta que derrote a la oligarquía, a la opresión, a la autocracia, a la tiranía disfrazada de democracia.

Estamos siendo humillados, denigrados, mancillados y sometidos  en nombre de una reforma necesaria para paliar una subversiva situación económica que fue creada ex profeso para debilitarnos, esclavizarnos  y dominarnos. El cambio debe ser inminente e inmediato, ya no solo debemos luchar por salvar el planeta, debemos entender que es imprescindible salvarnos a nosotros mismos antes que seamos aniquilados,

 


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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Tipo:
Opinión
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