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Desbordada

18/06/2012 23:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estoy en medio de un debate conmigo misma mientras parezco trasmutar. Es como si abriera un paquete de caramelos Sugus masticables donde están los distintos sabores: amargo, ácido y dulce, y uno pasa de uno a otro casi de un salto.

Hasta ese momento, disfruté las mieles de sentir que había logrado colocar todo en su lugar, y desde ese espacio mental comenzaría a reivindicarnos en primera persona. Sin embargo en estos días la vida me demostró que es cambio, transición, un largo recorrido hacemos siendo nosotros mismos, y aceptarlo es el primer paso. Apesadumbrada pensé que mi pronóstico –plasmado en el post anterior- estaba equivocado pero no, sino que forman parte de mi todos los estados anímicos y físicos, que son los que componen un andar a distinta velocidad y tiempo, bañado los momentos intempestivos que nos afectan y no podemos transformar. Sentirme hipócrita no a lugar.

Esta sensación que percibí como un torbellino que vino de pronto y sin avisar, cobra una singular importancia, porque luego de la inestabilidad llega la calma cuando volvemos a ubicar todas las piezas en su lugar, distinto, pero en su sitio.

En la semana participé de distintos eventos e hice cosas que me provocaron una duda sobre mi postura, yo aquí y ahora. En algunos me sentí atrapada, casi sin aliento cuando me ví sin salida ante un montón de asistentes en silla de ruedas; era como ver un probable futuro sin querer mirar, pero que está de frente y de alguna manera te enfrenta a un futuro desconocido y no querido. La hipocresía era más que una palabra, era un sentimiento propio.

Luego vino mi propio desafío, esos que no valen la pena, que nos hacen mal y por medio de los cuales no demostramos nada bueno. La meta era pintar los armarios de mi dormitorio, todos de un mismo color, unificarlos. Y así fue, mediante un esfuerzo titánico en una tarde lo terminé. ¿a costa de qué? Más bien de quién, de mi. Y pagué las consecuencias por no gestionar la energía. Y una vez más, estoy aprendiendo a los golpes a que mis tiempos son distintos.

Más que nada me quedo con lo que la vida me enseñó, que más allá de las circunstancias, las idas y venidas, la cuestión es como nos levantamos y seguimos avanzando, porque como dice Jorge Drexler "Nada se pierde, todo se transforma".


Sobre esta noticia

Autor:
Mptgpress (92 noticias)
Fuente:
discapacidadsindistancia.wordpress.com
Visitas:
259
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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