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El desencanto del proyecto del PP y la deriva autonómica

13/01/2010 15:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: Gunther Zevallos

Los episodios protagonizados recientemente por Cataluña y su Estatuto, muestran claramente una crisis constitucional sin precedentes que puede alterar el panorama político de las próximas elecciones en España. Todo empieza durante el Gobierno de Felipe González que derogó el artículo 79 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, donde se establecía que previamente a ser aprobado cualquier cambio en los Estatutos de cualquier comunidad autónoma, estos deberían pasar necesariamente por la aprobación del Tribunal Constitucional. Además, que una vez aprobados por las Cortes, según el artículo 151.2 y 151.3, debían ser sometidos a referéndum dentro de la correspondiente comunidad autónoma. Si no se hubiere derogado el artículo 79 hoy no habría problemas de inconstitucionalidad del Estatuto catalán, pues previamente habría superado aquellos requisitos para obtener su validez. Aunque hay que decir que con toda probabilidad tampoco se tendría dicho Estatuto.

El problema tiene su origen en la falta de memoria por parte del partido socialista con la rica historia de la nación española y de su compromiso con la España indivisible. «De esas aguas, tenemos estos lodos». Ante las exigencias crecientes de los nacionalismos, las distintas Comunidades Autónomas, pero principalmente la catalana y la vasca, los nacionalismos van adquiriendo cada vez más protagonismo, en parte también propiciadas por una Ley electoral que hace difícil garantizar una mayoría necesaria para gobernar, pero también por la falta de otras fuerzas políticas que sustituyan a los nacionalismos, hoy por hoy los apoyos de los nacionalismos vasco y catalán son imprescindibles para gobernar. Así, los sucesivos gobiernos de España van otorgando a algunas comunidades autónomas cada vez más y más soberanía, y cediendo cada vez más y más competencias, a la par que los partidos más nacionalistas van adquiriendo cada vez más y más protagonismo, mientras que los partidos de ámbito nacional van perdiendo representación.

El Estatuto de Cataluña refleja la deriva autonómica en la que está sumergida España entera. Por eso en Cataluña, partidos como el PSC no quieren perder protagonismo y se alinean con las tesis más reivindicativas del nacionalismo catalán. Puede que incluso hoy estén pensando en desligarse de su matriz, el PSOE. Y es que parece que ha llegado ese momento en que las piezas del puzzle español empiezan a no encajar, y donde los partidos políticos de ámbito tradicionalmente «nacional», como es el Partido Popular, empiezan a perder fuerza y a comprender que no ha jugado bien la partida cuando tuvieron la ocasión, porque cuando disfrutaron de mayoría parlamentaria no se atrevieron a modificar la ley electoral, ni tan siquiera se molestaron en afianzar convenientemente la constitucionalidad de los Estatutos, al menos volviendo al punto de partida o introduciendo mecanismos de salvaguarda con el fin de garantizar la constitucionalidad de los Estatutos y con ello la unidad de España. El miedo del Partido Popular a ser castigado electoralmente si modificaba las leyes finalmente le empieza a pasar factura, lo que le podría suponer perder algunas de sus piezas definitivamente. Las cifras no engañan, en la elecciones generales del 2000 el PP obtuvo en el País Vasco 323.235 votos (28, 26 %), mientras que las pasadas elecciones generales de 2008 apenas llegó a los 206.702 votos (18, 50 %), en Cataluña otro tanto de lo mismo, el partido popular pasó de los 763.982 votos (22, 79 %) en 2000, hasta los 604.964 votos (16, 39 %) de 2008.

La situación ha llevado al Partido Popular a seguir una estrategia errónea, e intentar seguir los pasos del PSOE, después de todo, parte de la victoria socialista estuvo en manos del PSC en Cataluña. El PP con el fin de no seguir perdiendo electores parece querer imitar a los socialistas, al menos eso es lo que parece al preparar distintos proyectos en algunas Comunidades Autónomas. Si esta estrategia llega a consolidarse originaría un verdadero desencanto en los simpatizantes del Partido Popular, que tampoco están muy de acuerdo con la forma de abordar los problemas políticos por sus actuales representantes. El PP tuvo en sus manos la posibilidad de cambiar el panorama actual cuando obtuvo mayoría absoluta y no lo hizo y en general sus posibles votantes lo saben. A esto se añade que hoy los ciudadanos creen que el Partido Popular es más de derechas que hace un año según el Centro de Investigaciones Sociológicas. Lo que se traduce en que es más conservador y ante estas circunstancias una estrategia de tipo federal no serviría de nada, salvo para seguir perdiendo simpatizantes y restar posibilidades de conseguir vencer con mayoría en estas próximas elecciones, a pesar del aumento en la intención del voto debido al grave problema económico que estamos viviendo. A estas alturas, si el PP hubiera jugado sus cartas correctamente tendría una ventaja abrumadora respecto del PSOE, pero no es así.

Los electores populares perciben una clara pérdida de identidad de las siglas PP, cada vez que va dejando de ser un partido nacional para convertirse en un partido similar a los nacionalistas de CIU o del PNV en determinadas autonomías, al conceder ciertos privilegios a algunas ejecutivas territoriales que le van quitando autoridad como partido nacional, propiciando así el descontento. Probablemente por el cariz que va adquiriendo el problema autonómico se hayan planteado que un discurso único no les beneficia, pero se equivocan. Al ser un partido mucho más conservador tiene un electorado mucho más rígido, lo que le impide mudar de estrategia o de espacio político, por contra, otros partidos como UPyD seguirán alimentándose de su electorado descontento, pero ellos también pueden tener fecha de caducidad, porque además de no tratarse de un partido liberal, sino más bien de un partido claramente de izquierdas, con un discurso más propio del nacionalismo español. Si sus antiguos simpatizantes caen en ello, se darán cuenta de que están pescando en el mismo espacio electoral que el PP, con la diferencia que su ideología es socialdemócrata, más aún después del absurdo e innecesario Congreso que UPyD protagonizó para aupar a su lider, y machacar a sus oponentes.

El PSOE le ha marcado los tiempos al PP y la propia deriva autonómica está haciendo el resto, mientras tanto las rémoras revolotean. Con el fin de conseguir más electores, el PP está cosechando justo lo contrario a lo pretendido, porque es más lo que puede perder que lo que puede ganar en estas circunstancias. Además, podemos comprobar también que para las comunidades más nacionalistas y las nuevas que van surgiendo al amparo de esta deriva, sus posibles «nuevos electores» no acaban de creerse que el PP vaya a convertirse en los nuevos defensores de su identidad nacional. Hecho que sólo aparentemente parece haberles funcionado a los socialistas, aunque a costa de apoyar posiciones cada vez más beligerantes, como en el caso del PSC de José Montilla en Cataluña, que a la larga podría pasarles también factura. Por este motivo tampoco debe extrañarnos que el PSC acabe por desvincularse definitivamente del PSOE. Tal vez si el electorado del PP no fuera tan conservador tendría alguna posibilidad, pero, hoy por hoy no la tiene. Sólo un partido verdaderamente liberal (no sólo en lo económico) podría cambiar las tornas, y conseguir algo muy parecido a lo que ha ocurrido en Alemania y cambiar el panorama al que lamentablemente nos está conduciendo hoy el Gobierno socialista.

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clasesmediasaragon.es
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