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Un día cualquiera en Israel

12/03/2010 11:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: Miguel Martín

La cuestión de los asentamientos en Jerusalén pone de los nervios a propios y extraños. La confusión parece ser el tope al que se puede llegar, pero nunca es lo suficiente como para determinar el punto de retorno. A propios porque aparenta una salida de tono poco diplomática por cuanto afecta al futuro de paz que tan trabajosamente elaboran las partes. Esta paz siempre en ciernes es una especie de encaje de bolillos minucioso, detallista, en el que se pone en juego no solo cualquier plan sino el equilibrio de la diplomacia de todas las partes implicadas.

Es el juego de la diplomacia siempre por encima de la realidad de los acontecimientos porque no entiende de realidades humanas sino de acuerdos y metas, redactadas en un documento y concluidas como sea y al precio que sea. Luego ya se verificará su cumplimiento que casi siempre fracasa. Derrota al canto pero de la diplomacia por precipitarse.

Afecta y estimula a los extraños que se implican en el asunto, léase grupos de apoyo, ayuda y ONGs siempre dispuestos cuando el viento sopla a su favor aunque la mayor parte lo hace sin saber de qué va y el valor de lo que entienden, interpretan y juzgan, de este modo se entrometen sin mérito alguno en a la cuestión como es el caso de la opinión pública española con sus representantes al frente, tanto los políticos como medios de comunicación ávidos de llenar páginas y columnas, sin dejar de lado a la legión de "entendidos" y "expertos" autoerigidos en jueces de la cosa y siempre atentos a poner en solfa la legitimidad de un estado democrático como Israel. Ahora bien, lo subyacente y lo latente es que para Israel y sus autoridades, como para cualquier persona de bien, la vida es un valor superior a cualquier otro, esto no es así para sus detractores, rivales y opositores.

Los nuevos asentamientos en esa dolorida tierra representan una apuesta por la vida, la necesidad de muchas familias, personas, seres humanos que tienen a su disposición herramientas y medios sociales capaces de elaborar planes y desarrollar modelos de existencia dignos que velan por su futuro y el de los suyos. Esto es un Estado que cuida de los suyos y lo hace con previsión, rigor y solvencia. ¿Alguien podría decirme cuántos de sus vecinos cuidan y trabajan las necesidades de sus sociedades de la misma forma? Ya escucho las críticas de quienes argumentan que tras la fachada del derecho a una vida digna se pueda estar justificando una "apropiación" de tierras y enclaves incautados después de una guerra, sin embargo y hasta la fecha nunca Israel ha enjugado tierras sin entregar a cambio nada. Siempre ha sido así, es decir, cuantos territorios conquistados por las armas han sido devueltos a sus genuinos propietarios incluidos los equipamientos "ad hoc", Gaza es el último ejemplo. Invito a escarbar las hemerotecas, dejan constancia de ello. ¿Qué se hizo con lo recibido? Destruirlo, dilapidarlo, arrasarlo, arruinarlo, y mucho más que eso, no ofrecer alternativa a cuanto se destruía en medio de un aquelarre propio de mentes y cuerpos entregados al odio porque lo que odian en el fondo es la vida, pero no la suya, la de sus enemigos judíos.

Los que se visten del aterciopelado manto de autoindulgencia cuando se trata de juzgar permanentemente a un Estado cuando vela y se esfuerza en proporcionar una calidad de vida superior a la de sus enemigos, ponen al descubierto la verdadera faz que oculta dicho manto, la de la intransigencia e intolerancia, siempre en la recámara de su carabina y en la parte oculta del iceberg de su postura antisemita y judeofoba. Es que no lo pueden ocultar, es que se les ve el plumero. Hoy son las viviendas pero mañana serán los pasos de Kisufim o Eretz por poner un ejemplo. Anteayer el mal llamado muro, al día siguiente ONGs perseguidas. Ayer fue Dubai, hoy le toca a las 1.600 viviendas de Jerusalén. ¡No paran oye!

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