Dibujando nuestra vida a través de las líneas de un papel

Las costumbres van cambiando, mudan sus formas, tonos y tendencias, como una brisa veleidosa y dubitativa que no supiera jamás en qué dirección debe soplar...
El pulso del amor, ardoroso, intenso como la caricia del sol, eterno y vibrátil como un corazón henchido por el deseo, quedaba al desnudo entre las líneas de las misivas que le dirigíamos a nuestra amada... pero ya nadie escribe cartas.
Con la extinción de aquel acto íntimo tan personal se fue el sentimiento, la esencia más veraz del escriba enamorado que impregnaba el papel con su alma. Ahora es mucho más habitual recurrir a medios de comunicación mucho más gélidos e impersonales. Estos poseen una opacidad impenetrable, es casi imposible discernir un atisbo de humanidad entre las líneas de un sms o un email.
He escrito cientos de cartas en toda mi vida y siempre me fascinó el contoneo de las letras, las subidas y bajadas de las líneas, o como volaban hacia el futuro, (margen derecho), o se retraían en el pasado, (margen izquierdo), los márgenes para abogar por una condición más bien sumisa, conformista o con apego a la familia...
Observaba la caligrafía con la minuciosidad de Poirot, buscando pistas que me dejaran ver a la persona que se escondía tras las líneas de las cartas que me enviaban amigos de todas las partes del mundo.
Durante años devoré con devoción los estudios fabulosos y concienzudos de célebres grafólogos como Mauricio Xandro, Matilde Ras o Augusto Vels entre otros.
Enseguida vi confirmadas mis sospechas. Entre las líneas de las cartas que recibía o que yo enviaba se camuflaban entre giros, lazadas, hampas (zona superior de las letras), jambas (zona inferior de las letras), líneas ascendentes, subrayados, letras rotas o caligrafías extremadamente suaves o con una tendencia ornamental exagerada, la alegría, el optimismo, una salud más bien lasa, el enfado, mentirosos, cándidos, nobles, canallas, perversos, inseguros o egocentristas...
La personalidad deja su huella indeleble en nuestra escritura y en nuestra firma; me pareció una revelación asombrosa.

También me apercibí en seguida de algo fundamental: caminar a través de la jungla encriptada de la escritura era una tarea extremadamente complicada y minuciosa. Se deben analizar todos los rasgos en conjunto y para una mayor fiabilidad, el texto debe ir acompañado de la firma.
La grafología permite conocer datos del individuo tales como actitudes, aptitudes, gustos, deseos, la personalidad al desnudo camuflada entre los renglones, palabras y párrafos de un texto cualquiera.
Es una herramienta de conocimiento asombrosa que sirve de gran ayuda para peritaje, detección de enfermedades, psiquiatría y psicología, reconducción de conductas malsanas, etc...
Parece algo trivial, carente de un significado más profundo que el de mover la mano sobre un trozo de papel para unir letras que conformen palabras. Luego observas esos márgenes derechos que parecen a punto de colisionar contra el borde de la hoja: la precipitación, la codicia, las mentes progresistas que miran al futuro, los ambiciosos, valientes y en ocasiones los imprudentes responden a ese patrón caligráfico.
Otros, sin embargo, anulan casi por completo el margen izquierdo, donde comienza nuestro escrito o las primeras palabras de un texto. Es como si les costara renunciar al pasado, a la protección que otorgan los buenos momentos vividos... es un retroceso al vientre materno, a la familia, al calor maternal. Es propio de conformistas, dubitativos, quienes se aferran a tradiciones inquebrantables o normas estrictas, aquellos que ven el futuro como una amenaza y prefieren lo bueno conocido que lo malo por conocer...
La sexualidad se columpia vanidosa en ese enjambre de palabras escritas, acunándose entre los bucles o rasgos descendentes de letras como la g, la j o la q entre otras.
Es en esta región inferior de las letras donde anidan los deseos más primitivos, el instinto natural... las cotas más altas de las letras recogen nuestras metas más ambiciosas, sueños, pensamientos abstractos o quimeras, la mente que mira hacia las estrellas y reflexiona o se sumerge en ideas abstrusas o introspectivas; el afán de conocimiento y el aprendizaje llevado al más alto nivel.

Subrayan su firma quienes desean reafirmarse o no pasar desapercibidos, o la envuelven en jaulas y telarañas de trazos, barrotes, bucles u óvalos aquellas personas que temen desvelar su verdadero yo.
Aborrecen que su vida privada, secretos, miedos, inseguridades o asuntos personales puedan salir a la luz. Pueden ser introvertidos o traumatizados por su pasado, no se desenvuelven bien en el contacto físico o la proximidad. También se construyen una fortaleza en torno a su firma los ególatras intocables que, por un sentimiento de superioridad, (probablemente fingida para camuflar una inseguridad), se aíslan del mundo...
La ira desenvaina su espada con los trazos afilados y largos de la letra t, apuntando hacia el lado izquierdo de la hoja como si fuese un sable vengador. Es una característica de quienes usan como arma arrojadiza la mordacidad.
Una escritura irregular, con letras y palabras separadas puede indicar falta de concentración, creatividad, polivalencia para diferentes materias. El estudioso reflexivo, tacaño, concentrado, con capacidad de síntesis pero miras más bien estrechas deja su estela escribiendo palabras y letras muy arracimadas. También los extremistas, celosos o posesivos.
Las líneas del texto parecen volar en progresión ascendente cuando el escriba es optimista, soñador, ambicioso, apasionado, sociable...
El deprimido, huraño, negativo, enfermizo y apesadumbrado a todas horas no logrará que las líneas de su texto mantengan la uniformidad, y acabarán poco a poco abandonando la rectitud para ahogarse en un océano de letras que descienden hacia las simas de las páginas como buques que naufragaran...
Una escritura que deja una marca fuerte o presión sobre la hoja desvela una personalidad arrogante, fuerte, dominante, capaz de tomar sus propias decisiones y que critica o abomina la indecisión.
Los vanidosos, ególatras, hedonistas, mentirosos o fanfarrones moran entre lazadas, ornamentos, complicaciones caligráficas que prácticamente permutan por completo las formas tradicionales de las letras. Giros imprevisibles en las lazadas de las letras, deformaciones atípicas que abandonan por completo los cánones caligráficos que aprendimos en el colegio...
Los trazos afilados que viran hacia atrás, como látigos doblegados por la vehemencia o la furia, son el hábitat de masoquistas y personas que se regodean en el dolor o reviven una y otra vez los errores del pasado. Victimismo, indefensión aprendida, rabia contenida. También delata a quienes no saben controlar o expresar sus emociones y las vierten hacia ellos mismos, como si fueran torrentes de tormentos necesarios para justificar un profundo sentimiento de culpa o frustración.
Por supuesto la grafología es mucho más seria y concienzuda que la mera adivinación a través de un par de ingredientes sueltos, que por sí mismos, no son determinantes. Es imprescindible analizar todo un texto, con su firma, y rasgo por rasgo, comenzar a colocar todas las piezas del puzzle que conforma nuestra identidad.
VÍCTOR VIRGÓS
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Comentarios de Dibujando nuestra vida a través de las líneas de un papel
Sarahemodialisis (13-04-2010 15:28)
Sarahemodialisis (13-04-2010 15:29)
Vinaches (20-04-2010 19:07)
Victor Virgós (24-04-2010 16:23)
Victor Virgós (24-04-2010 16:26)
Sobre esta noticia
Autor: Victor Virgós (557 noticias)
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Tipo: Tutorial
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