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Disparates del laicismo moderno

19/01/2012 13:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los españoles hemos perdido prácticamente toda nuestra capacidad de asombro. Vivimos en una sociedad donde puede suceder cualquier cosa por extraña que nos parezca, sin que quede margen alguno para la sorpresa. Desde que José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa, hasta lo más imprevisible puede hacerse real sin que nadie se extrañe por ello. Cuando menos lo esperes te encontrarás con alguien que pretenda poner límites a la libertad de practicar alguna de las religiones positivas, sobre todo del cristianismo, y lo hace precisamente, según dice, para mejorar la práctica de esa libertad individual y colectiva.

Y para coartar o poner trabas al cristianismo, nada mejor que readaptar las costumbres y los ritos católicos a los nuevos aires del laicismo o relativismo moderno. No cabe duda de que así nos olvidaremos pronto de lo que en realidad nos importa, de lo que nos trasciende y nos dignifica moralmente. Y si nos olvidamos de lo que da sentido a nuestro existir y no a nuestro vivir, les resultará mucho más fácil constituir una nueva iglesia civil y laica, que es lo que realmente pretenden. Con esta malsana intención, pusieron en marcha el matrimonio civil. Las bodas civiles hoy día pueden compararse ya, en número y magnificencia, a los matrimonios religiosos. Únicamente les falta un detalle, que de momento no se celebran en una iglesia, pero todo se andará.

Después de los matrimonios civiles, le toca el turno a los bautizos laicos, que se instauran en febrero de 2007. ¿Qué mejor que un bautizo para dar la "bienvenida democrática" a los recién nacidos a la sombra de los principios de libertad, igualdad y fraternidad o respeto, heredados de la Revolución Francesa. El ceremonial utilizado es muy similar al religioso: se impone el nombre al neófito y, después, el oficiante da lectura a los artículos 6, 12 y 27 de la Declaración de los Derechos del Niño y la Niña, aprobada por las Naciones Unidas en noviembre de 1989. Recuerda, además, el artículo 27 de la Constitución, que hace referencia a la educación del niño y finaliza el acto con la firma de la Carta Municipal de Ciudadanía del Niño, en el que los padres se comprometen a defender los derechos de los niños.

El primer niño bautizado civilmente en España fue Marcel Planell, cuya ceremonia laica tuvo lugar en el Ayuntamiento barcelonés de Igualada. El segundo se celebró en el municipio madrileño de Rivas Vaciamadrid y el tercero en el municipio malagueño de El Borge en la comarca de Axarquía. Desde aquellas fechas hasta ahora se han ido multiplicando los padres que piden para sus hijos esta alternativa laica al ritual cristiano del bautismo. Ha adquirido tanta importancia el bautismo civil, utilizado para dar la bienvenida ciudadana a los recién nacidos, que la Generalitat de Cataluña ha editado ya un detallado "ritual litúrgico laico" para bautismos, matrimonios y exequias.

Ha habido una empresa en Galicia, la viguesa Brunet y Conde que, para solemnizar el bautismo laico, ha desarrollado todo un ceremonial privado, bastante más pomposo y atrayente que el que se pueda celebrar en los juzgados o ayuntamientos. Fue precisamente esta empresa la que se encargó de organizar en Redondela la ceremonia laica del bautizo más fastuoso de los celebrados hasta ahora. Pero el bautizo laico más aireado por los medios de comunicación fue, sin duda alguna, el del niño Leo, el hijo de Cayetana Guillén Cuervo y Omar Ayyashi, celebrado en la Casa de la Panadería de Madrid. La popularidad de los padres de Leo y la significación política del oficiante, el concejal de Madrid Pedro Cerolo, dieron a este bautismo laico una relevancia mediática desmedida. Después de bendecir "democráticamente" al hijo de Cayetana Guillén, Cerolo pidió al Ayuntamiento que abriera "un registro y un protocolo" para registrar debidamente estos actos de acogimiento civil.

Si se celebran bautismos alternativos al religioso, es normal que se programen primeras comuniones laicas y que lo hagan con el mayor boato posible. El alcalde de Rivas-Vaciamadrid, José Masa Díaz, en vista del notable éxito alcanzado por los bautismos civiles, quiere celebrar también primeras comuniones laicas. Los destinatarios de esta nueva ceremonia profana, en todo muy similar a la primera comunión religiosa, serían los niños de entre 8 y 10 años. Es normal que estos niños, siempre que lo soliciten sus familias, puedan tener también unas fiestas de comunión, a las que se han dado en llamar "fiestas del florecimiento".

Aunque no hay nada más surrealista y absurdo que, abominando de la Iglesia y de todo lo que esta significa, se procure imitar sus ceremonias religiosas, utilizando incluso hasta los mismos gestos y las mismas palabras. Y para seguir en la onda del disparate, no tardaremos en ver "confirmaciones civiles" y, por qué no, "misas laicas". Siguiendo el ceremonial laico preestablecido, la "confirmación civil" se celebrará probablemente cuando los jóvenes cumplan los 18 años, para que puedan jurar sobre la Constitución que observarán fielmente los distintos valores democráticos sancionados oportunamente por los actuales prebostes del laicismo.

Y la misa laica no es un invento puesto en marcha ahora por los actuales apóstoles del laicismo moderno. Viene de muy atrás. Los regímenes comunistas y los nazis, ya intentaron en su día crear una iglesia paralela a la oficial, aunque fracasaron en el intento. Es lo que intentan ahora los nuevos profetas de lo políticamente correcto, instaurar por fin esa religión laica, que sirva de base a la moral personal de los distintos miembros de la misma. Y para buscar adeptos y embaucar a incautos, ejercen un proselitismo extremadamente más agresivo que el practicado en otras épocas por los católicos y que ellos tanto han criticado.

Y además de parodiar los cultos cristianos, copiando lo más exactamente posible sus ritos y ceremonias religiosas, se apropian también de los nombres que habitualmente ha utilizado la Iglesia para dar nombre a sus sacramentos. No les valen otros nombres y seguirán hablando de bautismos y comuniones a los que agregarán simplemente la palabra civiles o laicos. Un ejemplo muy claro de testarudez olímpica lo tenemos en que, a toda costa, había que dar el nombre de matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. No les valía ninguna otra aunque prácticamente tuviera los mismos efectos jurídicos que reclamaban. Aunque la palabra matrimonio indica complementariedad y se refiere a la unión de dos personas que se complementan entre sí, se obstinaron en aplicarla también a esas otras uniones donde no hay posibilidad de ningún tipo de complemento humano. A ver lo que tardan en exigir que se les deje utilizar los templos o las iglesias parroquiales, para celebrar esos actos laicos en idénticas condiciones y con el mismo boato que los católicos.

Gijón, 5 de enero de 2012

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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