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El divorcio y la ingenieria social

19/05/2009 10:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

SEPARATE Y VERAS... " para todos aquellos que se olvidaron de lo que pasaron"

En las asociaciones de separados, es ya clásica la escena del padre que, ante la inminente ruptura de su matrimonio, se acerca en busca de información y apoyo, muy decidido a luchar para no perder el contacto asiduo con sus hijos, o muy esperanzado en obtener la guardia y custodia porque piensa que sus circunstancias le son especialmente favorables... Sin embargo, a medida que va conociendo el desenlace previsible que tendrá su separación, las esperanzas y falsas ilusiones van dejando paso a la perplejidad, primero, y al anonadamiento después. Ese desconcierto en alguien tan directamente interesado en el tema es buena prueba del desconocimiento generalizado de la sociedad respecto de la situación de los separados y sus hijos.

En pocas palabras, la situación que el régimen actual de separación o divorcio reserva a ese futuro separado es la siguiente: de entrada, se verá privado del contacto regular con sus hijos, ya que la guardia y custodia se concede, casi automáticamente, a la madre; en cambio, el sistema judicial le reconocerá el derecho de ver a sus hijos algunos días al mes (generalmente, dos fines de semana) y la mitad de las vacaciones escolares; se verá obligado a abandonar su vivienda en favor de su ex cónyuge; deberá pagar a su ex cónyuge una pensión alimenticia para cubrir los gastos de manutención de los hijos y, con frecuencia, una pensión compensatoria para manutención de la propia madre. La duración de tal situación dependerá de factores tales como la edad de los hijos, la situación laboral de la madre, etc.

En cuanto a la patria potestad compartida, tal como están las cosas, no pasa de ser una mera figura literaria, pura retórica jurídica, sin ninguna concreción real. Es decir, ese hipotético padre separado deberá, de la noche a la mañana, hacerse a la idea que no tiene ningún poder decisorio en la crianza y educación de sus hijos.

En fin, todos estamos hechos de luces y de sombras, pero cuando un sistema jurídico da tantas ventajas a una de las partes ( favorecida esta por la dejadez de los gobiernos del PP y por la promocion del lobby feminista con PSOE) y favorece tanto sus intereses, es inevitable que muchas personas cedan a la tentación y traten de sacar el máximo partido a costa de la otra parte. Esa es la razón por la que son tan frecuentes las separaciones contenciosas: uno de los ex cónyuges tiene mucho que ganar. Si el reparto de derechos y obligaciones fuese equilibrado, ninguna de las partes tendría interés en emprender procesos costosos y agotadores de los que no obtendría beneficio alguno, y las separaciones por mutuo acuerdo serían la norma. Sin embargo, el sistema actual convierte la ruptura del matrimonio en una inversión muy rentable para una de las partes, eso sí, a costa de la otra ( que en ocasiones llega a situcines limite y finales tragicos) y por supuesto del bienestar de sus hijos. Por ello, el divorcio sólo volverá a los límites de la racionalidad cuando ninguno de los interesados tenga posibilidad alguna de beneficiarse a costa del otro. Sólo esas condiciones de neutralidad lograrán que los niños pierdan su inapreciable valor como rehenes y arma arrojadiza en manos de quién tiene su custodia.

La actitud social ante una injusticia de tales dimensiones raya casi en la indiferencia. Incluso los varones más directamente afectados, tras un primer movimiento de cólera y rebeldía, que a veces se salda con resultados violentos y deplorables, parecen sumirse en un definitivo letargo de impotencia y resignación. En efecto, siendo tantos los padres separados que se han visto, de la noche a la mañana, reducidos a la condición de total indigencia material y afectiva, forzados a mendigar o comprar unas horas de convivencia con sus hijos, y siendo tantos los allegados de esos padres que han resultado salpicados más o menos directamente por el fango del divorcio bárbaro, en definitiva, siendo tantas las ramificaciones sociales de un problema tan grave, es inevitable el asombro y la perplejidad ante el escaso eco público que suscita.

Quizas sea el momento de recordar que los hombres tambien votan... si es somos capaces de ponernos de acuerdo.


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Autor:
Ocl (2 noticias)
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