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El dopaje genético, el reto del deporte del siglo XXI

10/07/2013 18:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Este dopaje puede terminar con el deporte y con el atleta. Es más difícil de detectar en los controles la existencia de genes dopantes y más fácil para el atleta el ganar oro

El dopaje genético se define como el uso no terapéutico de genes, elementos genéticos y/o células que tienen la capacidad de mejorar el rendimiento deportivo.

Este uso no terapéutico de genes, puede modificar la expresión génica de manera que se produzcan proteínas en el organismo que hagan que los músculos crezcan más, se recuperen antes rápido y aumenten su fuerza. Las proteínas generadas de esta forma serán iguales a las nacidas de manera natural en el organismo.

Pero los efectos colaterales pueden ser muy perjudiciales para la salud.

Algunos dicen que no pasará mucho tiempo antes de que veamos al primer atleta genéticamente modificado. El uso de la terapia genética para mejorar el rendimiento deportivo, es ya una realidad. Sin embargo, dado que la metodología diagnóstica aún carece de la sofisticación necesaria para aclarar en que fase está el “dopaje genético”, su estado actual sigue siendo una incógnita.

La posibilidad del uso frecuente de sustancias dopantes, estudiadas científicamente, tiene ya 40 años o más

En la década de 1980, el Dr. Bob Goldman, fundador de la Academia Nacional de Medicina Deportiva de EE.UU., pidió a un grupo de atletas de elite de entonces que le respondieran sí o no a una simple cuestión: “¿Os dejaríais administrar una sustancia que os garantizara medallas de oro durante cinco años después de los cuales ese dopante os garantizara un 90% de probabilidades de conduciros a la muerte?”. El 52% dijo que sí.

El doctor Goldman (eso sucedía durante los Juegos Olímpicos de 2004 en Atenas) comentó su reacción a la Agencia Reuters: “Quedé sorprendido de ver que de los 198 atletas de clase mundial a los planteé la interrogante, más de la mitad estaba dispuesta a dar su vida por cinco años de una racha invicta de victorias y de gloria”.

El Dr. Goldman repitió la encuesta cada dos años durante la década de los 90 y los resultados fueron casi siempre idénticos – alrededor de la mitad de los atletas encuestados estaban dispuestos a morir por el oro.

Alguno de estos atletas tenían en el momento de la encuesta tan sólo 16 años de edad. Creo que estar dispuesto a morir a los 21 es una actitud psicológica grave. Y casi no hay duda que ese 52% de atletas que no temían a la muerte por el oro, se dopaba con diferentes sustancias en el mercado. Entonces no se concebía la posibilidad del uso transgénico en el deporte.

Volviendo al tema central, el dopaje genético es la manipulación del tratamiento genético médico, diseñado en realidad para tratar de paliar enfermedades programadas en el ADN. Sin embargo, este tipo de técnicas conlleva un riesgo enorme, ya que sus consecuencias son todavía, en su mayoría, desconocidas. Esta clase de dopaje es, pues, casi absoluta certeza más peligroso que cualquier otra técnica conocida hasta el momento.

En la actualidad, el dopaje genético según algunos es más una posibilidad futura que una realidad, pero este tipo de engaño al menos en los ensayos y experimentos de laboratorio se está llevando a cabo hoy. Y es ridículo negar pruebas para enmascararlo con el fin de presentarlo al final como un hecho consumado.

El dopaje genético es desde ahora el nuevo enemigo de la lucha contra el doping. Esta práctica, además de ser potencialmente nociva para la salud, es el posible camino hacia el fin del deporte y del atleta. Es más difícil de detectar en los controles, por lo que su eliminación es el nuevo reto del atleta del siglo XXI. La modificación genética de determinadas células humanas es la última 'trampa' de aquellos que buscan atentar contra las normas básicas del espíritu olímpico, sin mirar a las consecuencias físicas y psíquicas aún no conocidas del todo que el dopaje tiene para la salud.

Hace unos quince años, la lucha contra el dopaje se revolucionó con la aparición de la Eritropoyetina, o EPO, que permitía mejor rendimiento al atleta en actividades de ejercicio aeróbico, aumentando su resistencia. Hasta entonces, el uso y consumo de EPO en los deportistas de primer nivel era parecido a una barra libre por la incapacidad de los controles de detectar esta hormona.

Es improbable pero no imposible que alguien que se está beneficiando del dopaje genético haya considerado más conveniente centrar la atención en los sistemas de dopaje más estandard más usados como los esteroides anabolizantes y las diferentes opciones de dopaje sanguíneo. No obstante, The World Anti-Doping Agency (WADA), confiesa que está invirtiendo considerables sumas de dinero y todos sus recursos en investigación, para encontrar una metodología diagnóstica para detectar la intervención en el material genético de los deportistas

Lo seguro es que es técnicamente factible el uso de la modificación genética para mejorar en los animales por lo menos, el rendimiento físico y deportivo, y que algunos atletas están dispuestos a arriesgar su vida si se le pudieran garantizar medallas de oro impunemente, lo cual es más factible con el dopaje genético.

Pero desde 2001, cuando la mejora de las marcas y trofeos de los atletas que utilizaban ya los principios de la terapia génica se discutió por primera vez, el dopaje genético ha sido objeto de muchas discusiones, algunas de ellas polémicas en cuanto a su prohibición o permisividad.

La verdad es que dado que la terapia génica es una nueva forma de medicina, y hasta hace poco se puso a prueba sólo en los pacientes con enfermedades terminales, pero sus consecuencias a largo plazo son todavía desconocidas. Por lo tanto, las preguntas importantes siguen sin respuesta sobre el posible uso de transgénicos en el contexto del deporte.

Tal vez la pregunta más fundamental se refiere a la posibilidad teórica de que los transgénicos utilizados en el dopaje genético podrían afectar inadvertidamente a las células germinales, y producirse alteraciones permanentes, que pueden ser transmitidos a las generaciones futuras En la actualidad, no existen respuestas definitivas a esta pregunta.

En el momento actual, nadie puede estar seguro de si los atletas olímpicos genéticamente modificados que nadan en piscinas o corren en pistas terminarán por sucumbir a la tentación del oro ganador. Eso podría hacer que los atletas estén más que dispuestos a dar el peligrosísimo salto genético hacia lo desconocido.

Esta práctica siempre ha ido un paso por delante del propio deporte y, por tanto, de la capacidad de detección de estos elementos. En la actualidad, la hormona de crecimiento y la EPO han sido las dos sustancias dopantes más comunes, a las que hay que añadir una práctica bastante habitual, como es la transfusión sanguínea.

El 'último grito' en esta nueva generación de doping tiene nombre y apellido: el Aicar ya prohibido por la Agencia Internacional contra el Dopaje

Pero tras la convulsión que causó el descubrimiento hace más de una década de deportistas dopados con EPO, la lucha contra el dopaje encontró un nuevo enemigo: el dopaje genético propiamente dicho: el Aicar (doping genético), usado ya en competiciones de primer nivel.

Estos genes son manipulados previamente en el laboratorio para producir un crecimiento exponencial de las capacidades del deportista. Este tipo de dopaje permite desde la potenciación muscular al aumento de la resistencia física, pasando por sobre el crecimiento de la fabricación natural de EPO.

El Aicar es uno de los últimos inventos para favorecer al organismo de manera irregular. Pero al ser considerado como sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje fue reconvertido después en modulador metabólico y es muy difícil de combatirlo porque su uso es genético, es decir actúa sobre las células, lo que imposibilita el poder detectarlo en un control rutinario. El Aicar, es un medicamento que simula la práctica de ejercicio físico sin realizarlo. Es decir, produce los beneficios del ejercicio, sin necesidad de levantarse del sofá. Desarrolla los músculos.

Uno de sus beneficios es que utiliza las grasas como fuente de energía, lo cual permite incluso perder peso. También ayuda a aumentar las proteínas que regeneran tejidos, lo que facilita aumentar aunque “ficticiamente” el músculo que se entrena. Pese a esto, es muy dudoso que estos beneficios aparentes sean buenos para el organismo aunque el riesgo de utilizarlo tampoco se aprecia a primera vista. Solo se ha experimentado en ratones, donde se vieron los resultados citados, que le dieron el sobrenombre de la píldora del ejercicio.

En resumen, lo que hace el Aicar es activar la proteína AMPK, que mantiene siempre constante los niveles de energía del cuerpo. En la vida diaria, normal, esto se consigue con ejercicio físico y ahí reside la esencia del Aicar. El principal inconveniente es el precio de conseguirlo. Un consumo para unas semanas de esta píldora supondría un desembolso de unos 6000 €. Aun así, no se garantiza un resultado inmediato y eficaz.

Como se ve, el dopaje genético auténtico ya ha llegado. Pero la caída del médico colombiano Beltrán que cuidaba en los JJOO de Pekín de varios atletas de tres equipos ciclistas (Kaiku, Liberty y Xacobeo) y de deportistas que participaron en el campeonato de España de atletismo de 2010 (como José Luis Blanco), fue un tropezón espectacular en los medios deportivos. Precisamente, la confesión de un ciclista del Xacobeo, David García (sancionado por consumo de EPO) fue el inicio de toda la trama de la operación antidoping Skype. En ella también apareció por primera vez el nombre de la atleta y entrenadora Marta Domínguez y el de Cesar Pérez. En definitiva, la guerra genética perdió una batalla… pero lamentablemente no la guerra.

Son muchos los atletas famosos que han confesado haber empleado alguna vez sustancias prohibidas

La guerra del doping se reanuda en cada gran competición de nivel internacional. Se incluyen grandes figuras de la historia del deporte como el atleta canadiense Ben Johnson, ganador -hace años- de la final de 100 m. en los Juegos de Seúl'88. Fue el caso de un dopaje famoso seguido de descalificado por tomar esteroides. Reconoció la trampa solo un año después durante una investigación gubernamental en su país.

También han confesado otros como Marion Jones ganadora de cinco medallas en los Juegos de Sidney 2000. Ella admitió en 2007 que estaba dopada. En 2003, durante la investigación del caso BALCO, negó que hubiera consumido sustancias prohibidas, por lo que su posterior confesión la llevó a la cárcel por mentir a las autoridades federales. El tenista Andre Agassi. También confesó aunque sin las presiones de los tribunales o de los controles antidoping, en su autobiografía 'Open' donde abordó el mundo del dopaje. Lo publicó en 2009, cuando ya estaba retirado, y admitió en sus páginas el consumo de la metanfetamina conocida como 'cristal'. Lo grave del caso Agassi fue la revelación de que, tras dar positivo en un control, la Asociación de Tenis Profesional (ATP) lo 'tapó' y nunca lo hizo público.

La caída de varias redes de dopaje en España y en América, no ha significado mucho en el fin de esta lacra. Los intereses son tremendos

Lance Armstrong terminó admitiendo que era un campeón del consumo de sustancias como EPO, testosterona y hormona del crecimiento y que empleó el dopaje sanguíneo para ganar los siete Tour de Francia títulos que por fin le fueron retirados.

Pero lo grave del caso Armstrong es que todos los testigos que prestaron testimonio ante la Agencia Americana Antidopaje (USADA) en su investigación contra su cabeza del equipo US Postal admitieron haberse dopado. Entre ellos, sus compatriotas Tyler Hamilton, Floyd Landis, George Hincapie y Levi Leipheimer, que contaron con todo lujo de detalles que Armstrong no estaba solo.

Otro corredor que confesó su dopaje fue el británico Dwain Chambers, en 2008, y mucho antes lo había hecho una de las estrellas de la Alemania Oriental, Katrin Krabbe, en 1992 admitió que había usado clembuterol.

En el ciclismo la lista es demasiado larga y comienza en los primeros balbuceos de ese deporte, en el Tour de France

Algunos como Hamilton, han relatado su experiencia con el dopaje por interés más bien editorial en su ininteresante libro ("La carrera secreta"). Fue campeón olímpico en Atenas 2004, medalla que le fue retirada en agosto de 2012. Los italianos Michele Scarponi e Ivan Basso, el británico David Millar o el danés Bjarne Riis también admitieron haberse dopado, al igual que el belga Frank Vandenbroucke, fallecido en 2009 de una embolia pulmonar a los 35 años y que reconoció en un libro ("No soy Dios") que había consumido EPO, anfetaminas, hormona del crecimiento y esteroides, entre otras sustancias.

En España lo hizo Jesús Manzano, que contó de forma muy detallada en 2004 las prácticas irregulares que se llevaban a cabo en el equipo ciclista Kelme. Su confesión fue el detonante de posteriores investigaciones sobre la trama del dopaje en España, como la Operación Puerto y la Operación Galgo.

La Operación Galgo fue una operación contra el dopaje en el deporte de élite realizada en España, en 2010.

“Galgo” permitió desarticular una extensa red de doping entre deportistas famosos por consumo y distribución de sustancias dopantes. Las investigaciones comenzaron el 9 de diciembre de 2010 y desembocaron en detenciones y registros, pero hasta navidad de ese año, todo fueron rumores y desmentidos que confundieron a la opinión pública. Algunos presuntos responsables de la extensa trama de dopaje fueron detenidos en Alicante, Madrid, Segovia, Las Palmas y Palencia.

Pero la maratón de contactos telefónicos entre los implicados en el negocio dejó una cola tan larga que era imposible no pisarla. E hizo caer a toda la red. Y salieron nombres virtualmente intocables del deporte español como el de Marta Domínguez, su entrenador y su manager César Pérez y Alonso Valero respectivamente y el del doctor Eufemiano Fuentes, tristemente famoso, que ya había estado implicado en 2006 en la Operación Puerto. El 10 de enero la prensa anunció que uno de los implicados, Alberto León, había sido encontrado ahorcado en su domicilio.

Pero el recorrido de la Operación Galgo en los juzgados llegó a la meta en marzo de 2012. La titular de un juzgado de Instrucción de Madrid Mercedes Pérez Barrios decidió poner fin al procedimiento, y al archivo de la causa porque entendió que no existían “indicios racionales de que se haya perpetrado un delito de dopaje deportivo”. Eso supuso el fin de las diligencias que se abrieron contra la atleta Marta Domínguez y su equipo, el Dr. Eufemiano Fuentes y todos los procesados. El diario “el País” calificó la anulación de la operación como "embrollo legal", no de confusión o equivocación. Y se hizo eco de la incautación de productos dopantes, bolsas con sangre y material clínico para la realización de transfusiones. Marta Domínguez quedó en libertad con cargos de tráfico y distribución de sustancias dopantes, y fue suspendida provisionalmente de la vicepresidencia de la Federación Española de Atletismo. Pero fue finalmente desvinculada de la trama de dopaje en enero de 2011, aunque se mantuvo su imputación por delitos de dopaje deportivo y contra Hacienda, de los que también fue finalmente exculpada. Libre como un pájaro.

"A partir de entonces- terminaba su crónica el País- la “Operación Galgo” quedó en vía muerta, y el auto de la jueza de Madrid supuso la puntilla definitiva". Lo que podía haber sido un principio en la lucha contra el doping en España fue una sospecha más de impunidad. Aquí no ha pasado nada.

Las moléculas más comunes utilizadas en los experimentos genéticos son tres: IGF-1, Repoxigen y Miosina Iib

El gen se transfiere directamente al paciente en general mediante algún tipo de fármaco. El gen iría en un vector como un virus o plásmido, que inyecta el ADN modificado en las células del deportista.

1.- Eritropoyetina o aumento de la producción de energía por el metabolismo aeróbico. El mediático Repoxygen saltó a los medios de comunicación en el año 2006 en el curso del juicio a que se al entrenador alemán Thomas Springstein, famoso por preparar a grandes atletas, tanto de pista como de campo, incluyendo a una de las mejores saltadores de vallas Anne-Kathrin Elbe que tenía 16 años en el momento del juicio

La droga que se mencionó en diferentes correos electrónicos en el juicio de Alemania de 2006 era Repoxygen, una terapia genética desarrollada por los laboratorios británicos Oxford Biomédica en el 2002 como un tratamiento muy eficaz para la anemia severa en los procesos neoplásicos y en la insuficiencia renal. Es decir algunos preparadores o directores de equipo habían copiado un tratamiento medico, de excelentes resultados. Iban sobre seguro en cuanto a los efectos de la sustancia dopante.

El tratamiento con Repoxygen está basado en la administración intramuscular directa de un virus inactivado que porta el gen de la eritropoyetina. El fármaco, parasita un gen especializado en el ADN de su huésped, en este caso, el gen que es responsable de la síntesis de EPO. En las circunstancias adecuadas, el gen dirige las células para comenzar a hacer eritropoyetina extra (EPO). Es decir que multiplica la fabricación de EPO. Esta sustancia provoca la activación de la síntesis de EPO cuando el músculo deja de recibir el oxígeno que necesita y permite la creación de EPO de manera endógena, lo que hace prácticamente imposible la detección de este proceso dopante.

La mayoría de los estudios realizados sobre el Repoxygen llegan a la conclusión de que el gen de la EPO inyectada produce mayores niveles circulantes de EPO y un efecto biológico mucho más pronunciado que el gen endógeno en todas las especies estudiadas, mostrando así un gran potencial en estrategias de terapia génica para la EPO.

2. Factor de crecimiento vascular endotelial (FCEV) o el aumento del suministro de oxígeno

El oxígeno es vital para la síntesis de ATP por la respiración aerobia. El oxígeno, como una pequeña molécula, es capaz de difundirse a través de la membrana plasmática de las células endoteliales. Por lo tanto, un aumento de la ramificación vascular promueve una difusión más rápida y efectiva de oxígeno a los tejidos y una mayor disponibilidad de la misma para la producción de energía. El FCEV promueve la ramificación de los vasos preexistentes, de esta forma se aumentaría la capilarización. En el dopaje genético, varias copias del gen que codifica el FCEV se inserta en el músculo, probablemente utilizando vectores virales. Por lo tanto, si tiene éxito en los atletas, la microcirculación muscular, sería estimulada y el suministro de oxígeno a los músculos aumentado

Los doctores McKanna, y Toriello han marcado extensamente los diferentes métodos de dopaje genético (genes de resistencia, velocidad, potencia, todo un potencial de creación del deportista biónico...)

3.- Factor de crecimiento IGF o aumento de la masa muscular. Los “ratones Schwarzenegger”.

Lee Sweeney, profesor de la Universidad de Pennsylvania, ha sido pionero en la investigación de la tecnología de transferencia de genes y desarrolló cepas de ratones super-deportivos para comprobar su potencial.

En 2007, mientras investigaba las posibles formas de restaurar el crecimiento muscular en pacientes con distrofia muscular, Sweeney y sus colegas crearon ratones que seguían teniendo poderosos músculos y conservaban un porcentaje significativo de su fuerza en la vejez.

Tras sus primeras investigaciones, estos estudios detectaron que, tras la inyección de esta molécula, se producía un incremento muscular exponencial, que rondaba el 30% del tamaño original del músculo.

Incluso quedaba probado que el desgaste muscular de este animal a lo largo de los años era mínimo, así como el tiempo de recuperación de sus problemas físicos -provocados para analizar tal aspecto-, quedaban reducidos considerablemente. Sin embargo, el tratamiento de la distrofia muscular usado como dopaje resulta muy peligroso para el cuerpo humano, ya que está demostrado que una producción excesiva de IGF-1 está ligada a la aparición de tumores.

Los ratones súper fueron creados mediante la inyección a ratones normales con un virus que poseía el gen para Factor de Crecimiento Insulin-like tipo 1, que presenta receptores en la superficie de las células musculares y estimula su crecimiento. La apariencia física del famoso culturista y actor de Hollywood dio a estos ratones el apodado “ratones Schwarzenegger”.

En el dopaje genético, múltiples copias del gen que codifica para IGF-1 podría insertarse en el músculo esquelético y se produciría un aumento en la masa muscular debido a la hipertrofia de las células musculares. Esta inserción génica somática, según los expertos se podría lograr mediante el uso de dos vectores alternativos: plásmidos o virus y siempre sería necesario la técnica ex vivo, esto es, a través de biopsias musculares, potenciando los grupos musculares que se deseen.

4. Los antagonistas de miostatina y el gen PPAR-Delta o el aumento de la hipertrofia y la hiperplasia del músculo y la máquina del movimiento sin fin.

La miostatina es un miembro de la familia del factor de crecimiento. Puede ser útil en el dopaje genético con el fin de mejorar porcentaje de músculo y el rendimiento deportivo Está en íntima relación con el gen PPAR-Delta. En 2008, Evans desarrolla una cepa de “ratones de maratón” por estímulo del gen llamado PPAR-delta. Los ratones genéticamente modificados podían correr el doble que los ratones normales, y de poseer una alta definición muscular incluso cuando fueron alimentados con una dieta alta en grasas. Este tipo de dopaje estaría claramente relacionado los deportistas que necesitan de la explosividad muscular, como pudiera ser el caso de los velocistas o en halterofilia.

Una referencia que reseña la Agencia Española Antidopaje: la alerta de la WADA sobre los efectos cancerígenos del GW501516 que es un gen agonista del PPAR Delta (referencia 896). Esto está tomado de la AEA (dirección twitter @antidopajeAEA )

FUENTE: DIASPORAweb ESPECIAL PARA GLOBEDIA   


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