Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Carolbjca escriba una noticia?

Dos rivales frente a frente

11/07/2011 22:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ana de Bretaña y Luisa de Saboya respectivamente

El pacto con César Borgia permitió a Luis XII volver a Italia. En su primera campaña, la de 1499, capturó Milan. El ducado italiano no opuso resistencia y en el sexto día el monarca francés y su "leal primo" el duque de Valentinois (así es como lo llamaba el rey) eran bien recibidos por el pueblo milanés con todo tipo de homenajes. Las calles se deleitaban con el esplendoroso desfile en el que se vislumbraba al osado hijo del Papa luciendo el toro Borgia y la flor de lis francesa en su cabalgadura.

Moneda acunada con la imagen de Luis XII de Orleans, rey de Francia y duque de Milán (1500-1512)

El escudo del Papa Alejandro VI enmarcado en la fortaleza del Castillo de Sant Angelo en Roma. Dentro del blasón se puede contemplar la figura de un toro. Foto realizada por Lady Caroline.

La conquista posiblemente hubiera favorecido a Luisa de Saboya, la madre de Francisco, si no fuera por el mariscal de Gié. Ahora que Luis de Orleans era rey, Gié le sugirió cruelmente que mandara a Luisa a Blois, donde podría vigilarla. Convenció de esta necesidad a George d´Amboise, al hermano del cardenal y a otro amigo que había estado a las órdenes de Luis XI. Todos ellos unieron fuerzas para vigilar la duquesa viuda de Angulema. Luis XII, sin dudar, dio su visto bueno. Se trasladó entonces a Luisa y a sus allegados de Chinon a Blois. Ella se fue de allí de muy mala gana, Blois para ella era como una cárcel, con sus numerosos arqueros adornados de plumas y su guardia escocesa. Detestaba permanecer en aquel lugrube castillo y no disimulaba su enojo a nadie.

La boda de Luis XII con Ana de Bretaña iba de viento en popa. La reina, virtuosa por naturaleza, accedió por fin a los ruegos del monarca galo. El rey no se opuso a su fidelidad a Bretaña, aunque el patriotismo de ella estaba en gran conflicto con el suyo. Como duquesa de Bretaña, procedía como si sus acciones no repercutieran en el resto de Francia.

Más sobre

Cuando Luis XII se marchó a Italia, Ana de Bretaña esperaba el primer retoño de su nueva prole. Muy alejada del confort de un palacio estaba Luisa de Saboya, que sufría las penurias de un paraje desolador, donde el olor a tenerías le molestaba. Por encima de todo, deseaba un cobijo más acogedor y para lograrlo no dudó en acudir al encuentro de Ana de Bretaña.

La duquesa viuda de Angulema se hallaba en los fríos bosques de Romorantín. Recibió a la reina muy alegremente. A los pocos días nació Claudia de Francia, el 14 de octubre de 1499, que más adelante se convertiría en esposa de Francisco. Entre ambas podría haber existido más afinidad, pero era evidente que el ascenso de una conllevaba a la ruina de la otra. El hijo de Luisa seguiría siendo una amenaza hasta que Ana de Bretaña consiguiera alumbrar a un varón.

Ana de Bretaña se confiesa de rodillas ante un sacerdote que se inclina hacia ella para escuchar sus pecados en voz baja. Lo llamativo de esta imagen es que no se observa la típica separación de un confesionario. Este manuscrito iluminado hace parte del "Libro de las horas que la reina Ana de Bretaña " encargado para enseñar a su hijo, el delfín Carlos Orlando, hijo de Carlos VIII, (1492-1495) las enseñanzas del catecismo. Fue pintado en Tours por el maestro Jean Poyer, uno de los mejores artistas de Francia de finales del siglo XV.

Luisa quería afirmarse como protectora de su hijo. Sabía que el Mariscal de Gié no aprobaba que una dama fuera cabeza de familia, no sentía por ella la confianza necesaria para delegar en ella la educación del niño Francisco. La madre estaba cada día más convencida de que sí la alejaban de su retoño cuando cumpliera los seis años, no podría más tarde, jugar ningún papel decisivo en su carrera. La duquesa viuda de Angulema era consciente que debía luchar con todas sus fuerzas para imponerse frente al Mariscal. No hay dudas que de sería un combate implacable.

Bibliografía:

Hackett, Francis: Francisco I, rey de Francia , Editorial Planeta de Agostini, Barcelona, 1995.

Http://www.themorgan.org/collections/swf/exhibOnline.asp?id=364


Sobre esta noticia

Autor:
Carolbjca (53 noticias)
Fuente:
carolbjca.blogspot.com
Visitas:
4023
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.