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La droga no es el problema, sino que tapa los problemas

30/04/2009 11:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Fundación Solidaridad del Henares Proyecto Hombre lleva trabajando en Castilla-La Mancha desde 1992 con el fin de ofrecer un proceso rehabilitador que hace hincapié en los problemas que llevan a la drogodependencia

Las instalaciones de la fundación Proyecto Hombre en Guadalajara han aumentado y mejorado mucho gracias a la creación de un nuevo edificio en la capital. Ahora son dos centros los que se encargan de ayudar a todo aquel que lo pida, en total, 130 personas con distintos tipo de adicción están en las manos de los profesionales de Proyecto Hombre.

La tasa de reinserción de los drogodependientes que terminan el programa en la fundación Solidaridad del Henares Proyecto Hombre, en Guadalajara alcanza el 90 por ciento, según un estudio realizado por varias universidades españolas. Modesto Salgado es el director de la sede alcarreña y está convencido de que “la droga no es el problema, sino que tapa los problemas de quienes la toman”.

Hace ahora 16 años que se abrió la primera instalación de Proyecto Hombre en Guadalajara y han sido muchas las historias que han escuchado sus paredes.

José y Lidia son pareja desde hace once años, están casados y tienen dos hijos en común. Asisten juntos a Proyecto Hombre porque José tiene, o más bien tenía, un problema con las drogas. Le quedan nada más que dos meses para acabar el programa de tratamiento para la adicción a la cocaína y tanto él, como su esposa, como su terapeuta Julio están muy contentos con su evolución. “Me vi al borde del precipicio. Tengo dos hijos y no me importaban, así que hace 15 meses decidí entrar aquí”, explica José.

“Lo más duro es el día a día, sobre todo los primeros seis meses”, confiesa. El programa en el que está José tiene tres fases en las que intentan “dotarles de herramientas que les permitan afrontar todas las situaciones de ansiedad y asociaciones de ideas y de sentimientos que les incitan a consumir para, paulatinamente, ir adentrándonos en aspectos más personales que les hagan descubrir las razones de ese consumo”, según explica su terapeuta.

José empezó con los porros y el alcohol con tan sólo 13 años. Las malas compañías. Después, todo se fue agrandando y fue cuando comenzó a probar la cocaína. Conoció a Lidia, su mujer, quien reconoce que “al principio no lo ves mal porque tú también lo haces de vez en cuando. Pero cuando me quedé embarazada fue cuando me di cuenta de la situación y empecé a ver las mentiras”.

Para un drogadicto, tenga la adicción que tenga, es imprescindible sentirse apoyado, no sólo por los profesionales del centro, sino también por su entorno más cercano, como la familia, los amigos y los compañeros del trabajo. Sin embargo, José reconoce que “esto no se cura, por eso no tienes que flojear nunca”.

La vida de José y de Lidia se está volviendo a encauzar, lo han pasado mal, pero saben que lo que está por llegar será siempre mejor que lo que han sufrido hasta ahora.  

 

Con el bolsillo lleno

La historia de Abel es diferente. Él, al contrario que José, sí está interno en el centro, ya que es un requisito obligatorio para quienes forman parte del programa de tratamiento para la adicción al alcohol. 

Al año, Proyecto Hombre atiende en Castilla-La Mancha a 400 personas, 130 en Guadalajara

“Quiero pedir perdón a mi ex-mujer y a mis hijos. Les he hecho mucho daño y no se lo merecen. Ahora todo lo que hago es pensando en ellos y en su bien”. Escuchar estas palabras estremece y es que a Abel la buena vida le pudo. “Creé una empresa y empezó a ir muy bien demasiado rápido. Entonces me junté con la ‘clase alta’ y ahí fue cuando empecé a probar las drogas”, explica.

Hace de eso unos siete años. Ahora lleva dos meses en Proyecto Hombre para dejar el alcohol; el programa de la adicción a la cocaína ya lo terminó. “No es fácil entrar en estos programas, porque te hacen análisis durante unas semanas para comprobar que estás limpio, si das positivo no entras”.

Abel empieza a ser consciente de “los reveses que te da la vida” pero agradece el trabajo de los terapeutas que “me hacen tener los pies en la tierra. No me quiero hundir y quiero empezar a hacer ese rol de padre que no he sabido hacer”. Pero asegura “tener varios proyectos. Uno de ellos será la posibilidad de quedarme aquí como educador o voluntario, siempre que cumpla los requisitos”. Para eso hay que esforzarse, pero Abel tiene un buen motivo. 

 

Volver a casa

En un mes Fernando volverá a casa recuperado de sus adicciones. Allí terminará la terapia, acudiendo al centro que hay en Toledo una vez por semana. 

Ninguna adicción es fácil de superar, pero tenerlas casi todas suena más difícil. “Yo le daba a todo. Empecé con 13 años con alcohol, a los 18 probé los ‘tripis’, las ‘anfetas’, la ‘coca’, con 24 el ‘caballo’, hasta que ya lo mezclaba todo, incluso el alcohol”, recuerda. Durante los años que ha estado en desintoxicación, la época que peor recuerda ha sido en la que empezó el tratamiento para la adicción al alcohol. “Estuve con medicación casi un año y la primera semana que vine aquí lo pasé muy mal porque me la quitaron, no tenía fuerzas y no podía trabajar”. Ahora es uno de los encargados de mantenimiento del centro. “No puedo estar quieto, me gusta hacer cosas y trabajar y espero encontrar algo cuando vaya a mi casa”.

Allí le esperarán sus familiares y amigos. A los que más ganas tiene de ver son a su madre y a un hermano, “que son los que más me han ayudado”. Fernando reconoce que antes se comportó mal con ellos, les hizo sufrir y no se dio cuenta de cuál era su situación hasta que ellos le pusieron entre la espada y la pared. “Ahora que estos casi recuperado es cuando les estoy respetando, que se lo han merecido siempre”.

Las compañías, la curiosidad, la diversión, la desesperación, los problemas... una mezcla de muchas cosas es lo que lleva a caer en el mundo de las drogas. “La gente que viene aquí llevan consumiendo unos siete u ocho años. No vienen adolescentes que juegan con las drogas, pero todos los que están aquí han empezado así. Piensan que pueden dejarlo cuando quieran, pero cuando pasan los años se dan cuenta de que no es así”, explica Modesto. Y, claro está, es mejor no arriesgarse a llegar a ese punto.

Junto con Daimiel (Ciudad Real) y Cuenca, Proyecto Hombre en Guadalajara, ayudan, anualmente, a unas 400 personas, entre las de nuevo ingreso y los usuarios de otros años que continúan en tratamiento más tiempo. “Tener las ideas claras”, dice Abel, “entrar con mucha fuerza”, según José. El motivo que te haga pedir ayuda es lo de menos porque “cuando entras te das cuenta de que no estás sólo, hay más gente a tu lado de la que creías”, asegura Fernando.

El 90 por ciento de quienes acaban los programas no vuelven a recaer en las drogas


Sobre esta noticia

Autor:
Evita Flanders (1 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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