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Eduardo Iriarte reflexiona sobre "los sentimiento de miedo y culpa" en su última novela, 'Las huellas erradas'

09/04/2010 15:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El escritor navarro Eduardo Iriarte reflexiona en su última obra 'Las huellas erradas' (Algaida), con la que obtuvo el III Premio Logroño de Novela', sobre los sentimientos de "miedo y culpa" de la sociedad a través de los personajes de dos combatientes del ejército carlista que se refugian en los Pirineo Navarro en 1876.

En una entrevista concedida a Europa Press, Iriarte señaló que la obra, además, recoge "una crónica cruenta de las guerras carlistas a través de las narraciones que se contaban antes en los pueblos, es decir, relatos en los que no se sabía donde terminaba la historia real y donde comenzaba la leyenda, una zona crepuscular en la que se mezcla lo real y lo fantástico".

En este sentido, precisó que la novela presenta "pinceladas de novela gótica anglosajona, pues conviven en el mismo plano narrativo los espectros y los personajes vivos, buscando el punto intermedio".

Con respecto a la elección de pueblos navarros de los Pirineos, el escritor afirmó que le interesaba que fuera "una historia oscura para ofrecer un relato más evocador". Además, dijo que su intención era que "los personajes estuvieran aislados", si bien, "la novela trata temas actuales como podrían ser la violencia de género, la culpa y el miedo, siendo estos últimos los motores de la trama". Asimismo, dijo que trasladando al pasado a los personajes "se eliminan los ruidos de fondo de la sociedad actual".

Iriarte confesó que, como hipótesis de trabajo, se planteó narrar la historia en Rusia tras la II Guerra Mundial. Si bien, reconoció que "la historia hubiera sido la misma, pues trata temas universales, pero el desarrollo de la novela reflejó que el ambiente alejaba demasiado la trama", por lo que consideró que "la novela ganaba intensidad si la situaba en un paisaje más cercano como eran los Pirineos Navarros".

Además, apuntó que al factor de proximidad hay que añadir que "las guerras carlistas forman parte de un conflicto prolongado en el tiempo hasta la Guerra Civil e impregna la historia de este país". Asimismo, manifestó que "le interesaba el trasfondo histórico de la guerra entre hermanos para reflejar el conflicto de la sangre que se vuelve contra la propia sangre y la microhistoria, es decir, la vida de los personajes anónimos y no la vida de grandes héroes".

La historia recoge como en el invierno de 1876, en plena retirada del ejército carlista hacia los Pirineos, Simón y Andrés, combatientes del bando liberal, desertan y huyen. Transcurrido un año de aquellos incidentes, Simón regresa en busca de Andrés para perfilar el extraño suceso que aconteció en pleno bosque en el transcurso de su huida.

A su llegada al pueblo del compañero de armas, no obstante, descubre que éste asesinó a la que fuera su novia nada más regresar, y luego puso fin a su propia vida. Simón, incapaz de creer algo semejante, se propone averiguar qué ocurrió.

"AMALGAMA DE GÉNEROS"

Por otro lado, explicó a Europa Press que la obra tiene características de novela históricas, con el correspondiente proceso de documentación para su ubicación, aunque "no respeta las pautas del género histórico". En este sentido, aseguró que "no ha tenido la intención de escribir una novela histórica, sino de hacer un amalgama de géneros, decantándose más por un thriller metafísico y psicológico, donde se revele un relato con enigmas por resolver".

Así, subrayó como aspecto importante la parte de "introspección psicológica, llevando al lector dentro de la cabeza de los personajes, viendo la trama y sintiendo lo que pasa desde el punto de vista y la piel de los personajes".

Iriarte afirmó que como escritor ve "esencial" la existencia de "un margen de sorpresa". De esta manera, precisó que "aunque tenga un plan de desarrollo, éste va variando a través de giros y sorpresas, que se reflejan en el lector".

"SOBRECARGA DE INFORMACIÓN"

Según varias veces finalistas el Premio Nacional de Traducción, el lenguaje de la novela "no podía caer en el tono descriptivo y costumbrista que se asocia al género histórico, sino ofrecer un tono elíptico y fragmentario, dejando lo esencial de la historia". En este sentido, confesó que como traductor y escritor percibe lo que sobra de una obra y apuntó que "hay veces que cortando cien páginas la historia funciona igual, es decir, se da una sobrecarga de información'".

A este respecto, aseguró que es "absurdo que en el siglo XXI, las novelas históricas cuenten lo que ya se ha visto o leído con anterioridad", por lo que es importante "contar lo que necesita contar y prescindir de lo prescindible".


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