Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Juanjoll escriba una noticia?

Educación popular para la democracia

06/07/2009 12:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En su última reunión, celebrada hace poco, el Grupo Soberanía decidió concentrar sus esfuerzos en la profundización del tema de la educación popular para la democracia, por haber llegado a la conclusión de que existe allí una grave deficiencia que pesa negativamente en la vida, el desenvolvimiento y el destino de la comunidad costarricense.

Para cumplir con mi parte comienzo por resumir tres imágenes descritas en primera persona por sendos personajes que llamaré el ‘ cliente-masa', el ‘ burócrata situado' y el ‘ feliz neutral'.

A) EL CLIENTE-MASA: La extrema pobreza me impidió terminar la primaria; a los once años empecé con la pala y el machete, que sólo me han dado para malvivir junto a la numerosa prole. Viejo y ya incapaz para el trabajo duro, he subsistido gracias al bono, los ‘ camarones' y las ayudas que recibo del partido en tiempo de elecciones.

B) EL BURÓCRATA SITUADO: Con el bachillerato obtenido en colegio nocturno, me gané la vida como empleado público y la política me llevó a alternar en cargos de confianza, algo mejor remunerados. He distribuido mi tiempo entre la rutina burocrática, el trabajo partidario durante las campañas electorales y la afición por los campeonatos de futbol.

C) EL FELIZ NEUTRAL: Al sacrificio de mis padres y a mi propio empeño debo la carrera profesional; cuyo ejercicio me permitió al cabo formar una clientela y alcanzar cierto bienestar material. Cuarenta años después tengo colocados a mis hijos y dispongo de ahorros que me garantizan una vejez tranquila. Nunca quise mancharme con la política; pero siempre cumplí con el deber de votar.

Los resúmenes anteriores se refieren a tres de los muchos tipos abstractos de ciudadanos que por millares nos ofrece la realidad nacional; los cuales, no obstantes sus marcadas diferencias socio-económicas y sus formas distintas de relacionarse con la política, tienen sin embargo ciertos rasgos comunes: la perspectiva individualista y la idea de que la política sólo significa beneficio particular. Viven atrincherados en su mundo personal, frente a lo que interpretan como indiferencia u hostilidad del entorno: para ellos el bien común y la solidaridad no tienen ningún significado. Los dos primeros son reclutados para el cumplimiento de roles politiqueros deleznables; el tercero cree poder sustraerse al juego, aun cuando su conducta es funcional al sistema: al igual que los otros, contribuye al cumplimiento de una operación de mera fachada, esencialmente antidemocrática, que se repite cada cuatro años.

Gracias a la existencia abrumadoramente mayoritaria de estos tipos de ‘ ciudadanos' indiferentes o deformados por el clientelismo partidario, se ha constituido y mantenido por decenios en la palestra comicial un ámbito de relaciones ayuno de espíritu cívico, que las cúpulas políticas han aprovechado para abusar del poder y de la influencia que les deparan los cargos públicos, a fin de enriquecerse y favorecer a las oligarquías de sus partidos. Quienes resultan electos en estas circunstancias saben que pueden incumplir todas las promesas de campaña, y nadie se los cobrará; saben que, dentro de un amplio marco de acción, cuentan con cuatro años de manos libres; y que, además, sus barrabasadas y sus inepcias pronto quedarán sepultadas en el olvido.

De ahí que, para lubricar ese mecanismo infame, el político tradicional no pida del ciudadano otra cosa más que el voto; no entendimiento, no compromiso, no mística, no principios: su esfuerzo y su destreza se concentran en la captura de ese voto, a toda costa. Por debajo del almíbar y las lisonjas, su mensaje a los votantes dice: ‘ denme unas elecciones ganadas y regresen a sus asuntos domésticos, pues aquí se acabó su papel: los restantes cuatro años corren de mi cuenta’ . Y todos sabemos que eso es, salvo algunos signos recientes discretamente alentadores, lo que ha venido ocurriendo en nuestra democracia desde hace muchísimo tiempo.

Frente a esto no vale recordar que nuestra democracia es defectuosa porque ‘ errar es humano’ , y que en Africa y en el resto de Centro América las cosas van peor. Al contrario, frente a la situación descrita un demócrata coherente debe reaccionar, preguntándose: ¿Cómo debe ser y sentir el ciudadano dentro de un sistema auténticamente democrático? ¿Si es posible, y hasta qué punto, superar lo que ahora tenemos? ¿Cuáles son las condiciones para que el cambio se produzca?

En efecto, cada ciudadano debe empezar por comprender que:

1.El fundamento último de la democracia es la conciencia de la propia dignidad de cada ciudadano.

2.La conciencia de la propia dignidad nos obliga imperativamente a exigir igual dignidad para todas las personas.

3.Si existe alguien a quien esa dignidad es negada, tampoco la tengo yo mismo.

4.Por eso, para ser demócratas plenos, lo primero que debemos entender y aceptar es que la vida de cualquier persona, por insignificante que parezca, tiene igual dignidad que la nuestra.

5.Y entonces, si como ciudadanos activos logramos adquirir conciencia de lo que conviene a la comunidad, debemos exigir que todos los demás ciudadanos activos sean puestos en condiciones de adquirir esa conciencia.

6.De ahí que sea antidemocrático aceptar y propiciar que la gente vaya a votar sin saber exactamente lo que su voto significa;

7.Y es antidemocrático aceptar como buenos los resultados de una votación realizada en esas condiciones.

También hay que saber que las mutaciones de la conciencia política no siempre garantizan un progreso democrático; ni constituyen un rasgo que se transmite en los genes de las generaciones futuras. La experiencia nos muestra que la apropiación o el abandono, por parte de los pueblos, de una conciencia democrática, corresponde a procesos histórico-sociales constructivos o deconstructivos. (Como ejemplos antiguos en uno y otro sentido tenemos, por su orden, la construcción de la democracia ateniense y la regresión autoritaria de Roma a partir del Principado). Tengamos claro, entonces, que los sistemas políticos son relativamente inestables; y que el costarricense, como cualquier otro, podría involucionar a niveles inferiores, si el propio pueblo no reacciona a tiempo con las soluciones adecuadas.

En consecuencia, urge que los sectores más sensibles de la comunidad costarricense se organicen para propiciar el desarrollo y la difusión sistemáticos de una cultura democrática crítica; con el apoyo, que será decisivo, de las universidades que acepten patrocinar el proyecto.

Pero ¿cuáles son las condiciones que deben darse para que se desarrolle plenamente una conciencia democrática en el seno de nuestro pueblo?

Creo que las condiciones son las siguientes:

1.El pleno convencimiento, por parte de las personas y organizaciones interesadas, de que el punto de partida de todo avance en la conciencia democrática del pueblo es la organización para la enseñanza de los fundamentos, los métodos y la praxis de la democracia, a impartir a jóvenes y adultos de ambos sexos, en todo el territorio nacional.

2.La organización y capacitación del personal adscrito a dicha tarea, con ayuda de las universidades públicas. Debemos convencer a los correspondientes consejos rectores de las universidades, para que éstas asuman dicha tarea como una parte esencial de sus programas de extensión.

3.La elaboración y aprobación de los correspondientes programas educativos.

4.La identificación y reclutamiento de los educandos.

No podemos confiar en que la conciencia democrática del pueblo nos caerá un día en las manos como el fruto maduro desprendido por su propio peso del árbol de la tecnología de las comunicaciones. No podemos entenderlo ni tratarlo como un proceso espontáneo, resultado fortuito del desarrollo tecnológico, porque el desarrollo tecnológico no es neutral, y el tiro podría salir por la culata. Debemos entenderlo como un proceso inducido, planeado intencionalmente para alcanzar los objetivos previamente fijados, a través de los métodos adecuados y las acciones diseñadas al efecto. Debemos concebirlo, en suma, como un proceso educativo de autorregeneración democrática de la sociedad costarricense.

Fuente: Walter Antillón. Tribuna democrática 6jul09


Sobre esta noticia

Autor:
Juanjoll (288 noticias)
Fuente:
aupv.net
Visitas:
241
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.