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El Abuso

16/06/2013 02:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Somos victimas involuntarias del abuso, a través de todos los cánones de la vida. Nos encontramos a merced de un mar orquestadamente revuelto y a la deriva

Este tema es bastante escabroso. Tan escabroso que hoy en día está presente en todos los ámbitos. La civilización actual ha descubierto el abuso y valga la redundancia esta "abusando" compulsivamente de ello.

Esta palabra tiene una larguísima familia de sinónimos que son primos hermanos suyos. La injusticia es parte de ella, y el mundo entero está rodeado de injusticia, que es lo mismo decir de inmoralidad, violencia e impunidad.

Injusticia a todos los niveles, económicos, laborales, sociales, educativos, sanitarios, judiciales, etc. Etc. Ésta deriva en impunidad ante hechos más que relevantes que ya forman parte del diario vivir, es una magistral obra de teatro interpretada magníficamente por rimbombantes personajes políticos, empresariales, bancarios... y hasta religiosos.

La violencia está presente en todos los campos, en las guerras y guerrillas, en las calles de las grandes metrópolis, y hasta en los hogares: bautizada ésta como "violencia de género". Todos los tipos de violencia cobran víctimas. Vidas humanas que se extinguen impunemente como consecuencia de actos o veredictos infames que acaban exterminando su fe y sus ilusiones.

Es injusto que la humanidad pague los platos rotos de un malísimo sistema económico global que ha perjudicado y hundido a la gran mayoría de quienes viven de su trabajo honrado y honesto. La globalización es un sistema enteramente arbitrario y despótico que nos está hundiendo día tras día.

Nos exigen lo que no es posible dar, nos condenan a vivir un calvario inmerecido. Recibimos el atropello y la opresión de los recortes a nuestros derechos fundamentales, siendo esto un atentado consumado que está arrollando nuestras vidas.

La crisis no es más que el abuso compulsivo, el atropello tiranizado de la fiebre endémica de ambición desmedida y de poder de unos pocos, pero que está esclavizando a las grandes masas

Sufrimos los excesos del poder, de un poder que fue otorgado democráticamente derivado del engaño de vanas promesas incumplidas. Hemos sido embaucados gratuitamente. Entregamos nuestro futuro y el de nuestras familias en manos inescrupulosas, con la esperanza de un cambio positivo y esas promesas se han convertido en un fraude más, un engaño mayúsculo que ha derivado en una bancarrota total y que ha profanado nuestros derechos, atropellándolos, violándolos y evaporando nuestras expectativas.

Estamos bajo el influjo y la seducción de un golpe maquinado, creado concienzudamente para debilitar a la sociedad actual, atacando sus puntos más vulnerables.

La crisis no es más que el abuso compulsivo, el atropello tiranizado de la fiebre endémica de ambición desmedida y de poder de unos pocos, pero que está esclavizando a las grandes masas, deteriorando sus facultades, su sapiencia, su integridad física. La crisis constituye la última gran industria que nutre las cuentas bancarias de los mismos personajes de siempre. Las guerras también lo han sido desde los inicios de la historia de la humanidad. Quizás seria necesario considerar que la crisis podría ser la tercera guerra mundial, otro estilo de guerra, más moderna, pero igualmente letal. Esta guerra también está cobrando vidas inocentes, las vidas del ciudadano de a pie. Del trabajador, de las personas, más humildes; está sembrando agonía, desesperanza, desazón y lo peor radica en que la cosecha no emerge nada clara.

Es imprescindible un cambio radical en el mundo entero, es preciso acabar con los desenfrenos dantescos que estamos financiando con nuestro esfuerzo. Es necesario que la sobriedad se instale definitivamente en el planeta, para establecerse y así poner freno a los excesos. La moderación, la tolerancia, la equidad y la solidaridad son los valores que deberían prevalecer.

Si permitimos que el abuso siga conviviendo entre nosotros, dominándonos, maniatándonos estamos condenando a la sociedad a hundirse en una profunda depresión. Estamos en plena construcción de un socavón que paradójicamente destruirá nuestras expectativas futuras, precipitándonos a un abismo sin fin.

Es lo mismo que sucede en la vida familiar. Si criamos a nuestros hijos en un entorno donde no se respetan los valores, donde el respeto no existe, donde arbitrariamente se aniquilan los derechos de alguno de sus miembros, sometiéndolo, avasallándolo o anulando, estamos tiranizándolo, coartando su libertad, suprimiendo sus propios espacios. En definitiva estamos "recortando" su vida. Inconscientemente les perfeccionamos inculcándoles que este comportamiento es lícito, normal y moral. Nuestros hijos crecerán bajo un influjo equivocado que los convertirá en déspotas, irracionales y lo que es peor en seres "ignorantes".

Ignorantes sí, porque la ignorancia no se basa únicamente en saber leer o escribir, matemáticas o historia. La ignorancia es una enfermedad letal que enceguecidamente va apoderándose de la voluntad de las personas convirtiéndolas en vasallos de quienes dominan magníficamente el sistema. Es una rara especie de barbarie, que cultiva la rudeza, la incultura, la tosquedad, anulando a la razón. Derrotando la capacidad de inteligencia, la habilidad, la sabiduría del ser humano, para ser mejor dominados, ABUSADOS.


Sobre esta noticia

Autor:
Carolina Martin (101 noticias)
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Tipo:
Opinión
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