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El Amor de una Madre

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18/10/2021 19:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ese viaje, donde apreciamos parte de los Andes venezolanos, me dejó un grato recuerdo, pues Yolizan es mi primera sobrina y disfrutar un día de la compañía y afecto de la familia, no tiene precio

 

 

Santo Domingo- Merida

Cuando escribí la crónica “El Valor de la Amistad”, me sentí nuevamente muy cerca de mi querida amiga Florentina, y al final de dicha crónica, anunciaba que la próxima sería “Viaje a los Andes”, porque hicimos juntas un viaje, hace algunos años. Cuando me decidí a escribirla, busqué una libreta que tenía con todos los datos y pormenores del viaje, los nombres de los pintorescos pueblitos que visitamos para llegara Santo Domingo (Edo. Mérida – Venezuela) y la mención de los lugares turísticos, las bellezas naturales y las impresiones que nos causaban, recordando en cada uno la Historia de Venezuela.

Ese viaje lo hicimos por dos vías diferentes. Iba Florentina con su amiga Francis, que recién acababa de enviudar. Ella pensó que el viaje le daría un poco de consuelo y realmente, creo que lo logró, pues Francis, con Josefina, de convirtieron en las dos turistas más paseadoras de la región...

La vía que tomaron de ida a Santo Domingo, fue la de los Llanos, que para llegar a Barinas, tenía una extensión de 300 Km de llanuras, donde se sentía la soledad y la quietud del Llano, con una infinitud que nos invitaba a reflexión, ya que nosotras salíamos de Occidente, con regiones muy movidas y activas, seguida por la Trasandina, la que tomamos de regreso que nos hizo pasar por cada pueblito andino de los estados Mérida, Trujillo hasta llegar al Estado Lara y allí, a Carora, donde pernoctamos en un Colegio que dirigí Sor Lucila, hermana de Florentina, la que nos agasajó en la noche, y en la mañana siguiente, vino mi sobrina Yolizan a buscarme para llevarme a su casa a pasar un rato y a desayunar con la familia. Eso estuvo muy bonito, ya que yo nací en Carora, aunque salí de allí siendo una niña. Luego crecí y me hice adulta en Barquisimeto y Caracas.

Ese viaje, donde apreciamos parte de los Andes venezolanos, me dejó un grato recuerdo, pues Yolizan es mi primera sobrina y disfrutar un día de la compañía y afecto de la familia, no tiene precio. También es importante recordar que aunque se haya vivido en diferentes sitios, no se deben olvidar nunca nuestras raíces y las mías y las de mis hermanos, están en la colonial Carora...

Ese trayecto de regreso nos permitió recordar en cada pueblito, en cada paisaje, en cada rincón turístico, lo grato que era viajar por Venezuela, que lo tenía todo: costas, bosques, llanos, picos cubiertos de nieve, lagos, lagunas, pueblos hermosos y ciudades adelantadas. Todavía lo tiene todo; pero no lo podemos disfrutar, no podemos viajar porque no hay transporte, ni gasolina, los hoteles han cerrado, no hay turismo, ni dinero, el tiempo se ha detenido... con la dictadura que nos agobia, hace casi 25 años y con la pandemia del COVID19. Pidamos a Dios su ayuda.

Lamentablemente, no pude encontrar esos apuntes, sucede que cuando una necesita algo, lo busca y no lo encuentra, , , Yo, en ocasiones, me digo: “Me lo escondieron los duendes que hay en esta casa”.

Una amiga y vecina me dijo un día: “no vayas a escribir eso, pues los lectores van a creer que estás loca” Como yo sé que no lo estoy, voy a seguir con mi crónica y tener más cuidado y orden en mi biblioteca y que los duendes no me escondan los apuntes, los escritos, los ensayos y partes importantes hasta de trabajos de investigación.

Esta semana, me llegó un mensaje de Whatsapp de mi amiga Florentina, hablándome de sus hijos, en especial de Marco Antonio. El contenido me pareció tan bueno y tan sentido, que decidí enviarlo a Globedia.com, ya que ellos publican en sus blogs textos actuales, asertivos y emotivos que permiten a los lectores compenetrarse con las emociones y sentimientos humanos.

Más sobre

El texto se titula: “El Amor de una Madre” por Florentina Belandria

“La ilusión del primer hijo, se presenta en la vida de la pareja con una enorme descarga de sentimientos y emociones, mucho más en la madre, que lleva a ese ser dentro de su vientre...

Cuando nació mi hija Florimar, para mí, fue un momento grandioso. A los dos años, nació Marco Antonio, después Luz Alejandra y muchos años más tarde, Estefanía.

No hay nada que pueda compararse a la experiencia de ser madre. Yo, a Marco Antonio le decía que él era el relleno del sándwich, porque nació en medio de los tres primeros.

Ese niño era muy especial, le encantaba perseguir a las hormigas y a cualquier animalito que se arrastrara por el suelo. Cuando arribó a la edad preescolar, observé en él, que a medida que crecía, era atento y defensor de las personas mayores, a quienes le gustaba acercarse. Siempre tuvo un no sé qué diferente. Al paso de los años, disfruté de su crecimiento y de su originalidad.

Mi separación de su padre, puso marcas muy profundas, tanto en él como en sus hermanas, estados diferentes en cada uno de sus tiernos corazones. Todos conservaban la ternura e inocencia; pero al mismo tiempo, fueron definiendo sus caracteres y personalidades.

Marco Antonio fue siempre diferente, su picardía, su alegría, su seguridad y espontaneidad. Todos le querían, sobre todo, las muchachas. Muy joven, dejó su carrera, sin terminar para irse a Estados Unidos, donde vivió cinco años y, al final de ese período y animado por un amigo, emigró a España. A su arribo, vivió en Granada. Allí supo lo que significaba vivir en cuevas. Residió también en Barcelona y por último, en Tarazona. En cada lugar tenía sus amores y sus amistades, que iba cultivando a través del tiempo y del mundo.

Y esa fue la gran herencia que me dejó cuando se fue a Holanda.

En Tarazoan, que es una hermosa ciudad, vivimos juntos tres años. Yo vine desde Venezuela, con la intención de visitarlo y decidí quedarme. Reconozco que no es fácil cambiar de país, de amigos y de familia; pero no quería separarme de mi hijo, con el que hacía años que no convivía. Él me enseñó hermosos paisajes, costumbres y pueblos pintorescos, y en especial, las bellas amistades que había cultivado en estas tierras, con gran dedicación.

Nos sentimos cada día de poder unir nuestras vidas por un tiempo; pero él es un alma libre y su tiempo en la bella Tarazona había culminado. En septiembre de 2020 se fue a Holanda, en la búsqueda de nuevos horizontes y desde allí, estamos más unidos que nunca, la comunicación y el amor de madre a hijo, están más firmes cada día y yo, eternamente agradecida por las grandes lecciones de vida y por las amistades que heredé y que han sido mi fortaleza en el exilio. Hoy soy y seguiré siendo una mujer bendecida.


Sobre esta noticia

Autor:
Josefasuarez350 (74 noticias)
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